Prolongar la vida �til de las centrales no retrasa la transici�n y protege nuestra competitividad.En el complejo tablero energ�tico actual, la eficiencia y la prudencia dictan que no se deben desmantelar activos cr�ticos sin una alternativa equivalente. El inminente dictamen t�cnico del Consejo de Seguridad Nuclear sobre la pr�rroga de Almaraz hasta 2030 ofrece una oportunidad id�nea para repensar el calendario de la desconexi�n nuclear en Espa�a. Si el m�ximo organismo competente en cuestiones t�cnicas determina que la central cumple con los criterios operativos y de seguridad necesarios, los datos econ�micos y la necesidad de estabilidad del sistema certificar�an la idoneidad de continuar aprovechando esta fuente de energ�a.El actual calendario de cierre escalonado entre 2027 y 2035 proviene de un acuerdo de 2019 entre los operadores de centrales nucleares y la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa). Dicho acuerdo, en su momento, aportaba estabilidad regulatoria y un horizonte de operaci�n previsible. El problema de �ste, a d�a de hoy, es que las premisas sobre las que se construy� han cambiado radicalmente: la guerra de Ucrania, la reciente tensi�n b�lica en el estrecho de Ormuz y el apag�n de 2025 han devuelto la cuesti�n de la seguridad de suministro al centro de la planificaci�n energ�tica. En este contexto, prescindir de una tecnolog�a que t�cnicamente est� en condiciones seguras de operaci�n compromete nuestros propios intereses.La energ�a es un recurso esencial en la actividad industrial. De media, los costes energ�ticos suponen el 25% del beneficio operativo, y por tanto el coste el�ctrico es una de las variables que pesan en las decisiones de inversi�n de la industria electrointensiva. Encarecer de forma estructural ese coste, retirando del mix una fuente estable y de bajo coste marginal, equivaldr�a a enviar a esos sectores una se�al inequ�voca en contra de su competitividad. Para este tipo de compa��as, el precio de la electricidad determina directamente su capacidad para competir.Desde un punto de vista de mercado, retirar generaci�n firme del sistema, manteniendo todo lo dem�s constante, presiona al alza el precio mayorista, porque el funcionamiento en una parte muy significativa de las horas se hace con gas natural. De acuerdo a nuestro informe La contribuci�n de la energ�a nuclear a la competitividad industrial en Espa�a, esta situaci�n podr�a suponer un coste de 1.400 millones de euros/anuales a la industria espa�ola. Pero existe otra dimensi�n crucial: m�s all� del incremento en el precio medio, el verdadero peligro radica en la exposici�n del sistema a los picos de cotizaci�n del gas natural, una constante en el nuevo escenario geopol�tico. La energ�a nuclear opera como una cobertura frente a la volatilidad del gas, y esa volatilidad, ligada a una tensi�n geopol�tica que ha dejado de ser coyuntural y se ha transformado en algo estructural, se ha convertido en un factor de riesgo del mercado el�ctrico. Sustituir capacidad firme por mayor dependencia del gas importado equivale a aumentar el perfil de riesgo del sistema en el peor momento posible.Costes evitadosEn el a�o 2022, la operaci�n continuada del parque nuclear evit� costes adicionales de aproximadamente 5.000 millones de euros a la industria, equivalente al 0,4% del PIB ese a�o. Por tanto, no es s�lo un tema de menor precio medio, tambi�n es un seguro contra la volatilidad de los mercados financieros.Los pa�ses de nuestro entorno est�n tomando decisiones en un sentido completamente opuesto al del cierre prematuro de sus centrales nucleares. Francia contempla la extensi�n a 50-60 a�os y la construcci�n de nuevos reactores. Reino Unido aprob� el a�o pasado la construcci�n de una nueva central nuclear (Sizewell C), y tiene como objetivo aumentar la capacidad de energ�a nuclear mediante una combinaci�n de centrales de gran escala tradicionales y peque�os reactores modulares (SMR). A nivel supranacional, la propia Comisi�n Europea ha reconocido recientemente que reducir a menos de la mitad el peso de la energ�a nuclear desde los a�os 1990 fue un error estrat�gico que rest� fiabilidad y competitividad al mix energ�tico del continente.El futuro pasa por m�s potencia renovable, almacenamiento e interconexiones, pero desde luego no obliga a anticipar el cierre nuclear. La transici�n energ�tica consiste en sustituir tecnolog�as cuando existen alternativas m�s limpias y accesibles, no a trav�s de una decisi�n que exige una justificaci�n que, hasta la fecha, no se explicado. Si el CSN confirma que las centrales pueden seguir operando con seguridad, prolongar su vida �til no ser� retrasar la transici�n, sino proteger la competitividad de la econom�a espa�ola mientras esa transici�n culmina.
Pr�rroga nuclear y el riesgo para la industria
En el complejo tablero energ�tico actual, la eficiencia y la prudencia dictan que no se deben desmantelar activos cr�ticos sin una alternativa equivalente. El inminente dictamen...









