Las tierras raras son un grupo de 17 elementos metálicos que se convirtieron en un recurso crítico para la transición energética, sobre todo por su uso en la fabricación de imanes permanentes para turbinas eólicas y motores eléctricos. No son escasas en la corteza terrestre, pero rara vez se encuentran en concentraciones que permitan una explotación económicamente viable, y su procesamiento es técnicamente complejo. Esa combinación entre abundancia relativa, pero oferta concentrada, es lo que las volvió un objeto de disputa geopolítica: China controla el 52% de las reservas mundiales, el 70% de la producción minera, el 91% de la refinación y el 94% de la fabricación de imanes.En los vehículos eléctricos e híbridos, por caso, las tierras raras aparecen en casi todos los componentes clave en los imanes del motor eléctrico y en los cristales de los faros, y reforzando esos mismos imanes para que resistan altas temperaturas. Según datos de la industria, la fabricación de imanes, que en gran parte depende de la electrificación del transporte, ya superó a la industria del vidrio como principal destino de estos minerales y se espera que concentre el 90% del valor de la demanda mundial hacia 2033.En ese contexto, Argentina tiene un historial breve y una promesa sin confirmar. La única producción registrada en el país ocurrió entre 1954 y 1956, cuando se recuperaron 1.010 kg de monacita en la mina Teodesia, en Valle Fértil, San Juan. Desde entonces no hubo exploración activa. Los recursos identificados, que fueron sistematizados en un estudio "Elementos de las tierras raras. Panorama general y evaluación del potencial en la República Argentina" del Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR), publicado en 2022, suman 190 mil toneladas de óxidos de tierras raras (OTR), concentradas en San Luis (54%, con Rodeo de los Molles como principal yacimiento), Río Negro (22%, Sierra Grande) y Salta (18%, encabezada por La Aurelia).