Actualizado Viernes,
julio
22:37El incendio de Los Gallardos no ha necesitado arrasar decenas de miles de hect�reas para convertirse en una de las mayores tragedias forestales de la historia reciente de Espa�a. La clave no est� tanto en la superficie quemada como en la coincidencia de varios factores que los especialistas consideran la combinaci�n m�s peligrosa posible: un monte extremadamente inflamable, una atm�sfera excepcionalmente favorable al fuego, un relieve que aceler� las llamas y una poblaci�n dispersa.La comarca llevaba varias semanas bajo una intensa ola de calor. M�ximas cercanas a 42 �C y numerosos d�as consecutivos por encima de 35 �C, con noches muy c�lidas que imped�an a la vegetaci�n recuperar la humedad y rachas de viento de entre 55 y 70 kil�metros por horas. En esta zona, unas pocas semanas sin lluvia durante el verano bastan para que el combustible fino alcance niveles muy elevados de inflamabilidad. "Cuando las condiciones meteorol�gicas alcanzan niveles r�cord, debemos esperar que el comportamiento de los incendios tambi�n alcance niveles r�cord", apunta Thomas Smith, profesor asociado de Geograf�a Ambiental en la London School of Economics, en declaraciones al Science Media Center.El sureste de Almer�a no responde a la imagen cl�sica de bosque denso que suele asociarse a los grandes incendios. La Sierra de B�dar est� formada por un mosaico de matorral mediterr�neo, pinares dispersos de pino carrasco, antiguos cultivos abandonados, ramblas y peque�as manchas forestales. Sin embargo, esa aparente discontinuidad resulta enga�osa. Tras d�cadas de abandono agr�cola, muchas terrazas cultivadas han sido colonizadas por matorral continuo, un combustible fino que prende con enorme facilidad durante el verano. Arbustos como el esparto, el romero, la albaida o las aulagas se secan r�pidamente y permiten que el fuego avance pr�cticamente sin interrupciones.Para saber m�sA ello se suma el pino carrasco. "Nuestros paisajes se han forestado en muchas zonas para evitar la desertificaci�n y se ha creado un paisaje homog�neo de pinos en detrimento de vegetaciones menos vistosas. En la zona este, son Pinus halepensis, especie aut�ctona que ha tenido una fuerte selecci�n artificial por domesticaci�n. Son aut�nticos polvorines. Arden con una intensidad tan grande que se convierten en focos imparables, y, adem�s, tienen pi�as que saltan a modo de pavesas y extienden a�n m�s el fuego", apunta Fernando Ojeda, catedr�tico del departamento de Biolog�a de la Universidad de C�diz.Los ingenieros forestales hablan de "continuidad del combustible". Cuantas menos interrupciones encuentra el fuego entre unas masas de vegetaci�n y otras, mayor es su velocidad de propagaci�n. El abandono del medio rural ha permitido que antiguos cultivos se transformen en matorral continuo. La expansi�n de viviendas entre el monte incrementa la exposici�n de la poblaci�n. Y la acumulaci�n de combustible hace que cualquier ignici�n tenga hoy m�s posibilidades de convertirse en un incendio extremo que hace apenas unas d�cadas. "Cuando pensamos en combustible de incendio podemos pensar en los �rboles, pero realmente lo que dirige el incendio es la vegetaci�n que crece a ras de suelo y que haya continuidad", apunta V�ctor Resco de Dios, profesor de Ingenier�a Forestal de la Universitat de Lleida y uno de los mayores expertos en comportamiento del fuego.Pero el viento suele ser el factor m�s determinante. No solo aporta ox�geno a las llamas, tambi�n las inclina hacia delante, precalentando la vegetaci�n que a�n no ha ardido y multiplicando la velocidad del frente. Por eso un incendio que podr�a avanzar lentamente en condiciones normales puede recorrer cientos de metros en pocos minutos cuando coinciden viento fuerte y combustible extremadamente seco.Vivienda afectada en el incendio de Los Gallardos.ABEL F. ROS | ARABA PRESSArabaAdem�s, los barrancos act�an como chimeneas naturales. El aire caliente asciende con rapidez, alimenta las llamas y puede generar aceleraciones repentinas del incendio dif�ciles de prever incluso para los equipos de extinci�n."Es un incendio extremo y es inextinguible, est� fuera de nuestra capacidad de extinci�n. Puedes mandar a todas las tropas de la UME y a todas las tropas de la OTAN que no lo vas a apagar", apunta V�ctor Resco de Dios.La comarca est� salpicada por urbanizaciones, cortijos y viviendas aisladas construidas entre el monte, un modelo muy frecuente en numerosas �reas mediterr�neas y conocido como interfaz urbano-forestal.Para los servicios de emergencia, estas zonas representan uno de los escenarios m�s complejos. No existe un �nico n�cleo urbano al que proteger, sino cientos de viviendas dispersas conectadas por carreteras estrechas y caminos rurales. Localizar a todos los residentes, transmitir las �rdenes de evacuaci�n y coordinar la salida resulta mucho m�s dif�cil que en una ciudad compacta. Las investigaciones sobre tragedias como Pedr�g�o Grande o Mati demostraron precisamente que la mayor parte de las v�ctimas fallecieron mientras intentaban escapar del fuego en coche, tal y como acaba de ocurrir en Almer�a."Al igual que el a�o pasado, los incendios extremos que estamos viendo en Espa�a son consecuencia de una primavera h�meda que ha propiciado la acumulaci�n de vegetaci�n", explica Theodore Keeping, investigador asociado en el an�lisis de fen�menos meteorol�gicos extremos e incendios forestales del Imperial College de Londres."No se trata ni de una cuesti�n de destino ni del resultado de un simple error. Las cat�strofes provocadas por los incendios forestales suelen ser el resultado de a�os de negligencia y de una lentitud en la toma de decisiones", denuncia Guillermo Rein, catedr�tico de Ciencias del Fuego en el Imperial College de Londres, en declaraciones al Science Media Center. "La soluci�n no es un nuevo avi�n o m�s agua. La seguridad frente a los incendios forestales requiere m�ltiples niveles de protecci�n: la gesti�n de la vegetaci�n y los combustibles, la detecci�n temprana, la planificaci�n previa de las rutas de evacuaci�n y la formaci�n peri�dica tanto de autoridades como de la poblaci�n local".El aumento de las olas de calor favorece incendios cada vez m�s intensos, pero los expertos llevan a�os insistiendo en que el clima explica solo una parte del problema. "No se puede esperar que los bomberos detengan todos los incendios forestales extremos. El cambio clim�tico har� que estas situaciones sean m�s frecuentes y graves", concluye Rein.











