Un equipo de paleontólogos de la Universidad de Oklahoma realizó un descubrimiento que podría cambiar la comprensión sobre algunos de los primeros animales que habitaron los océanos de la Tierra. Los investigadores identificaron tejido blando preservado en un fósil de Dendrocrinus simcoensis, un crinoideo que vivió hace más de 450 millones de años, mucho antes de la aparición de los dinosaurios y de la expansión de plantas y animales sobre la superficie terrestre.El hallazgo resulta extraordinario porque los tejidos blandos casi nunca sobreviven al proceso de fosilización, según informó Phys.org. Habitualmente, los fósiles conservan únicamente las partes duras de los organismos, como huesos, dientes, conchas o placas esqueléticas. La piel, los órganos internos y otras estructuras desaparecen poco después de la muerte del animal.La paleontóloga Lena Cole, de la Universidad de Oklahoma y conservadora adjunta de paleontología de invertebrados del Museo de Historia Natural Sam Noble, explicó que la preservación de tejidos blandos solo ocurre bajo condiciones ambientales excepcionales, comparables a un sistema natural de refrigeración o de sellado al vacío. Debido a esa rareza, el ejemplar constituye apenas el segundo caso conocido de tejido blando fosilizado en crinoideos y el más antiguo registrado hasta ahora, según Phys.org.Los crinoideos son parientes lejanos de las estrellas de mar y, por su aspecto, suelen compararse con flores marinas sujetas al fondo por un tallo. Hace más de 450 millones de años integraban los primeros arrecifes del planeta y desempeñaban un papel importante en los ecosistemas marinos primitivos. Su estudio permite reconstruir parte de la evolución de la vida compleja en los océanos.El fósil conserva pies ambulacrales, unas estructuras esenciales para la alimentación de estos animales y para su interacción con las corrientes marinas. Según David Wright, coautor del estudio y también paleontólogo de la Universidad de Oklahoma, esas partes pueden compararse con los dientes de los mamíferos, ya que su forma y disposición revelan el tipo de alimento que consumían y el ambiente en el que vivían.Las comparaciones con especies actuales muestran diferencias anatómicas significativas. Para los investigadores, esas características permiten comprender mejor cómo evolucionaron los crinoideos y cómo modificaron sus estrategias de alimentación a lo largo de cientos de millones de años.Más allá de la biología de esta especie, el descubrimiento ofrece información valiosa sobre los océanos del Paleozoico temprano. Los científicos consideran que cada nuevo resto de tejido blando amplía de forma considerable el conocimiento sobre la diversidad de los ecosistemas antiguos, la adaptación de las especies y los cambios evolutivos que dieron forma a la biosfera moderna, según Phys.org.El estudio también pone de relieve el papel de las colecciones científicasAunque muchos imaginan que los grandes descubrimientos paleontológicos ocurren durante expediciones de campo, este ejemplar permaneció durante años en el Museo de Paleontología y Evolución de Montreal. Solo una revisión detallada realizada por especialistas permitió reconocer su verdadero valor científico.Según Phys.org, Cole destacó que la investigación no habría sido posible sin el trabajo de conservación realizado por los museos y el apoyo de la comunidad que sostiene esas instituciones. Wright coincidió con esa idea y recordó que las colecciones albergan millones de fósiles que todavía esperan ser estudiados.El Museo de Historia Natural Sam Noble, donde trabajan ambos investigadores, conserva más de un millón de ejemplares de invertebrados fósiles. Para los científicos, esa enorme colección demuestra que aún quedan numerosos descubrimientos por realizar y que muchos de ellos podrían encontrarse en especímenes que llevan décadas almacenados, a la espera de nuevas tecnologías o de una mirada diferente.
Los investigadores no dan crédito: hallan tejido blando en un fósil de 450 millones de años y desafían lo que se creía posible
Paleontólogos de la Universidad de Oklahoma identificaron restos de tejido blando en un antiguo crinoideo.









