La expresión usada por el muy ocurrente jefe de Gabinete de Isabel Díaz Ayuso arroja una experiencia muy concreta que dista mucho de ser representativaMiguel Ángel Rodríguez, jefe de Gabinete de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Claudio ÁlvarezEs cierto que en noches tórridas como las que estamos teniendo después de un buen revolcón apetece un chorro de agua fría pero, ¿quién se mete corriendo en la ducha después de follar? La expresión usada por el muy ocurrente Miguel Ángel Rodríguez arroja una experiencia muy concreta que él debe de creer universal, pero dista mucho de ser representativa. Demasiada información sobre su propia intimidad, que dirían los americanos. Es lo que tiene hablar o escribir sobre el follar, que es imposible hacerlo sin exponerse uno. En mi imaginario sexual, saltar apresuradamente de la cama a la ducha en lo que tarda un espermatozoide en entrar en un óvulo es algo que se hace en muy contadas ocasiones y por razones muy concretas. Lo normal, cuando te quedas a gusto y estás en ese estado beatífico e ingrávido que es el orgasmo ralentizando sus ondas, ese trance, ese colocón que no necesita drogas ni descargas eléctricas, en ese momento en lo último en lo que piensas es en agua y jabón. Estoy segura de que los mejores poemas de la historia de la literatura se escribieron antes o después de esos instantes. Antes por el anhelo feroz. Después porque la satisfacción y el asombro ante lo maravilloso de la experiencia llenan incluso el corazón del más cínico de gratitud y un amor que lo desborda todo. Por eso hay tantas personas que se enamoran follando y tantas otras que necesitan no permanecer ni un instante en ese tiempo de “después de” para no correr el riesgo de que el sexo se convierta en algo más. Así que la ducha urgente justo “después de” se da en situaciones muy específicas. Antes, cuando los métodos anticonceptivos eran escasos e ineficaces, las mujeres se lavaban a conciencia para evitar embarazos, incluso el interior de la vagina misma. Las víctimas de explotación sexual tienen que quitarse de encima los fluidos y olores de eso que algunos siguen llamando clientes: los puteros. Y ellos también se duchan en esas circunstancias, claro está. Como se duchan los amantes furtivos que se escabullen a la hora de comer en hoteles que alquilan habitaciones por horas. Tienen que sacarse de encima el olor del adulterio antes de llegar a casa. Y en el caso de las mujeres salimos corriendo al agua cuando el polvo ha sido decepcionante o el amante ha acabado por provocarnos náuseas por la razón que sea o cuando el bajón después del clímax, ya sin los destellos del calentón previo, arroja un paisaje que se parece a cuando en las discotecas se encienden las luces. Es decir, que si te duchas justo después es por el asco que te da el tío, no por higiene.Archivado EnOpiniónSexoRelaciones sexualesMiguel Ángel RodríguezAbortoProstituciónLiteraturaAmorDiscotecasRelaciones pareja