Nos ha dejado la mujer que, a finales de los setenta, logró que una de sus canciones sonara en todas las radios, en todas las fiestas y fuese la favorita de miles de ciudadanos británicos que en nuestro país soñaban con su juventud perdida, mientras su mirada intentaba llegar al mar a través de una pinta de cerveza. Recuerdo que la primera vez que escuché It's a Heartache (1977) pensé que Rod Stewart tenía un nuevo sencillo de éxito; luego descubrí que se trataba de una chica y me sorprendió su intensidad y la facilidad con la que podía convertir una sencilla canción en una fuente de nostalgia. Tuvo pocas canciones triunfales, pero cuando dio en la diana, consolidó romances, iluminó veranos y llenó pistas de baile cuando llegaban las lentas. Nacida Gaynor Hopkins en Neath, Gales, U.K., en 1951, nuestra protagonista era hija de un minero y de una mujer que amaba la ópera y participaba en el coro de la ciudad. Pronto también ella sintió la llamada de la música y, tras dejar los estudios y su trabajo de cajera en unos supermercados, comenzó a participar en concursos, influida por Janis Joplin y Tina Turner, y a colaborar con grupos locales para actuar en pubs y clubs de la zona. A mediados de la década de los 70, su vida cambia cuando es llamada a Londres para firmar un contrato con la RCA y decide adoptar el nombre de Bonnie Tyler, que ya no abandonaría. Su camino a la fama estaba listo, pero antes debería pasar por el quirófano. Bonnie Tyler, en 2011 durante un concierto en Polonia. EFE/ADAM WARZAWA En la promoción de uno de sus primeros sencillos, Bonnie notó que su voz cambiaba. El motivo fueron unos nódulos que hubo que extirpar y que fueron la causa, tras un postoperatorio poco cuidadoso, de que el sonido arenoso de sus cuerdas vocales se convirtiera ya en marca de la casa. Todo estaba listo para las escalada y esta se produjo en 1977 con It's a Heartache, un tema compuesto por Ronnie Scott y Steve Wolfe que llegó al número 3 en Estados Unidos y al 4 en Gran Bretaña; mientras que era número 1 en numerosos países, entre ellos Australia, Francia y España, y vendía más de 6 millones de copias en todo el mundo. Posteriormente, apareció el álbum Natural Force que consolidó los magníficos resultados de los sencillos que lo precedieron. Bonnie siguió trabajando y actuando, pero los resultados no fueron los mismos y los críticos ya empezaron a definirla como "one hit wonder", o lo que es lo mismo: una artista de un solo éxito. Mujer decidida, ella responsabilizó a su compañía, cruzó el Atlántico y buscó la salvación. La encontró en Jim Steinman, un compositor y productor neoyorquino, visionario y grandilocuente, que había roto el mercado en 1977 con el primer trabajo de Meat Loaf y necesitaba nueva sangre para la máquina. Bonnie le buscó, le encontró y fichó por CBS. Todo estaba preparado para el periodo más triunfal de Bonnie Tyler. El productor repitió el equipo que le garantizaba el resultado, fichó a dos miembros de la E Street Band de Springsteen, Roy Bittan al piano y Max Weinberg a la batería, y él mismo escribió el primer sencillo: Total Eclipse of the Heart: una superproducción que en 1983 llevó a la Tyler a una cumbre que nunca repetiría, al alcanzar el número 1 en Gran Bretaña y Estados Unidos y vender 8 millones de copias en todo el mundo. El álbum que incluía este tema, Faster than the Speed of Night, publicado el mismo año, repitió numero 1 en el Reino Unido y consiguió dos nominaciones a los Premios Grammy de 1984. La pareja Tyler-Steinman continuó en 1986 con un segundo larga duración y el que puede considerarse el último clásico de Bonnie, el sencillo Holding out for a Hero, que también tuvo una buena repercusión, aunque no admitiera comparaciones con sus ilustres predecesores. Tocaba ya mantenerse sin grandes ambiciones. Ella lo hizo trabajando más en Europa y editando periódicas recopilaciones que prolongaban sus días de gloria. También tuvo tiempo de representar a su país en Eurovision (puesto 19 en 2013), de interpretar el Circle of Life del Rey León, de grabar en Nashville y de hacer un dueto con Rod Stewart. Su último disco de estudio llegó en 2021. Bonnie Tyler interpreta 'Believe in me' durante su actuación en el concurso de Eurovisión de 2013. EFE/JESSICA GOW Casada con Robert Sullivan en 1973, tuvo domicilios en Gales y Portugal y participó en varios festivales benéficos, y en asociaciones de protección de la infancia y de animales abandonados. En el momento del adiós, hay que atribuirle el mérito de ser una de las escasas artistas que tuvo una voz identificable desde el primer momento de la escucha y de haber conseguido formar parte de la memoria sentimental de millones de personas repartidas por todo el mundo. Nos ha dejado la mujer que, a finales de los setenta, logró que una de sus canciones sonara en todas las radios, en todas las fiestas y fuese la favorita de miles de ciudadanos británicos que en nuestro país soñaban con su juventud perdida, mientras su mirada intentaba llegar al mar a través de una pinta de cerveza. Recuerdo que la primera vez que escuché It's a Heartache (1977) pensé que Rod Stewart tenía un nuevo sencillo de éxito; luego descubrí que se trataba de una chica y me sorprendió su intensidad y la facilidad con la que podía convertir una sencilla canción en una fuente de nostalgia. Tuvo pocas canciones triunfales, pero cuando dio en la diana, consolidó romances, iluminó veranos y llenó pistas de baile cuando llegaban las lentas.