Bajad las armasLos productores desconfiaron de aquella aspereza, a medio camino entre la violencia del serrucho y el murmullo de la lija. No parec�a la mejor herramienta para acceder al coraz�n de las masasBonnie Tyler, en un concierto en Montreux (Suiza), en 1984.REDFEMS / GETTYActualizado Viernes,

julio

23:42Audio generado con IADijeron de ella que ten�a la voz de vidrio molido, porque cantaba como si estuviera masticando cristales, pero no siempre la tuvo as�. El momento m�s importante en la carrera musical de Bonnie Tyler, la metamorfosis vocal que la catapultar�a a un �xito improbable, coincidi� con el m�s reservado de los pron�sticos m�dicos. Ya hab�a lanzado un par de singles prometedores cuando not� ciertas molestias en la garganta. Le encontraron unos n�dulos y decidi� pasar por quir�fano. Pero la operaci�n quir�rgica a la que se someti� a finales de los setenta para que se los extirparan aconsejaba mutismo absoluto durante seis semanas. Y eso era demasiado tiempo para una galesa dicharachera que nunca supo escatimar sus emociones. Todos sabemos que los m�dicos exageran para curarse en salud; al menos algo as� debi� de pensar la buena de Bonnie. Cuentan que uno de esos tediosos d�as de postoperatorio, hart�sima de su propio silencio, peg� un grito liberador. Sus cuerdas vocales no hab�an cicatrizado todav�a y aquel esfuerzo las alter� para siempre. Algo se rasg� ah� dentro, una delicada membrana en formaci�n que ya nunca se formar�a. Se cur�, pero mal curada. Por fortuna. Al principio los productores desconfiaron de aquella aspereza, a medio camino entre la violencia del serrucho y el murmullo de la lija. En el umbral de los felices ochenta no parec�a la mejor herramienta para acceder al coraz�n de las masas, que es bastante m�s esquivo de lo que parece. La propia Tyler, tozuda desde ni�a, dud� al entrar en el estudio de grabaci�n: "�Dios m�o, suena mucho m�s ronca que antes!". Los profetas del desastre -que nunca faltan alrededor de una voluntad decidida- le recomendaron que se buscase otro oficio. Persever�, y en 1978 grab� It's a heartache. Al parecer fue un pelotazo en la Espa�a de la Transici�n, granje�ndole un p�blico fiel al que la artista ha correspondido durante d�cadas actuando en todas nuestras ciudades. Despu�s vendr�an Total eclipse of the heart y Holding out for a hero. Mil millones de reproducciones en Spotify acumulaba la balada m�s emblem�tica de Bonnie Tyler el jueves fat�dico en que la cirug�a intestinal se le complic� definitivamente en un hospital portugu�s. Supongo que para una estrella del pop-rock, la cifra de mil millones da la medida exacta de la gloria. Puede que careciera del glamour urbano de Cindy Lauper o de la potencia teatral de Tina Turner, pero esa peculiar mezcla de �mpetu y quebranto que siempre atrae a la gente sonaba en ella m�s natural que en otros. Precisamente porque nadie hab�a exhibido una voz como esa desde la Joplin, que se dirig�a a un mundo mucho menos resabiado. Bonnie Tyler conquist� los ochenta encaramada a algo invisible pero notorio que podr�amos denominar autenticidad de clase, ese pedigr� inverso -m�s moral que econ�mico- que hoy tantos esgrimen y tan pocos acreditan. En su caso, la credencial proletaria emanaba directamente de una cuenca minera. Se llamaba Gaynor Hopkins y hab�a nacido al sur de Gales hace 75 a�os. Era la cuarta de seis hermanos, hija de un minero y una ama de casa que criaron a su prole en una vivienda de protecci�n oficial. Es la clase de crianza que imprime car�cter. La clase de car�cter que produce un desgarro en las cuerdas vocales por una culpable incapacidad de estarse callada. La clase de car�cter que permite superar el medio siglo de matrimonio con el primer novio que tuvo, Robert Sullivan. Su �ltimo trabajo, de 2021, se titula The best is yet to come. Y efectivamente, ten�a programado un concierto en Alemania. Morirse antes de sentir la menor tentaci�n de bajarse del escenario tambi�n es cuesti�n de car�cter. En casa escuch�bamos mucho a la Tyler porque mi madre ama las voces rasgadas. De Rod Stewart a Kenny Rogers pasando por el propio Springsteen, que por cierto puso al bater�a y al teclista de la E Street Band al servicio del eclipse total de coraz�n de la galesa, que ha muerto sin cumplir su sue�o de cantar junto al Boss. Habr�a sido todo un espect�culo. Una onda de energ�a capaz de quebrar las ventanas de todos nuestros cuartos de ni�os ochenteros. No sabemos qu� har� la IA con la m�sica popular. Es posible que pronto nos ofrezca el remedo perfecto de todas las texturas posibles de la voz humana. Incluso crear� algunas nuevas, perfectamente artificiales. Lo que no podr� hacer nunca la IA es emocionarnos con su manera desgarradora de desobedecer a los m�dicos.