Es el único vuelo directo de Boston a Kansas el día 10 de julio. Las palabras de la agencia de viajes no pueden ser más categóricas. Vaya faena. Ese avión sale a las 16.10 horas de la costa Este de Estados Unidos, las diez en España. Y parte de cuajo por la mitad el encuentro de la selección española ante Bélgica. Sin embargo todos los viajeros que van a tomar el vuelo DL314 hacen el mismo cálculo. Primera parte en un restaurante del aeropuerto y la segunda mitad en el avión.¿Perdona?Los anuncios de la tripulación congelan el partido, como en la lesión de Courtois, pero no el gol de MerinoSí, en Estados Unidos los vuelos nacionales tienen pantallas en los asientos y cuentan con la opción de televisión en vivo.No hay más que hablar.Y así fue cómo se vivió, con intriga y emoción –y seguramente con un poco de delay– y a muchos pies de altura el pase de España a la semifinal del Mundial.Nadie se pierde el gol de Fabián Ruiz pero el empate de Bélgica, cerca del descanso, coincide con que hay que empezar a embarcar en la aeronave. Algunos lo alcanzan a ver de refilón, con un golpe de cuello. El paréntesis del medio tiempo es perfecto para subir y abrocharse el cinturón.“Lo siento”, le dice en un castellano algo macarrónico el pasajero de la fila 1 a una mujer mexicana que viste una camiseta de Cucurella con el dorsal 24.Lo cierto es que no hay casi españoles en el vuelo pero claramente la preferencia generalizada es que la roja avance. Eso se verá mejor después (spoiler). Hay ganas de fútbol y no hay tiempo que perder: activar la pantalla, buscar en el menú y poner la Fox.Cuando hay comunicaciones de la tripulación o del comandante, la imagen se congela. Y un anuncio coincide con que Courtois ha pedido asistencia médica. Cuando el partido vuelve, el portero ya es Lammens.Las luces de la cabina se han atenuado para el despegue y el brillo de las pantallas da un reflejo verde, el del césped. En cambio, el señor del asiento 23-D duerme plácidamente. A los ataques de España les siguen algunos gritos y uno se enfada cuando a Ferran y Lamine Yamal no les sale una pared. Pero el gol parece cerca y cuando Merino marca se rompe a aplaudir. El hombre del 19-A es el más efusivo y levanta los brazos y los agita. Es la hora de los nervios. “ Seven”, exclama alguien por el añadido. “Uuuuis” cuando regatean a Unai Simón y “uffffs” cuando Laporte corta. España aguanta. Se oye “bravo” y aplausos, pero no tantos com con el gol. Casi todos celebran que se haya clasificado España. O como ellos pronuncian Spain, Espagne, Spanien, Ispaniya, Iisbania...Periodista que cubre la información de Deportes en La Vanguardia desde 2006. Vibra con el fútbol y el ciclismo. Asiduo del Camp Nou, de Castalia y de los puertos del Tour