Allá por enero, Mikel Merino se fracturó el pie derecho. No fue debido a un pisotón de un rival o a un exceso de fuerza al ir a trabar una pelota. Según los médicos fue culpa del estrés. Lo cierto es que lo operaron un mes más tarde. En ese momento supo que su temporada en el Arsenal se había terminado, pero se negó a cerrarse la posibilidad de estar en el Mundial. “Usted espéreme, que voy a llegar”, le dijo a su entrenador, y Luis De la Fuente le hizo caso. Se armó de la misma paciencia que la selección española reconoce como virtud -y muchos perciben como defecto-, y se sentó a esperar. Merino llegó. Muy justo, sin ritmo para jugar un partido entero, pero apto para estar en el lugar preciso y el momento indicado cada vez que se lo necesitara. El lunes pasado ante Portugal, el técnico lo convocó en el minuto 85, y el vasco que no se sabe si es volante o delantero le dio a España el pase a cuartos de final seis minutos después. Contra Bélgica, un adversario que se había apretado en torno a su área para cerrar todos los caminos hacia su arco, De la Fuente repitió la maniobra. Esta vez a los 86, nuevamente por Dani Olmo. Y Merino no falló. Incluso mejoró su marca, porque apenas si precisó 120 segundos para empujar de zurda a la red el rebote que dio el arquero Senne Lammens (había reemplazado a Thibaut Courtois, lesionado, un rato antes) a un remate de media distancia de Pau Cubarsí. Fue el 2-1 que luego de 16 años devolvió a la Roja a una semifinal mundialista. Allí chocará con Francia, el cuco, el favorito, pero también el equipo al que derrotó las últimas dos veces en que se vieron las caras. Mikel Merino sale festejando su gol, el que le dio el éxito a España por 2-1DAVID RAMOS - GETTY IMAGES NORTH AMERICA¿Ganó bien España? ¿Merecía este nuevo triunfo agónico? Igual que frente a los lusos la respuesta es sí, sin ninguna duda. Claro que después hay que analizar los matices.Hoy por hoy, el conjunto ibérico se ha convertido en algo así como un fenómeno contracultural. En un fútbol gobernado por la velocidad y el frenesí su arma letal es la pausa; ahí donde mandan el juego directo y las transiciones rápidas elige el pase corto y la progresión parsimoniosa; en un torneo donde se imponen los noqueadores, España gana por desgaste. Es por eso que a su modo de moverse en la cancha le caben todos los adjetivos posibles. La Roja que alguna vez fue sinónimo de furia ahora busca ejecutar en cada acción ofensiva un adagio sinfónico en el que cada instrumento irrumpe en el momento exacto para tocar la nota adecuada. Los rivales lo saben, le van poniendo obstáculos para provocar el error, lo consiguen en la mayoría de los casos, y entonces la calificación suele ser la de equipo lento, sin chispa, incluso aburrido. Pero a De la Fuente y sus chicos parece no importarles. Sostienen una fe inquebrantable en la asociación permanente para avanzar y fabricar espacios donde las defensas contrarias lo niegan. Y al mismo tiempo, una perseverancia casi bíblica para horadar cualquier piedra que se le ponga adelante. Fabian Ruiz marca e 1-0 tras el rebote que dio CourtoisGregory Bull - APBélgica no fue una excepción. Más por obligación que por convicción. Si frente a Estados Unidos había perdido a Amadou Onana (rotura de ligamentos de la rodilla), en Los Ángeles se fueron cayendo Youri Tielemans en los ejercicios precompetitivos, más Courtois y Kevin De Bruyne en el segundo tiempo. La baja sucesiva de soldados, el monopolio en el control de la pelota que suele imponer España (68% de posesión) y el tanto del empate transitorio, logrado por Charles De Ketelaere a los 41 minutos en una acción tan lucida como aislada que sirvió para acabar con el invicto de Unai Simón, llevaron a los Diablos Rojos a darle prioridad a la resistencia.España, fiel a sí misma, fue hacia adelante. Probando las variantes que tiene en su repertorio. Movió la pelota como un limpiaparabrisas a todo lo ancho de la cancha, tiró paredes, filtró pases, subió a los laterales, llegó al fondo, lanzó centros atrás, y no concretó casi nada de lo que intentó. Anduvo errático Mikel Oyarzábal, su goleador; le faltaron siempre cinco para el peso a Olmo, se equivocó más de la cuenta Álex Baena. Y sobre todo, continúa en deuda Lamine Yamal. Lo mejor del partidoEl extremo del Barça es el as de espadas del equipo, pero la actuación consagratoria en el Mundial aún está por verse. Es verdad que partido a partido su influencia va en aumento, dejando detalles de su habilidad indescifrable; tan cierto como que no encuentra la eficiencia en el cierre de las jugadas, un pecado que condiciona el ataque del equipo. Una pared suya con Pedro Porro estuvo en el origen del 1-0 -el lateral tiró el centro, Courtois dio un rechazo corto al disparo de Olmo y Fabián Ruiz sacudió la red-, aunque parece demasiado poco para saldar las expectativas despertadas en su primer Mundial.Aun así, esta España contracultural, que no deslumbra, que para algunos es liviana, endeble y lenta hasta la exageración, dejó en la cuneta a dos adversarios de alcurnia como Portugal y Bélgica y ya está en semifinales. Su fútbol es como es. Con él ganó la Eurocopa 2024, solo perdió por penales la última Nations League e intentará vencer a Francia. Habrá a quiénes les guste más y a quienes les guste menos, pero nadie puede negarle los resultados. Y además, tienen a Mikel Merino, el hombre que llega siempre a tiempo y al que valió la pena esperar.Mundial 2026Selección de EspañaSelección de Bélgica
Con otro gol agónico de Mikel Merino y la pausa como bandera, España venció a Bélgica y desafía a Francia
La Roja venció por 2-1 y luego de 16 años vuelve a jugar una semifinal mundialista. Allí chocará con Francia, el cuco, el favorito, pero también el equipo al que derrotó las últimas dos veces en que se vieron las caras










