Actualizado Domingo,

julio

00:08En su informe sobre tendencias cient�ficas y tecnol�gicas para 2025-2045, la OTAN alerta de que la inteligencia artificial (IA) puede acelerar el deterioro de la confianza p�blica. El riesgo no se limita a la difusi�n de informaci�n falsa: la IA aumenta la velocidad, el alcance y la sofisticaci�n de las campa�as destinadas a desacreditar a gobiernos, instituciones cient�ficas y otras fuentes de autoridad. En un contexto de creciente polarizaci�n pol�tica, esta combinaci�n amenaza la capacidad de las sociedades para compartir hechos, referencias y una realidad com�n.El Instituto Nacional de Est�ndares y Tecnolog�a de Estados Unidos (NIST) tambi�n ha advertido de que la IA generativa permite crear contenidos realistas en pr�cticamente cualquier formato. Entre ellos se encuentran los llamados deepfakes: im�genes, audios o v�deos generados o manipulados mediante inteligencia artificial para hacer que una persona parezca decir o hacer algo que nunca ocurri�. Estos contenidos amenazan la transparencia y la credibilidad de la informaci�n digital.Pero �c�mo se crea exactamente un deepfake? En el intercambio facial, una red neuronal identifica los rasgos de un rostro y un modelo generador los reconstruye sobre los gestos y movimientos de otro v�deo, fotograma a fotograma.Los primeros sistemas utilizaban autoencoders y redes generativas adversarias (GAN). Los m�s recientes incorporan modelos de difusi�n, clonaci�n de voz y sincronizaci�n labial para crear v�deos cada vez m�s realistas. Hoy, el proceso es mucho m�s r�pido y accesible: una sola fotograf�a tomada de una red social puede bastar para generar en segundos una representaci�n hiperrealista de una persona. Seg�n estimaciones de la firma de ciberseguridad DeepStrike, el n�mero de deepfakes compartidos en l�nea habr�a pasado de unos 500.000 en 2023 a cerca de 8 millones en 2025.El cambio decisivo es que estos contenidos pueden producirse y difundirse a gran escala. La IA permite generar numerosas versiones de un mismo mensaje, traducirlas, adaptar su tono a p�blicos distintos y crear perfiles falsos capaces de mantener una identidad aparentemente coherente durante largos periodos.La IA tambi�n puede crear art�culos, comentarios y perfiles ficticios que parezcan respaldarlo. Despu�s, bots y cuentas falsas lo difunden de forma coordinada, haciendo que una narrativa inventada parezca una reacci�n social amplia y espont�nea.Un ejemplo se produjo dos d�as antes de las elecciones parlamentarias de Eslovaquia de 2023, cuando se difundi� un audio manipulado mediante IA. En �l parec�an conversar Michal �imeka, l�der del partido Eslovaquia Progresista, y la periodista Monika T�dov� para ama�ar las elecciones y comprar votos. El deepfake buscaba desacreditar al candidato y a la periodista, adem�s de sembrar dudas sobre la integridad del proceso electoral. Al aparecer durante el periodo de silencio electoral, tambi�n dificult� una respuesta r�pida. Aunque no se ha demostrado que determinara el resultado, mostr� c�mo la clonaci�n de voz puede erosionar la confianza en varias instituciones a la vez.La principal consecuencia no es solo el aumento de la informaci�n falsa, sino el debilitamiento de los mecanismos con los que una sociedad determina qu� es ver�dico. Un deepfake puede causar da�o incluso despu�s de haber sido desmentido: obliga a las instituciones a demostrar continuamente que sus propias comunicaciones son reales.Al mismo tiempo, la existencia de contenidos sint�ticos permite negar pruebas aut�nticas alegando que tambi�n podr�an haber sido generadas mediante inteligencia artificial. Es lo que se conoce como el "dividendo del mentiroso": cuanto m�s f�cil resulta falsificar una imagen o una voz, m�s sencillo resulta tambi�n desacreditar cualquier evidencia verdadera.Esta erosi�n va m�s all� de las redes sociales: puede afectar a unas elecciones, dificultar la respuesta ante una crisis y debilitar la capacidad de las instituciones para movilizar a la ciudadan�a. La confianza p�blica es una infraestructura invisible; cuando falla, tambi�n lo hace nuestra capacidad colectiva para decidir.No existe una �nica soluci�n. La detecci�n de deepfakes es necesaria, pero compite con modelos cada vez m�s sofisticados. La respuesta deber� combinar tecnolog�a, regulaci�n, educaci�n y fortaleza institucional.Ser� necesario crear herramientas que permitan verificar el origen de un contenido y comprobar si ha sido manipulado. Tambi�n habr� que proteger mejor las cuentas institucionales y responder con rapidez a las campa�as coordinadas. Las plataformas deber�n frenar la amplificaci�n artificial, mientras que gobiernos, medios e instituciones cient�ficas tendr�n que demostrar que sus mensajes son aut�nticos y actuar con transparencia.La IA no ha inventado la propaganda ni la desconfianza, pero ha reducido dr�sticamente el coste de explotarlas. El reto no consiste solo en detectar qu� contenido es falso, sino en preservar la capacidad de una sociedad para establecer hechos compartidos. *Elena Yndurain es directora ejecutiva, consejera independiente y profesora de Tecnolog�a en el IE Business School.