ExplicativoEn 18 años han retornado vasijas, figuras y otras piezas que guardan fragmentos del pasado del país. EE. UU., el lugar del que más objetos han vuelto.En abril de 2026, un total de 174 objetos arqueológicos de varias culturas prehispánicas fueron repatriados desde Chile. Foto: Felipe Lozano. IcanhPERIODISTA11.07.2026 09:01 Actualizado: 11.07.2026 22:45
Figuras que representan a humanos y animales, vasijas y diversas herramientas de cocina, entre otros objetos, volvieron a Colombia en abril en uno de los más recientes retornos arqueológicos que ha realizado el país, cuando desde Chile fueron devueltas voluntariamente 174 piezas que desde hace más de 40 años habían salido de Colombia. Los objetos habían permanecido bajo custodia de la familia de Jaime Errázuriz Zañartu, quien trabajó como profesor de arquitectura de la Universidad del Valle (Cali) en 1955, luego vivió en Bogotá en 1973, y regresó a Chile en 1985.El retorno de este material es solo uno de los que en los últimos 18 años han coordinado las autoridades para traer de regreso objetos que resguardan partes invaluables de la memoria del país.La historia que cuentanDesde 2008 han retornado a Colombia 2.652 piezas que estaban en 17 países. Foto:Felipe Lozano. IcanhSegún datos del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh) conocidos por EL TIEMPO, desde 2008 han retornado a Colombia 2.652 piezas arqueológicas que estaban en 17 países. La gran mayoría ha regresado de Estados Unidos (791 piezas), España (692), Dinamarca (256), Italia (208) y Chile (174), aunque ha habido piezas que han llegado tan lejos como a Nueva Zelanda, a más de 12.000 kilómetros de distancia de Colombia.Si bien los registros del Icanh muestran que desde 2008 se han reportado repatriaciones, los esfuerzos de este tipo se han concentrado en la última década. Según la información oficial, durante el gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez un total de 68 piezas volvieron a Colombia, en los dos periodos de Juan Manuel Santos se sumaron 1.386, durante el mandato de Iván Duque regresaron 7 artículos, y en el cuatrienio del presidente Gustavo Petro —hasta mayo de este año— volvieron a Colombia 1.191 piezas.Las cifras son, en cualquier caso, un subregistro de los miles de artículos precoloniales que a lo largo de los años han salido del país, pues al ser traficadas por redes ilegales se dificulta la trazabilidad de su origen, ubicación actual, cronología y características principales, respondió el Icanh. Lo que sí se sabe es que en su mayoría los objetos traficados fuera del país corresponden a piezas cerámicas y de orfebrería, así como líticos, cuentas de collares e incluso restos óseos humanos. LEA TAMBIÉN Aunque materialmente parezcan solo artículos de barro o piedras viejas, estos objetos son fragmentos de la historia que permiten conocer más sobre la vida cotidiana, prácticas y organización de quienes hace siglos vivieron en lo que hoy se conoce como Colombia.La mayoría de los objetos traficados fuera de Colombia son figuras y vasijas. Foto:Felipe Lozano. IcanhPor eso, recuperar una pieza arqueológica no es solo recuperar un objeto. “Cuando esas piezas salieron del país no solo se llevaron cerámica o metalurgia, se llevaron la evidencia material de nuestra historia y la memoria tangible de nuestro territorio. Nos despojaron de las pruebas físicas sobre quiénes somos y de dónde venimos”, comentó Marina Vargas, directora del Museo Arqueológico de Zipaquirá y coordinadora de la Red de Museos de Cundinamarca.Y es que la historia de Colombia no comenzó cuando llegaron los españoles, y tampoco es cierto que quienes hace cientos de años habitaban el territorio fueran pueblos incultos.“Colombia tiene un problema de autoestima histórica. Durante siglos nos enseñaron que nuestra historia ‘empezaba’ con la llegada de los europeos, como si antes este territorio fuera un páramo sin civilización. La arqueología desmiente eso. Los pueblos que habitaron este territorio desarrollaron ingeniería hidráulica, calendarios astronómicos, redes comerciales que cruzaban todo el territorio nacional. Cuando un ciudadano común aprende eso, algo cambia en cómo se ve a sí mismo. Y un pueblo que se conoce mejor se respeta más”, añadió Vargas.Cuando las piezas son repatriadas, pasan por un proceso de valoración para evaluar su estado. Foto:Felipe Lozano. IcanhPor su parte, Alhena Caicedo, directora del Icanh, recalcó que las piezas recuperadas desde otras latitudes, así como los hallazgos arqueológicos a lo largo del país, pueden decirnos mucho sobre quiénes somos los colombianos y cuál es la historia —y las cicatrices— del país que habitamos y cómo hemos llegado hasta acá.Es de recordar que el actual territorio colombiano albergó a decenas de sociedades distintas; algunos ejemplos son las culturas muisca, en el altiplano cundiboyacense; tairona, en la Sierra Nevada de Santa Marta; San Agustín, en Huila; Quimbaya, en el Cauca Medio y el Eje Cafetero; Tumaco-La Tolita, en la costa Pacífica, y Calima, en Valle del Cauca, entre otras. LEA TAMBIÉN A lo largo de décadas, investigaciones han rebatido la idea de que fueran solo pueblos rudimentarios. Los muiscas, por ejemplo, eran expertos agricultores; los taironas desarrollaron obras de ingeniería, construyendo caminos y ciudades de piedra como Ciudad Perdida; la cultura San Agustín es mundialmente conocida por sus esculturas líticas, hoy resguardadas en el Parque Arqueológico de San Agustín, declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1995; y los quimbayas son considerados unos de los mejores orfebres de América, famosos por sus poporos y figuras antropomorfas. LEA TAMBIÉN Aunque los pueblos que habitaron Colombia antes de la Conquista no dejaron crónicas ni manuscritos, sí dejaron historia transmitida a través de tradición oral, petroglifos, pictografía y objetos. En ese sentido, una vasija precolonial no es solo un recipiente.“Cuando un alfarero decoraba una vasija con ciertos patrones geométricos, estaba registrando su cosmología, su forma de entender el tiempo y el universo. Lo que hoy llamamos ‘un plato’ es en realidad un documento. Y a diferencia de los documentos escritos, que siempre escriben los que tienen el poder, los objetos cotidianos nos cuentan la historia de la gente común. Eso es invaluable”, explicó la coordinadora de la Red de Museos de Cundinamarca.Los pueblos precoloniales dejaron su historia transmitida a través de objetos. Foto:Felipe Lozano. IcanhLa también directora del Museo Arqueológico de Zipaquirá, que alberga piezas de más de 20 culturas prehispánicas, agregó que encontrarse con la herencia arqueológica del país no es solo un acto de nostalgia. “Cuando un ciudadano observa los sistemas hidráulicos, las técnicas de orfebrería o la complejidad alfarera de nuestras sociedades prehispánicas, entiende que este territorio fue cuna de saberes ancestrales de altísimo nivel. Las piezas arqueológicas son la prueba física de que la adaptabilidad, la innovación y la resiliencia no son conceptos modernos, sino rasgos que llevan milenios impresos en este suelo. Aprendemos que somos herederos de ingenieros, astrónomos, artistas y líderes que supieron dialogar con su entorno”, afirmó.Las piezas arqueológicas son la prueba física de que la adaptabilidad, la innovación y la resiliencia no son conceptos modernos, sino rasgos que llevan milenios impresos en este sueloMarina VargasDirectora del Museo Arqueológico de ZipaquiráLa conservaciónPor todo esto, el retorno de piezas arqueológicas al país es un acto de restitución histórica y reparación simbólica, expuso la directora del Icanh. Si bien cuando esas piezas son sacadas de sus lugares originales se pierde información valiosa de su contexto, el hecho de que puedan retornar al país y estar a disposición del público permite que la ciudadanía conozca un poco más sobre “formas de manifestaciones simbólicas, rituales y la cotidianidad que se presentaron en el pasado prehispánico, algunas de las cuales, con transformaciones, siguen vigentes y constituyen las bases de nuestra identidad”, dijo Caicedo.Pero hay varios retos para que esa información llegue a más personas. Uno de ellos es la poca importancia que se le ha dado al estudio de la historia. Caicedo expuso que hace más de dos décadas el Gobierno determinó que la formación en historia en los colegios era prescindible, “esto nos ha traído una ignorancia de las nuevas generaciones sobre la historia del país y lo que implica, para no repetir errores del pasado. La historia es fundamental para saber quiénes somos y qué queremos para el futuro”, comentó.El patrimonio arqueológico es un bien colectivo de todos los colombianos. Foto:Felipe Lozano. IcanhOtra limitación es que en muchas ocasiones los museos que resguardan el patrimonio arqueológico tienen pocos recursos, en particular aquellos ubicados en regiones. Sobre esto, el Icanh señaló que si bien el presupuesto que destina el Estado al patrimonio cultural no es muy grande, tienen estímulos para apoyar las iniciativas de conservación, aunque el instituto añadió que esta responsabilidad no es solo del Gobierno Nacional, sino que las alcaldías y gobernaciones tienen la obligación de proteger el patrimonio arqueológico en sus territorios.Finalmente, las piezas muchas veces se quedan en colecciones o museos del interior del país, lo que dificulta que personas fuera de las grandes ciudades puedan acercarse a ellas. “Los muiscas habitaban esta sabana; los zenúes, el Caribe; las culturas calimas, el Valle, y los taironas, la Sierra Nevada. Ninguna de estas sociedades tuvo su epicentro donde hoy está Bogotá. Entonces, ¿por qué concentramos la narrativa arqueológica en la capital?”, cuestionó Vargas, enfatizando en la importancia de extender el conocimiento a otras zonas. LEA TAMBIÉN Si bien algunas piezas deben permanecer en determinados espacios para su adecuada conservación y protección, el Estado también ha venido trabajando en un esfuerzo por descentralizar el conocimiento, un ejemplo de ello es una sala de exposición recién abierta en Tumaco, Nariño, con varias de las piezas que han retornado a Colombia y que originalmente fueron sacadas de esa región. “El compromiso con el patrimonio arqueológico está encaminado a que la gente acceda a él y entienda de qué se trata”, comentó la directora del Icanh. A la par, el instituto también ha trabajado con algunas comunidades indígenas que han manifestado su interés de ser los custodios de algunos objetos ligados a la historia de sus culturas.De hecho, las piezas retornadas del exterior, tan pronto vuelven a Colombia, son evaluadas para diagnosticar sus conservación y luego pasan a integrar las colecciones arqueológicas del Icanh, que están en Bogotá, San Agustín, San José de Isnos, Santa María la Antigua del Darién, Tierradentro o Tumaco; pero si un museo, centro de investigación o universidad de otras regiones, por ejemplo, desean custodiar esos bienes y cumplen con condiciones de seguridad y espacio, entre otras, pueden solicitar ser sus tenedores.El patrimonio arqueológico es, después de todo, un bien colectivo de todos los colombianos y conocerlo es el primer paso para defenderlo. “Al acercar al público general a estos vestigios, estamos formando ciudadanos conscientes, capaces de exigir la protección de sus territorios frente a las amenazas que destruyen nuestra memoria. Conocer nuestra herencia arqueológica nos enseña que no venimos de la nada; nos da el piso ético y cultural para pararnos con dignidad ante el mundo y decir: ‘Esto somos, de aquí venimos y este es el futuro que tenemos el derecho de construir’ ”, concluyó Marina Vargas, directora del Museo Arqueológico de Zipaquirá.MARÍA ISABEL ORTIZ FONNEGRA Redacción DomingoEn X: @MIOF_ marfon@eltiempo.com Sigue toda la información de Justicia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.











