Cristina Kirchner volvió a hacer del balcón de San José 1111 el epicentro simbólico del peronismo en un nuevo Día de la Independencia. Mientras el Gobierno nacional celebraba el 9 de Julio con la parafernalia oficial, la expresidenta, con condena firme por la causa Vialidad y bajo prisión domiciliaria, protagonizó desde el segundo piso de Constitución una escena que ya es un clásico de la liturgia kirchnerista: la militante que no puede ser candidata, saludando a la militancia que insiste en que lo sea.

La convocatoria esta vez fue impulsada por Facundo Tignanelli, diputado provincial, presidente del bloque de Unión por la Patria en la Legislatura bonaerense y hombre de máxima confianza de Máximo Kirchner en La Matanza. Bajo el balcón se congregaron las 62 organizaciones peronistas del distrito, la UOM, SMATA, el Sindicato de Trabajadores Municipales, el Ateneo Néstor Kirchner, el Frente Patria Grande y la CCC, entre otras estructuras sindicales, sociales y barriales.

Pero el dato político más relevante no fue lo que se cantó, sino el que se calló. Tignanelli aprovechó el escenario para marcar, con nombre y apellido, una ausencia que en el peronismo bonaerense ya no sorprende a nadie: la del intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, y la de la vicegobernadora, Verónica Magario. "Es lamentable que tanto el intendente Fernando Espinoza como la vicegobernadora se hayan alejado de Cristina y no estén hoy dando desde la gestión municipal las respuestas que los vecinos necesitan", disparó el diputado. La frase no es un exabrupto aislado: viene precedida de semanas de cruces públicos entre el tignanellismo y el espinocismo, con acusaciones cruzadas sobre "falta de gestión" en el distrito más poblado del país y con el trasfondo de una interna que la Cámpora bonaerense arrastra desde hace tiempo con el círculo íntimo de Axel Kicillof.