El precio del petróleo Brent cayó en las tres últimas semanas de junio y los primeros días de julio cerca de los niveles previos a la guerra en Oriente Medio debido al preacuerdo de paz alcanzado entre EEUU e Irán para poner fin al conflicto y al bloqueo del estrecho de Ormuz. Sin embargo, esto no se tradujo en un alivio equivalente en los precios del combustible de los surtidores españoles. La retirada progresiva de los descuentos del Gobierno es uno de los motivos, aunque no el único, y provocará que los precios finales suban durante el verano. Además, si las hostilidades en Oriente Medio continúan en ascenso y repercuten en el petróleo, el aumento será más drástico. La reducción del IVA al 10% y del tipo del impuesto de los hidrocarburos entre mediados de marzo y el 30 de junio evitó que los precios de la gasolina y del diésel se dispararan en paralelo con el petróleo. Aunque aumentaron de golpe con el estallido de la guerra el 28 de febrero, la curva ha sido mucho más suave y con una tendencia decreciente en esos tres meses. Mientras que el petróleo llegó a encarecerse respecto a su nivel previo a la guerra un 63% en su momento más crítico, el pico máximo de la gasolina en este periodo ha sido un aumento del 24% y el del gasóleo de un 38%, ambos registrados el 21 de marzo, justo antes de entrar en vigor el decreto del Gobierno. Según el Ministerio de Economía, las medidas de ese paquete aliviaron la inflación en abril, mayo y junio en torno a un punto. Sin embargo, en las últimas semanas se ha eliminado la diferencia y el encarecimiento de los principales carburantes en España ha igualado al del petróleo por un menor descenso de los combustibles, primero, y un repunte, después. El primero se aprecia en los últimos días de junio, antes de que cambiara el marco fiscal, y con el petróleo cayendo por debajo de los 75 dólares el barril. Los precios de la gasolina y del diésel descendieron, pero en menor medida, a diferencia de lo sucedido al principio de la crisis. Respaldan esta tesis los datos del boletín petrolero de la Comisión Europea, que proporcionan el precio de ambos carburantes antes de impuestos. En ellos se observa cómo el descenso de los combustibles está siendo más lento que la bajada del Brent, el cual también tardará meses en volver a su precio previo al conflicto. Para seguir con la metodología de la comisión, que aporta datos en promedios semanales, si se compara el precio del Brent en el seis de julio y los seis días previos con el de la semana del 15 de junio (fecha de anuncio del acuerdo de paz), se observa la asimetría. El descenso en el precio del Brent en el promedio de dicho periodo fue del 19,1%, pero el de la gasolina 95 (sin impuestos) en España fue del 6,1% y el del gasóleo A del 6,7%. Este mecanismo es el que habitualmente se atribuye como subidas de "cohete" y caídas de "pluma" por el desajuste en la rapidez de cada cambio. La industria justifica el desfase en los costes de ajuste de inventarios, de manera que las estaciones tienen que repercutir rápidamente las subidas porque reponer les saldrá más caro (backwardation), pero retrasan las bajadas mientras liquidan existencias compradas más caras y los precios del crudo en los mercados descienden más lentamente. No obstante, diversa evidencia al respecto demuestra que la industria tampoco tiene incentivos a bajadas aceleradas en una situación de competencia limitada. De hecho, la historia reciente muestra que cada vez que se produce un gran salto de precios, la gasolina no vuelve a bajar a los niveles previos, aunque el petróleo sí lo haga. El segundo factor es el cambio fiscal, que ha llevado a un repunte de los precios de los carburantes entre junio y julio, haciendo así que coincidan la caída ralentizada del precio con una subida en forma de escalón por el efecto impositivo. El principal motivo es la vuelta del IVA al 21% para estos productos, aunque se mantiene un esquema de rebajas del tipo del impuesto de hidrocarburos. De hecho, según el real decreto ley publicado en el BOE, el descuento se acentúa en julio hasta los 15 céntimos por litro (fue de cinco céntimos entre marzo y junio), para después pasar a 10 céntimos en agosto y a cinco en septiembre, según el escenario central, sin activarse la cláusula ligada a un repunte mayor del previsto, según el cual se elevaría a 20 céntimos el descuento en agosto. Entre el 30 de junio y el uno de julio, la gasolina se encareció un 5,9% y el gasóleo un 2,3%, niveles en los que prácticamente se han estancado ambos por el momento, según los últimos datos del Geoportal de Hidrocarburos del Ministerio de Transición Ecológica. No obstante, la incertidumbre acerca de la evolución en los próximos días y semanas es máxima. El petróleo ha vuelto a repuntar esta semana por las palabras de Trump sobre el fin de la tregua con Irán, aunque continúa por debajo de los 80 dólares el barril. El FMI ya ha alertado de que una nueva escalada puede ser peor que la anterior. Principalmente, por el estado de las reservas y la disposición a su uso en una segunda crisis simultánea, lo cual podría provocar subidas "no lineales" de los precios del crudo. Para que los surtidores españoles reflejen descensos notables los próximos meses, teniendo en cuenta las asimetrías y la desescalada de las rebajas fiscales, la caída en el crudo tendría que ser pronunciada. Un escenario poco factible, dada la presión que habrá una vez se estabilice la paz por el interés de cada país de rellenar sus reservas gastadas en estos meses y porque la producción no se recuperará de inmediato. El verano es la época con mayor demanda de combustibles del año por los desplazamientos vacacionales, pero es posible que el consumo se reduzca, como ya sucedió durante el verano de 2022 por la crisis energética. No obstante, en aquel episodio el precio llegó al entorno de los dos euros el litro durante más tiempo, por lo que la situación actual es más favorable. Los últimos datos disponibles de CORES, relativos al mes de mayo, detectan un descenso del consumo de combustibles de automoción del 4,2% respecto al mismo mes de 2025. La caída se concentra con un 6% menos en los gasóleos de automoción, mientras que las gasolinas continúan creciendo en un 1,7%. El descenso en el volumen consumido de diésel es estructural, por el cambio en el parque de vehículos, pero la crisis energética lo ha acentuado al encarecer más este combustible, al igual que ha reducido el crecimiento del consumo de gasolinas. En el acumulado anual ya se registra un descenso en el consumo de carburantes de un 0,3% que se puede agravar según pasen los meses y los precios se mantengan elevados.