Fotografía cedida por la Cancillería de Colombia que muestra a personas observando piezas arqueológicas de origen precolombino en Santiago (Chile). Foto: EFE - Cancillería de ColombiaResume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00Una pieza arqueológica es, ante todo, un fragmento de memoria que tiene significados políticos, espirituales y afectivos. Más allá de su materialidad, nos habla de los vínculos que desarrollaron pueblos y civilizaciones antiguas con el entorno natural y social, con las historias de sus mayores y con sus territorios sagrados ubicados en lo que hoy conocemos como Colombia, pero que, antes de la Conquista, tuvieron otros nombres. Por esto y por más razones, las piezas arqueológicas son invaluables, y su devolución nos suscita más preguntas que respuestas: ¿A quiénes pertenecen realmente? ¿Qué historias guardan? ¿Qué representan para los pueblos originarios? ¿Significan lo mismo que para el Estado? ¿Qué entendemos por identidad, por soberanía? Aunque las respuestas son complejas, sabemos que los pueblos ancestrales jamás hablarían de piezas arqueológicas, sino de seres, de abuelos, de semillas, en suma, de memorias. Esto nos interpela respecto de la forma en que el Estado concibe el patrimonio cultural y su retorno. También nos cuestiona sobre los actos oficiales que se realizan cuando el Estado recibe esas piezas. Además de tener un componente político, que es importante, deberían concebirse desde la ritualidad y la espiritualidad, donde se honre y se reconozca a los pueblos y las culturas que las crearon. En el caso de la colección que los Errázuriz Cox heredaron de su padre tras años de vivir y trabajar en Colombia, y de amar a nuestro país, la devolución voluntaria desde Santiago de Chile deja varias reflexiones. Le sugerimos: El primer documental dirigido por C. Tangana llega a Colombia: así puede verloPor un lado, el proceso mostró el fortalecimiento y la coordinación de las instituciones colombianas para garantizar el retorno del patrimonio cultural. Me refiero al Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), MinExteriores con sus embajadas y consulados, el Minculturas y el Departamento Administrativo de la Presidencia (DAPRE). En estos cuatro años de gobierno, Colombia ha repatriado 1194 piezas arqueológicas, todo un hito en el retorno de bienes culturales al país. Referente al caso de la familia Errázuriz Cox, luego de la comunicación inicial, se activaron los protocolos, entre ellos el peritaje técnico realizado por el ICANH, que determinó que los bienes sí hacían parte del patrimonio arqueológico de la nación. A continuación, se adelantó la coordinación entre la familia, la Embajada de Colombia en Chile, MinExteriores y Minculturas, posibilitando las condiciones adecuadas de manejo, conservación y registro para el traslado de los bienes. Una profesional en conservación y restauración de MinExteriores se desplazó a la capital chilena para ofrecer acompañamiento técnico en el inventario, la manipulación y el embalaje de las piezas. El retorno se realizó mediante valija diplomática bajo estrictas condiciones de seguridad. Este traslado fue custodiado por el embajador de Colombia en Chile, Sebastián Camilo Guanumen Parra, hasta el arribo de la colección al país. Como resultado de este esfuerzo interinstitucional, Colombia recibió en perfecto estado los 174 bienes arqueológicos, pertenecientes a culturas precolombinas de Tumaco, Nariño, San Agustín y Tayrona. Entendiendo que es deber del Estado custodiar, investigar, preservar y divulgar este patrimonio, y que la ciudadanía tiene derecho a apreciar, aprender y hacerse preguntas sobre la identidad, la proveniencia y la historia de estos bienes patrimoniales, el Minculturas, a través del ICANH, decidió que, una vez se hagan los estudios específicos, exhibirá algunas piezas en el Museo La Tolita, en Tumaco (Nariño). Las acciones de repatriación y divulgación del patrimonio cultural se enmarcan en el reciente fortalecimiento de la acción diplomática de nuestro país. A través de las gestiones de nuestra embajada ante la UNESCO se logró que, por primera vez en la historia, Colombia sea miembro del Comité Subsidiario de la Convención de 1970, fundamental en la lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales, y que presida el Comité Intergubernamental para Promover el Retorno de Bienes Culturales a sus Países de Origen o su Restitución en Caso de Apropiación Ilícita (ICPRCP por sus siglas en inglés). La participación en estos espacios desde 2025 ha posibilitado que nuestro país esté involucrado en la toma de decisiones estratégicas globales en materia de gestión del patrimonio cultural. De igual forma, durante estos cuatro años, las misiones diplomáticas se han ido convirtiendo en actores estratégicos que han mediado, como nunca antes, en los procesos de identificación, recuperación y protección de los bienes arqueológicos en el exterior. Le sugerimos: Mamá e hija conversan sobre el progresismo, una invitaciónEn este contexto de gestión y puesta en valor de los patrimonios de la nación, es clave que más coleccionistas sigan el ejemplo de la familia Errázuriz Cox y apoyen al Estado en el inmenso esfuerzo por recuperar lo que aún está fuera del país. Ello nos permitirá seguir reflexionando sobre la deuda que apenas hemos empezado a saldar con los ancestros de los pueblos originarios que crearon estas piezas y con sus historias, que vienen de mucho antes de la Conquista. El retorno, la repatriación y la rematriación, es decir, el retorno de las piezas a los pueblos de donde fueron sacadas, es una clara señal al mundo de que Colombia defiende, con instituciones fortalecidas y una diplomacia activa, el derecho inalienable de los pueblos a su memoria y a su legado. No podemos perder este impulso. *​Viceministra de los patrimonios, las memorias y gobernanza cultural. 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