Sala VORLuis de la Fuente durante el partido de Espa�a - B�lgicaEFEActualizado S�bado,
julio
21:40Con esta semifinal a�adida a su curr�culo, Luis de la Fuente se ha colocado definitivamente en segundo lugar, tras Vicente del Bosque, en el escalaf�n de seleccionadores espa�oles. Dos apellidos compuestos y buc�licos. Una coincidencia. Una referencia. Una transferencia. �Una premonici�n? Nos recuerdan al d�o frutal en el Atleti, con Cerezo de presidente y Manzano de t�cnico.Del Bosque y De la Fuente son unas personas normales en virtud de su car�cter, devenidas especiales en raz�n de su cargo y �xitos. Y al igual que todos sus colegas, seres �nicos que gestionan en soledad y a la intemperie un colectivo numeroso de personalidades j�venes y fogosas.Los seleccionadores-entrenadores nacionales pertenecen a una categor�a peculiar de t�cnicos. Se responsabilizan ante el censo, no ante los socios. Sobre sus hombros recae una empresa de pa�s, no de club. Rinden cuentas a una bandera m�s que a una camiseta. Reportan a la ciudadan�a por encima de la hinchada. En calidad de responsables del "equipo de todos", pertenecen a la comunidad y se exponen al juicio p�blico.Contradictoriamente, muchos son extranjeros, como el de B�lgica, un franc�s llamado Rudi Garc�a, de abuelos almerienses. Se erigen en representantes, en embajadores de un pa�s que no es el suyo. Salvo alguna excepci�n que expresa as� su compromiso con el pagador, no cantan, serios o fieros, mirando al cielo, las estrofas de un himno ajeno, emblema sonoro de una sociedad temporalmente adoptiva.Tampoco cantan el himno propio los aficionados y los futbolistas de esta Espa�a nuestra, de esta Espa�a suya, la sola naci�n del Mundial con una partitura sin letra. M�sica hu�rfana. Notas desnudas. Compases huecos, expresi�n desoladora de un patriotismo sin l�rica ni �pica. Los aficionados se desga�itan rellenando el vac�o con onomatopeyas indignas de la solemnidad de la pieza. Los jugadores se desahogan con un grito explosivo: "�gooool!"."La Marcha Real", muda, se comi� a "La Brabanzona", blanda. Ahora aguarda, vibrante, "La Marsellesa". Espa�a ha ido dando hasta el momento pruebas de vida. Ahora viene una de fuego.
















