Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.Ilustración: Composición GEC Antaño, la proximidad de las Fiestas Patrias hacía soñar a los niños con los circos y a los políticos, con fajines. En lo que concierne a los chicos, eso ha cambiado mucho. Trate usted de convencer a un muchacho de dejar tranquilo su celular para ir a ver los tortazos de unos payasos chilenos bajo alguna carpa levantada en un arenal del cono norte y podrá comprobarlo. En lo que respecta a los adultos con inclinación por el protagonismo público, sin embargo, la cosa se mantiene intacta. De ahí las colas que se forman delante del local en donde despacha la presidente electa, Keiko Fujimori. De ahí, también, la gran excitación que se percibe en estos días en el entorno de ciertos candidatos que no tuvieron suerte en las ánforas. Hay que decir, por supuesto, que a estos últimos nadie podría culparlos por ese apetito. Se pasaron meses imaginando un futuro de pompa y protocolo, y de pronto un ‘flash’ electoral los trajo malamente a tierra. ¿No resulta humano entonces su afán por hacerse aunque sea de una dosis de poder más modesta?Conforme a los criterios deTipo de trabajo: OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.
Excelentísimos señores pitufos
Antaño, la proximidad de las Fiestas Patrias hacía soñar a los niños con los circos y a los políticos, con fajines. En lo que concierne a los chicos, eso ha cambiado mucho. Trate usted de convencer a un muchacho de dejar tranquilo su celular para ir a ver los tortazos de unos payasos chilenos bajo alguna carpa levantada en un arenal del cono norte y podrá comprobarlo. En lo que respecta a los adultos con inclinación por el protagonismo público, sin embargo, la cosa se mantiene intacta. De ahí las colas que se forman delante del local en donde despacha la presidente electa, Keiko Fujimori. De ahí, también, la gran excitación que se percibe en estos días en el entorno de ciertos candidatos que no tuvieron suerte en las ánforas. Hay que decir, por supuesto, que a estos últimos nadie podría culparlos por ese apetito. Se pasaron meses imaginando un futuro de pompa y protocolo, y de pronto un ‘flash’ electoral los trajo malamente a tierra. ¿No resulta humano entonces su afán por hacerse aunque sea de una dosis de poder más modesta?






