"La reducción de la población en Ucrania no es un caso único. Lo que sí lo es es la situación extrema en la que se encuentra el país", explica Oleksander Gladun, del Instituto Ptoukha de Demografía y Estudios Sociales de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania. Mientras que los pronósticos tradicionales de las Naciones Unidas situaban el inicio del declive global en el año 2084, los modelos de nuevos expertos adelantan ese punto de inflexión a 2055. Este fenómeno es conocido como "transición demográfica" y afecta a gran parte del planeta, pero adquiere un tinte dramático en Europa del Este. "La disminución de la población mundial está prevista para comenzar décadas antes de lo que se esperaba", advierte el periodista Marc Novicoff en The Atlantic. La realidad es que Ucrania arrastra una crisis demográfica severa que la invasión rusa ha terminado por dinamitar, convirtiéndose en "la mayor amenaza del país después de la guerra", tal y como titulaba el diario Kyiv Independent. A esta situación se le suma un impacto colateral silencioso. Según detalla Gladun, "la mortalidad también aumenta en la sociedad civil debido al empeoramiento de las enfermedades crónicas, el estrés y la incapacidad de recibir atención médica oportuna". En paralelo, las cunas se vacían: "La gente pospone la decisión de tener hijos". Las estadísticas oficiales reflejan la magnitud de este colapso. Datos del Ministerio de Justicia de Ucrania revelan que en 2024 el país registró 495.090 fallecimientos, una cifra que triplica ampliamente el número de nacimientos en el mismo período. Aunque el presidente Volodymyr Zelensky cifró oficialmente en 55.000 las bajas militares (entre soldados de carrera y reclutas) desde febrero de 2022, la comunidad internacional considera que este dato está muy por debajo de la realidad. De hecho, analistas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), con sede en Washington, estiman que las muertes en las filas ucranianas oscilan entre las 100.000 y las 140.000, frente a un desgaste aún mayor en el ejército ruso, cuyas bajas estiman entre 275.000 y 325.000 soldados. El problema aún sin trincheras El declive demográfico de Ucrania no es un fenómeno reciente, aunque el conflicto actual lo ha agravado de forma drástica. "La población de Ucrania ha estado disminuyendo desde 1993. La guerra ha acelerado enormemente este proceso", advierte Gladun, quien anticipa que la tendencia a la baja continuará, aunque matiza que "el ritmo de esta disminución dependerá del año y de las condiciones bajo las cuales termine la guerra". Desde que obtuvo su independencia de la Unión Soviética en 1991, el país ha perdido prácticamente a la mitad de sus habitantes. Mientras que a finales de aquel año la población ascendía a 51,7 millones de personas, el escenario actual es radicalmente distinto: "Según mi estimación, la población del territorio controlado por el gobierno de Ucrania era de aproximadamente 28 millones de personas a principios de 2026". De mantenerse esta tendencia, las proyecciones de las Naciones Unidas —recogidas por el diario Ukrainska Pravda— estiman que el número de habitantes podría desplomarse hasta los 15,3 millones para el año 2100. No obstante, Gladun insiste en que estas alarmantes cifras deben analizarse con cautela y ponerse en contexto. "En primer lugar, el territorio actualmente bajo control del gobierno es aproximadamente un 20% más pequeño que en 1991", explica el experto. A esto se suma la falta de registros fiables en las zonas en conflicto, lo que impide a los demógrafos disponer de censos actualizados y "dar cifras exactas" sobre la población real que permanece en el país. El dilema del retorno "La decisión de regresar estará influenciada por toda una serie de factores: la disponibilidad de vivienda en Ucrania, las oportunidades de empleo, la infraestructura social para los niños, etc." La gente comparará lo que tiene en su país de acogida con las oportunidades en Ucrania. El grado de adaptación al nuevo país también jugará un papel," explica Oleksander Gladun. Y, por supuesto, un factor clave es cómo y en qué condiciones terminará la guerra. "Hace dos años, una encuesta mostró que un 25% más de personas regresarán si la guerra terminara dentro de las fronteras de 1991 que si terminara a lo largo de la línea del frente actual". Es una opinión ampliamente aceptada "que si la guerra termina en la línea del frente, la Federación Rusa la reanudará en unos años" asegura Gladun. De los ciudadanos ucranianos en el extranjero, el 66% está en edad de trabajar (18-65 años). Los jóvenes (menores de 35 años) representan más de la mitad de los refugiados ucranianos (56%). Sin embargo, según los datos del CES, también son el segmento demográfico que estará menos inclinado a regresar. Así, el futuro demográfico de Ucrania se enfrenta a un desafío estructural en el que la edad juega un papel determinante. "Actualmente, vemos que los jóvenes menores de 35 años tienen muchas menos probabilidades de regresar a Ucrania que las personas mayores, especialmente aquellas de más de 50 años", explica Iryna Ippolitova, investigadora del Centro de Estrategia Económica (CES). Detrás de esta tendencia se esconden factores como una mayor facilidad de integración en las naciones de acogida, mejores perspectivas laborales y salariales, y, de forma prioritaria, la seguridad. Para esta generación, el retorno está sujeto a condiciones estrictas: la mayoría solo contemplaría volver si se logra un fin total de la guerra y se reanudan los vuelos civiles, mientras que un escenario de conflicto congelado desincentivaría por completo el regreso. Vitaly (nombre ficticio) encarna a la perfección esta realidad. A sus 19 años, y tras llevar dos residiendo en Francia, este joven originario del sur de Ucrania recuerda cómo tuvo que desplazarse al oeste de su país al estallar el conflicto, perdiendo la beca de estudios que tenía planeada. Tras sopesar destinos como Polonia o la República Checa, optó por territorio francés motivado por la ambición de aspirar a "algo más grande". Actualmente, Vitaly compagina empleos en la construcción y como asistente de ventas con el objetivo de matricularse en Ingeniería el próximo mes de septiembre. Representa a toda una oleada de jóvenes que, tras un proceso de adaptación sumamente complejo, priorizan no desperdiciar el esfuerzo realizado. "Me gustaría quedarme aquí; ya he aprendido francés, he trabajado duro y quiero ir a la universidad", afirma. Aunque confiesa que extraña su hogar, a su familia y su entorno, volver no figura en sus planes a corto plazo. Una postura que comparte Antonina, una joven de 27 años originaria de Járkov que reside en Italia junto a su madre desde 2022 y que actualmente cursa un máster en Estudios Europeos e Internacionales. Para ella, el factor económico y la incertidumbre bélica son barreras infranqueables. "Diría que volvería si tuviera la suerte de encontrar un buen trabajo bien remunerado en Ucrania. Pero en este momento, la economía del país se ha deteriorado", señala. A ello se suma la inestabilidad de un conflicto sin un final claro: "No sabemos si estamos al principio o justo en medio de ello. No quiero poner mi vida en pausa. Creo que lo correcto es empezar mi carrera, y quizás tenga éxito, quizás conozca a mi pareja y forme una familia". TE PUEDE INTERESAR En el plano legal, la situación de millones de refugiados depende directamente de la directiva de "protección temporal" de la Unión Europea, un estatus especial aprobado en marzo de 2022 que les otorga el derecho a estudiar, trabajar y acceder a la sanidad pública, y cuya vigencia está fijada hasta marzo de 2027. A pesar de la estabilidad que brinda esta medida, existe una creciente incertidumbre sobre qué políticas adoptarán los países miembros de la UE una vez que venza dicho plazo. El debate político ya ha comenzado a endurecerse en algunas potencias de la región; por ejemplo, el canciller alemán, Friedrich Merz, ha reiterado su intención de limitar el número de hombres ucranianos que solicitan asilo. El objetivo de estas propuestas de retorno asistido es facilitar el regreso de los refugiados a sus hogares para que, según sus propias palabras, "puedan ayudar a su propio país". La adhesión ¿facilidad o impedimento? En este sentido, el reto demográfico ucraniano pasa por el condicional de la adhesión. "Aún es difícil predecir claramente los efectos de la adhesión de Ucrania a la UE", admite Iryna Ippolitova, investigadora del Centro de Estrategia Económica (CES). Aunque la experiencia histórica de los países de Europa Central apunta a que una parte de la población podría emigrar al obtener el derecho a trabajar legalmente en territorio comunitario, la libertad de movimiento también podría funcionar a la inversa. Según Ippolitova, esta apertura legal podría "animar a algunos migrantes a regresar y apoyar la migración circular entre los ucranianos que actualmente no consideran regresar porque temen perder su derecho a trabajar y vivir en la UE". De igual modo, el país podría convertirse en un polo de atracción para profesionales comunitarios durante la posterior fase de reconstrucción. Por su parte, el demógrafo Oleksander Gladun coincide en que una futura integración no tendría por qué desencadenar un éxodo masivo, argumentando que la mano de obra ucraniana ya se encontraba parcialmente integrada en el mercado europeo antes del conflicto. "Para finales de 2021, 1,6 millones de ucranianos tenían permisos de residencia en países de la UE, de los cuales 900.000 estaban allí por motivos laborales", recuerda el experto. Este artículo es parte del resultado de una colaboración periodística transfronteriza europea dentro del proyecto EU NEIGHBOURS east.