El ministro de Hacienda, en entrevista con este medio, entregó una visión particularmente auspiciosa para los meses que siguen. El secretario de Estado descartó de plano que se vaya a producir una “recesión técnica” -dicho temor se instaló luego de que la economía ha estado cinco meses consecutivos en terreno negativo-, asegurando que en junio habrá un repunte -mencionó que será un “punto de inflexión”-, ello en función de que se viene observando una mayor recaudación de IVA, a lo que caben agregar los positivos efectos que a su juicio tendrá la Ley de Reconstrucción en caso de que logre aprobarse en el Congreso, cuyos efectos de corto plazo sobre todo se sentirán en el sector construcción. “Aquí va a haber un antes y un después de la ley”, aseguró. También desdramatizó el cuadro de alto desempleo que se vive en el país. “Lo que va a permitir una rápida recuperación del empleo es la recuperación de la construcción (…) Y por eso este sector es una prioridad absoluta que se va a notar en el segundo semestre. No hay ningún programa de empleo ad hoc que vaya a resolver el problema de empleo. Este problema se resuelve, primero, con crecimiento y con inversión”.El optimista diagnóstico del ministro de Hacienda contrasta de manera evidente con los diagnósticos que a su vez ha entregado el Presidente de la República, quien hace solo unos días señaló que el segundo semestre será especialmente complejo en materia de crecimiento y sobre todo empleo, haciendo un llamado a los empresarios para contratar trabajadores o que eviten despidos en este período, haciendo alusión a razones patrióticas. El mismo Mandatario ha instalado el concepto de “emergencia laboral”, y ayer lanzó la campaña “modo empleo”, donde invitó “a las municipalidades, gobernadores, a las grandes empresas y Pymes, que son las que más empleo generan, a activar el modo empleo”, comprometiendo el respaldo del gobierno para crear más trabajo.“Hoy, el empleo deja de ser tarea de un solo ministerio y pasa a ser la prioridad de todo el país”, señaló.Son dos visiones aparentemente contradictorias, lo que ha llevado a distintas voces a preguntarse cómo fue posible que comunicacionalmente hubiese tal falta de coordinación entre el jefe de Estado y su ministro de Hacienda, además de levantar la legítima interrogante de cuál de las dos visiones es la que verdaderamente representa el diagnóstico que el propio gobierno tiene sobre el estado de la economía y el empleo. Aunque en apariencia parecen ser posturas que no conversan entre sí, lo cierto es que el Presidente y el ministro se están dirigiendo a públicos distintos, y bien podrían a su vez estar persiguiendo objetivos diferentes -pero complementarios-, lo que requiere discursos diferenciadores. En el caso del Mandatario, ante todo se está dirigiendo al ciudadano común, para el cual resulta evidente que las cifras disponibles en este momento dan cuenta de una situación complicada tanto en materia de empleo como en la situación económica de las familias, a las que les cuesta llegar a fin de mes. Es explicable que el jefe de Estado busque empatizar con esa realidad y formule un diagnóstico con crudeza, haciendo un llamado a que todos deben contribuir a la tarea de fortalecer el empleo. Resultaría extraño que ante el apremio que viven cientos de miles de familias, el Presidente omitiera esta realidad y en cambio buscara solo transmitir optimismo, lo que muchos leerían como una suerte de tomadura de pelo.El ministro de Hacienda, en cambio, está apelando a un público más especializado, poniendo la mirada en el mediano y largo plazo, donde sin desconocer lo difícil del momento actual, el énfasis está puesto en las mejores perspectivas que a juicio de la autoridad es posible anticipar, gracias al tren de inversiones que viene en camino y a los positivos efectos que tendría la Ley de Reconstrucción en una serie de ámbitos. No debe sorprender que esta sea la mirada que, de hecho, las autoridades transmiten a los inversionistas en las giras internacionales, apelando a las mejores expectativas futuras antes que a la coyuntura del momento. Es un hecho que las empresas, cuando evalúan sus proyectos futuros, las variables que sobre todo miran son la tasa tributaria que les regirá, los costos labores y la estabilidad del marco jurídico, entre otros, pero no el desempleo o el crecimiento puntual. Por eso no debería sorprender que los diagnósticos del secretario de Estado -o los que hace el canciller en sus giras al exterior- apunten más a ese público, proyectando sobre todo optimismo.Posiblemente hay también razones de orden político que han llevado al Mandatario a enfatizar la apremiante realidad de corto plazo en materia de crecimiento y empleo, porque ello permite visualizar mejor lo necesario que resulta avanzar hacia cambios estructurales que permitan un punto de inflexión, lo que contribuye a generar más presión para que la Ley de Reconstrucción -probablemente la iniciativa más emblemática de esta administración- sea aprobada cuanto antes por el Congreso. Es fácil advertir que en la medida que el gobierno logre instalar comunicacionalmente que es urgente volver a crecer y que la única forma de lograrlo es a través de esta ley, el Presidente buscará que si la norma finalmente no logra ser aprobada el costo político de ello se lo lleve fundamentalmente la oposición, lo que es funcional a los objetivos que persigue La Moneda.