El 12 de junio de 2026, Google Cloud publicó el Open Knowledge Format (OKF), una especificación abierta que intenta resolver un problema que suena aburrido pero es carísimo: cómo darle a un agente de IA el contexto que necesita para no inventar. La propuesta es tan simple que da un poco de desconfianza —una carpeta de archivos Markdown con un encabezado YAML— y esa simpleza es, al mismo tiempo, su mayor virtud y el blanco de todas las críticas.

Vale la pena entender qué anuncian, porque detrás del formato aparentemente trivial hay una apuesta bastante ambiciosa sobre cómo van a compartir conocimiento las empresas en la era de los agentes.

El problema: el conocimiento vive en silos

En casi cualquier organización, lo que un modelo necesita saber está desparramado y encerrado en formatos incompatibles: catálogos de metadatos con APIs propietarias, wikis internas, comentarios de código, docstrings, celdas de notebooks y —el clásico— la cabeza de dos o tres ingenieros senior.

Cuando un agente tiene que responder algo tan concreto como "¿cómo calculo los usuarios activos semanales a partir del stream de eventos?", tiene que ensamblar la respuesta juntando pedacitos de superficies que no se hablan entre sí. El resultado: cada equipo que arma un agente resuelve el mismo rompecabezas desde cero, y el conocimiento queda preso del sistema que lo generó. No hay portabilidad.