El presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, busca imprimirle a su Gobierno un sello militar desde el primer momento. Este viernes ha solicitado al Congreso de la República que le certifique la viabilidad de desplazar la ceremonia de posesión, el 7 de agosto, a un cuartel fuera de Bogotá, donde está el tradicional recinto del Legislativo. Debido a que la Constitución exige al mandatario hacer su juramento ante el Parlamento, el abogado propone un camino para sentar el simbólico precedente de militarización: en lugar de ir él al Congreso, que los casi 300 congresistas sean quienes se trasladen a Popayán, capital del convulso departamento del Cauca, en el suroccidente del país. La decisión quedará en manos del próximo Congreso, que se instalará este 20 de julio. Con bancadas fragmentadas y las mayorías aún inciertas, en mano de partidos bisagra que no son ni del nuevo oficialismo de derecha ni de la ahora oposición de izquierda, el interrogante sobre lo que ocurra sigue en el aire. El Legislativo debe elegir sus mesas directivas y distribuir a sus miembros en las diferentes comisiones ese mismo día, en unas elecciones que suelen tener mucho de minucia técnica y de manejo de poderes micro, pero que cada cuatro años también sirven como termómetro de la fuerza del Ejecutivo entrante en un Congreso que es fundamental para su gobernabilidad. El deseo de De la Espriella añade otro asunto a la cargada agenda de ese día, un lunes festivo que celebra el inicio del movimiento de Independencia del país.Por el momento, Diego González, secretario general del Senado de la República y una de las personas a quienes De la Espriella dirigió su misiva, ha adelantado que la posesión inédita tiene viabilidad jurídica. Explica que, si bien la Constitución obliga a que la ceremonia se haga ante el Congreso, el reglamento del Legislativo o Ley 5 de 1992 habilita al Parlamento a trasladar su sede temporalmente mediante un acuerdo entre las cámaras, tras una aprobación previa en cada una de ellas, donde la propuesta debe lograr una mayoría simple, es decir, la mitad más uno de los votos de los congresistas presentes. De darse, esa votación ayudaría a definir el nivel de apoyo que tendrá el jefe de Estado entrante en el Legislativo, y a marcar así el derrotero político del país, que vive una transición entre su primer gobierno de izquierda en décadas y la irrupción de una fuerza de ultraderecha.Entre las preguntas que De la Espriella busca que el Congreso responda no solo está si es viable el traslado de su sede, sino que especifique cuál es el quórum exigido para que el Congreso en pleno pueda considerarse válido. El gobierno entrante ha hecho énfasis en que se trata de un acto solemne que no requiere de votación ni de toma de decisiones, dejando abierta la posibilidad de que no sea necesaria la presencia de todos los congresistas durante la posesión. González ha adelantado en una entrevista con Caracol Radio que lo que se necesitaría es un quórum decisorio, es decir, que asistan la mitad de los congresistas más uno. Pese a que parece una gran operación logística, el secretario general ha aclarado que “el costo viene siendo el mismo”, pues de todas maneras el Congreso financia los tiquetes para que los senadores y representantes viajen a Bogotá desde sus regiones. Sin embargo, no aclaró que para el momento de la posesión todos ya estarían en la capital, donde comenzarán a sesionar el 20 de julio, ni que el Legislativo también tendría que cubrir los costos de su regreso. Con esta solicitud, De la Espriella busca demostrar que está dispuesto a cumplir las promesas centrales de su campaña. Una de ellas era que instalaría su gobierno en una sede militar, como forma de ratificar su apoyo a las Fuerzas Militares. No en vano su campaña adoptó como símbolo un saludo militar y como lema la frase “Firmes por la patria”. Otros anuncios hechos tras las elecciones apuntan a un fortalecimiento de las políticas militaristas, como el de crear bloques urbanos de seguridad —una idea aún gaseosa, que ha despertado apoyos en los principales alcaldes y críticas en una oposición, que la ve como un campanazo del regreso del paramilitarismo—. Su designado ministro de Defensa, el general Jorge Eduardo Mora, también ha anunciado que revivirá la unidad policial Escuadrón Móvil Antidisturbios o Esmad, condenada repetidamente por excesos en el uso de la fuerza y que había sido reemplazada por la UNDMO, una unidad que prioriza el diálogo sobre los choques físicos.Con la ceremonia en un cuartel en una de las ciudades más afectadas por el creciente conflicto, De la Espriella refuerza el mensaje de que su Gobierno dejará de girar alrededor de Bogotá. De hecho, mientras sus reuniones de empalme con el Ejecutivo saliente terminaban suspendidas en medio de una crisis política con señalamientos de ambas partes, el abogado penalista iniciaba este miércoles una gira por los 32 departamentos para tener encuentros con los mandatarios locales, otro gesto de una forma de gobernar que ha prometido con insistencia.Nacido en la capital, pero de familia del Caribe, criado en la ciudad de Montería y con residencia en Barranquilla, el presidente electo ha prometido un modelo de administración menos centralista, en el que despachará periódicamente desde distintas regiones del país. Incluso se baraja la posibilidad de que busque tener una sede alterna de Gobierno en Barranquilla, la capital informal de la región Caribe, lo que probablemente lleve a otro debate legal y sobre las condiciones de seguridad.
De la Espriella pide al nuevo Congreso tomar posesión en un cuartel
El presidente entrante propone que los congresistas se trasladen a Popayán para así prestar juramento ante ellos












