Después de siete días de exequias, el féretro de Ali Jamenei descansa desde esta noche en el Mausoleo del Imán Reza, en la ciudad de Mashad, no muy lejos de la casa donde nació hace 86 años. O así lo contaba un historiador a través de los altavoces que se desplegaron a lo largo de la avenida donde ya la noche anterior lo esperaba una multitud que se fue haciendo mayor desde la madrugada, hasta el punto de que los restos del ayatolá terminaron por ser transportados en helicóptero al interior del templo, cuando ya caía el sol, debido a la marea humana que no dejó avanzar el camión donde lo pasearon para que los peregrinos le dieran su último adiós.A la hora de la oración, que lideró Mustafa Jamenei, el hijo mayor, los patios del Mausoleo - con capacidad de recibir alrededor de ocho veces más personas que el estadio más grande de Irán, con capacidad de 80.000 personas-, estaban totalmente cubiertos de personas. “Él es un padre para toda esta gente, nos enseñó muchas cosas, pero especialmente la importancia de un Irán fuerte”, contó Nastarán, una estudiante de medicina de 20 años que llegó desde temprano para buscar un puesto desde donde despedir al ayatolá.“Nadie, excepto él, puede enseñarnos a ser una nación independiente”, añadió la joven que, como muchos llevaba un cartel que decía Kill Trump, un eslogan que si bien se vio desde el primer día de los funerales en Teherán tomó mayor importancia después la nueva campaña de ataques ordenada por Donald Trump en los últimos días.Los ataques de los últimos días, si bien se han concentrado en las costas iraníes del Golfo Pérsico y Golfo de Omán, afectaron también a muchos peregrinos que viajaban a Mashad para asistir al funeral. Uno de los objetivos durante la madrugada del jueves era la red ferroviaria que une a Teherán con Mashad, separadas por 900 kilómetros, pero también a Irán con Turkmenistán y a su vez con Rusia. “Terminaremos lo que usted empezó matándolo”, leía uno de los carteles donde se veía una foto de Trump.Otros carteles ofrecían cien mil dólares por la cabeza del mandatario estadounidense, otros doscientos mil. “No queremos guerra, solo vengar a nuestro líder muerto”, repetían uno de los pregoneros desde los altavoces. Esta nueva campaña estadounidense confirma las advertencias de gran parte de ese sector que apoya a la república islámica -el mismo que ha acompañado al líder en estos funerales- que no está de acuerdo en negociar con Estados Unidos.Los funerales“Terminaremos lo que usted empezó matándolo”, se leía en uno de los carteles donde se veía una foto de Trump“Se sacrificó por nosotros, por los iraníes”, dijo Zohre, una madre de tres hijos de 34 años, que llegó desde un pueblo de la provincia de Khorasan. La mujer no podía parar de llorar después de ver pasar el féretro del líder, como muchos de los asistentes. Otra de ellas era Najmeh, artista de 33 años, que reconoce que hasta la guerra nunca apoyó a la república islámica ni a Ali Jamenei. “Pero luego me di cuenta que él -por Jamenei- no era una persona cobarde. Que él estaba dispuesto a enfrentar a Estados Unidos y defender no solo a Irán sino a todas las naciones oprimidas”, dijo la mujer que lleva una pulsera con la bandera de Palestina.El analista político Saeed Laylaz reconoce que el asesinato del ayatolá Jamenei le dio un respiro a la república islámicca, que pasó por uno de sus momentos más críticos de estos 47 años en enero pasado cuando decenas de miles de personas se lanzaron a las calles de todo el país, incluso en pueblos donde nunca antes había ido protestas, para pedir su caída. La respuesta de las autoridades fue la mayor represión que recuerden la mayoría de los iraníes. Oficialmente, se reconocen 3.117 personas muertas -en menos de 5 días- pero la organización Hnara, que investiga violaciones de derechos humanos en Irán, ha confirmado al menos 7.000 e investiga 11.000 más.El asesinato de Ali Jamenei ha dado un respiro a la república islámica, que se enfrenta ahora al mismo descontento que provocó las protestas antes de la guerra El rechazo al modelo de país que defiende la república islámica, el sentimiento de que es un sistema profundamente corrupto y el descontento por la situación económica, que fueron algunos de los motivos que sacaron a la gente a la calle en enero, siguen intactos. “Aunque la amenaza más urgente proviene de Estados Unidos, el mayor problema del país sigue siendo interno”, dice Laylaz, que añade que si la economía se recupera, la legitimidad volverá poco a poco. Pero cree que no tienen mucho margen de tiempo.Mohammad Abtahi, vicepresidente durante el gobierno reformista de Mohamad Jatami, asegura que después de la guerra, las crisis sociales han perdido intensidad. “Apareció un peligro mucho mayor: el riesgo de la desaparición de Irán como país. Ese peligro hizo que buena parte de los descontentos y frustraciones de la población pasarán a un segundo plano y produjo un grado de cohesión dentro de la sociedad”, dice.Varios analistas consultados coinciden en que Irán tendrá que buscar la manera, si así decide hacerlo, de crear lazos entre ese sector que ayer desfilaba en Mashad y los millones que han mirado de reojo los funerales de Ali Jamenei. Muchos de estos últimos están en contra de Trump, de la guerra y defienden la independencia de Irán, pero tienen una opinión opuesta de lo que significó Ali Jamenei.“Esta será una nueva etapa en la que Irán será completamente diferente, pero ese cambio no será inmediato”, concluye Laylaz, que cree que el país ha aprendido a seguir sin que el nuevo líder Mojtaba Jamenei haga presencia pública. Posiblemente, piensan los analistas, no lo haga hasta que haya un acuerdo final con Washington, que después de los ataques de los últimos días parece inviable.