Las tragedias griegas son una vacuna contra los mandatos de positividad a ultranza y de éxito obligatorio, impuestos sutilmente a medida que se ha asentado el sistema socioeconómico neoliberal. Frente a la idea hoy generalmente extendida de que todo es posible “si te alineas con el universo”, “te esfuerzas lo suficiente” o “mantienes la actitud adecuada”, los trágicos nos hablan de cómo las circunstancias, el entorno y la herencia determinan nuestra conducta, que puede tener a su vez efectos paradójicos. Por ejemplo: las medidas tomadas por el padre de Edipo para evitar que su hijo le asesine, como predijo el oráculo, producen una cadena de acontecimientos que desembocan precisamente en el temido parricidio. Mostrar la adversidad sin ambages, en toda su extensión, es, también, una manera de tenerla a raya.La protagonista de Electra Jonda, espectáculo estrenado en el 72º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, es la contrapartida femenina de Edipo. A este, la fatalidad le lleva a matar a su padre y a casarse con su madre (con ignorancia absoluta de lo que está haciendo), mientras que la hija de Agamenón es consciente de sus actos: idolatra a papá y le da la muerte a Clitemnestra, su progenitora. Pero Electra comete semejante crimen debido a que su madre y Egisto, amante de esta, asesinaron recientemente a Agamenón, quien, 15 años atrás, liquidó al primer marido de Clitemnestra, para desposarla, y ultimó además a su hija Ifigenia, porque la diosa Artemisa le había ofrecido la victoria en la Guerra de Troya a cambio de este sacrificio. También la familia de Egisto había sido atropellada previamente por Agamenón. Del rey micénico podríamos decir que es el causante de la causa, y que, por lo tanto, es la causa del mal causado. De aquellos barros vienen estos lodos.Electra Jonda, de Juan Guerrero Zamora (1927-2002), traslada la acción dramática del mito desde la ciudad estado de Micenas, gobernada por Agamenón, hasta un cortijo andaluz, no muy diferente del que de niño habitó el autor melillense. De este modo, lo legendario nos resulta perfectamente familiar. La Clitemnestra de Guerrero Zamora, encarnada por Alejandra Torray, su hija, posee el carácter agrio y dominante de Bernarda Alba. Mientras que la Electra de Carolina Lapausa tiene el aire instigador de La Mozuela de Ligazón, pues, como este personaje de Valle-Inclán, enreda a un joven (su hermano) para que le ayude a cometer un crimen largamente acariciado.Tanto Esquilo como Sófocles y Eurípides escribieron su propia aproximación al mito de Electra, en tres tragedias concebidas para ser cantadas, bailadas e interpretadas. Electra Jonda, compuesta en 1986, es una obra de notable ambición poética, artística e intelectual, en la que su autor sostiene con pulso firme las razones de cada personaje, de manera que el público simpatiza alternativamente con Clitemnestra, que ha vivido su matrimonio como una violación legalizada; con Orestes, su hijo (Daniel Migueláñez), que defiende el derecho de la mujer a elegir pareja, y con una Electra cuyo sentido de la justicia no admite compromisos ni negociaciones.Al dilema de Hamlet, ser o no ser (dar curso a la venganza o dejar las cosas correr), extraído por Shakespeare de Electra, en esta obra dialéctica de Guerrero Zamora se suman las disyuntivas personales de los demás protagonistas, disconformes con el rincón al que los estaba conduciendo el destino. El Ciego, encarnado por Juan Gea, que tiene algo de Tiresias, mucho del Diablo de la stravinskiana Historia de un soldado y una pizca del valleinclanesco Ciego de Góndar, es la mano que mece la cuna del crimen final. La exclamación de Crisótemis, hermana de Electra, durante uno de los enganches que esta tiene con Clitemnestra (“Me dais miedo”, dice, con mucha verdad, en la interpretación de Paula Colorado), es un soplo de aire que se abre paso en el compungido corazón del público.Manuel Canseco, director de la función, ha rescatado este texto por su aliento poético y porque resulta idóneo para un espacio como el Teatro Romano, en el que sobra la retórica. Hemos visto aquí no pocos espectáculos con elencos pequeños, que se ven reducidos a la insignificancia en su ciclópeo escenario, o con coros movidos con más voluntad que acierto. En Mérida la longitud del elenco no es baladí: el reparto de 23 artistas (12 bailarines, 9 actores, el guitarrista José Luis Montón y la cantaora Teresa Hernández, en el papel de Casandra, la visionaria aguafiestas) llena el escenario no por su número, sino por su versatilidad.Manuel Segovia, alma de la compañía Ibérica de Danza, ha hecho una labor de filigrana moviendo un coro vestido de luto, que lo mismo pueden ser vecinas, sirvientas discretas o Erinias (las Furias que atosigan a los humanos cuando se les ponen entre ceja y ceja). Ellas convierten el acto banal de poner la mesa en un ritual encantado o encarnan con mágica plasticidad a tres reses marcadas a fuego por el mayoral.Corre bien la función, ligera, amena y jonda, como su título promete, tanto es así que el público se olvidó del notable calor habido durante la noche del estreno. Suenan espléndidas la guitarra de Montón, la voz recia de la Torray, el repiqueteo insidioso de la Electra de Carolina Lapausa, el cante de Teresa Hernández y la laboriosa mediación del Aya, personaje cuya mano izquierda ha cincelado Natalia Jara en tan solo siete días, para sustituir a María Garralón, por enfermedad repentina.La entrada del Egisto de César Lucendo a lomos de una jaca blanca, cuyos pasos inciertos ponen el corazón del público en un puño, también resulta completamente a propósito en un escenario como este. Durante las funciones que se celebrarán en septiembre próximo en los Teatros del Canal, en Madrid, no habrá yegua real sino un caballo creado con los cuerpos y el movimiento de los bailarines. Es un acierto que el personaje de El Niño lo desempeñe una actriz, Ainhoa Molina: de un tiempo a esta parte parecía haberse olvidado que el teatro es convención, por lo que no hace falta contratar a colegiales cada vez que aparece un menor en escena. Los actores de oficio pueden ser reses, yeguas y niños, como dejan claro aquí Canseco y Segovia.La Electra de Guerrero Zamora sigue la línea del personaje protagonista marcada por Eurípides. Es lo contrario de la criatura pasiva retratada por SófoclesLa Electra de Guerrero Zamora sigue la línea del personaje protagonista marcada por Eurípides. Es lo contrario de la criatura pasiva retratada por Sófocles: toma las riendas de su venganza, la lleva primero al paso y la pone al galope cuando las circunstancias le son propicias. Lapausa gradúa su labor central. Su Electra parece al principio algo inofensiva, como lo parecen los ciclones en lontananza, pero, ¡ay cuando se acerca a su objetivo!En resumidas cuentas, este es un espectáculo (de los pocos) que hace honor al escenario principal del Festival. Pesan, sin embargo, sus diez últimos minutos, en parte por la manera explícita y evidente en la que se resuelve el marcaje a fuego y el asesinato de Egisto. A esa escena se le podría dar vuelta y media. Vista con perspectiva, Electra Jonda figura en una línea de reinterpretaciones y aclimataciones del mito en la que sobresalen la Electra Garrigó (1948) de Virgilio Piñeira, ambientada en la Cuba prerrevolucionaria, y la Elektra cinematográfica, simbólica y esencial de Mijalis Kakoyanis, director chipriota cuyo nombre y apellido solemos ver transliterados al inglés en los títulos de crédito de sus películas.Guerrero Zamora fue artífice pionero de los dramáticos de Radio Televisión Española (Estudio 1 entre ellos), que acercaron el teatro en hora punta a varias generaciones de españoles, muchos no tenían pecunio para sacarse una entrada con regularidad. Su realización en directo, en 1958, de El Paraíso, de Fernando Milchaud, pasa por ser el primer espacio de ficción dramática emitida desde los viejos estudios del madrileño Paseo de La Habana. También es autor de una magna Historia del Teatro Contemporáneo cuyos tres últimos tomos inéditos fueron puestos en 2021 a disposición del público en versión digital de forma libre y gratuita, junto con los cuatro primeros, por la Fundación Juan March. Son 3.500 páginas en las que cabe el teatro de los países centrales y de los periféricos de los cinco continentes.Electra JondaTexto: Juan Guerrero Zamora. Dirección: Manuel CansecoCoreografía: Manuel Segovia. Reparto: Alejandra Torray, Carolina Lapausa, Paula Colorado, Juan Gea, Natalia Jara, Daniel Migueláñez, César Lucendo, Jaime Puente y Ainhoa Molina. Cantaora: Teresa Hernández. Guitarrista: José Luis Montón.Festival de Mérida. Teatro Romano. Hasta el 12 de julio.Teatros del Canal. Madrid. Del 5 al 18 de septiembre.