El CEO de WeWork se encuentra en el octavo piso, frente a unos enormes ventanales con vistas a las vías del tren de la estación de Waterloo. “Estoy aquí sentado, viendo esta mesa de billar”, dice, “que no me encanta...representa el pasado”.Vestido con un blazer azul marino y pantalones chinos, John Santora, de 69 años, quiere erradicar la “imagen negativa” del grupo de coworking (cotrabajo), con recuerdos de una cultura de fiesteros, cerveza de barril gratis y gastos irresponsables.“Es una empresa madura”, dice. “Somos más maduros en la actualidad, con disciplina. Es una compañía muy diferente”. En lugar de una mesa de billar, se imagina la sala amueblada con “una mesa de conferencias muy agradable…y algunos sillones cómodos”.Después de 47 años de carrera profesional en la inmobiliaria Cushman & Wakefield, donde comenzó como empleado de mantenimiento y ascendió a puestos de alta dirección, incluyendo el de director operativo, Santora considera que su papel en WeWork consiste en aportar “credibilidad y disciplina…que el mundo exterior necesitaba ver”. Dos años después de asumir el cargo, está finalizando una reestructuración después de acogerse a la protección del capítulo 11 de la ley de bancarrota en 2023, un proceso que representó eliminar 4 mil millones de dólares (mdd) de deuda, retirarse de 170 ubicaciones no rentables y la renegociación de 190 contratos de arrendamiento.Actualmente, la empresa proporciona espacio de oficinas a 550 mil miembros, 20 mil más que el año pasado, desde startups hasta Amazon, y generó casi 2 mil 300 mdd en ventas el año pasado. Santora espera que la empresa obtenga utilidades operativas a finales de 2026, manteniendo una inversión anual de alrededor de 80 mdd en gastos de capital global.La caída de NeumannLa realidad actual de WeWork dista mucho de la de sus primeros años, una etapa tan singular que fue llevada a la pantalla en la miniserie WeCrashed, de Apple TV. Tras su fundación en 2010, la empresa se convirtió en sinónimo de su cofundador, Adam Neumann, el carismático y polémico empresario israelí que la llevó a expandirse por todo el mundo hasta alcanzar una valoración de 47 mil mdd, una cifra más propia de las grandes tecnológicas.Sin embargo, su ambición de “elevar la conciencia del mundo”, una estrategia de crecimiento basada en un gasto desmedido y una cultura corporativa marcada por los excesos terminaron por generar un entorno caótico. En 2019, el Consejo de Administración destituyó a Neumann y la compañía canceló su esperada salida a bolsa.Santora era entonces un observador externo, que contemplaba la situación desde puestos de alto nivel en el sector inmobiliario. “Era interesante…pero luego vimos cómo se salía de control”. Solo se reunió con Neumann una vez. “Tenía un concepto brillante y era un vendedor excepcional. No diré nada más al respecto”.Aun así, reconoce que WeWork fue quien impulsó el mercado del coworking. “Ya existían otras empresas antes, pero WeWork atrajo la atención y creó una marca. Si le preguntas a la gente sobre el cotrabajo, generalmente mencionarán nuestro nombre. Es como Kleenex”.Santora, que creció en Staten Island, Nueva York, esperaba seguir los pasos de su padre y su hermano mayor y convertirse en bombero, pero aceptó un trabajo de verano en Cushman & Wakefield y decidió quedarse. “La ciudad de Nueva York estaba en bancarrota y atravesaba una grave crisis financiera; estaban despidiendo a policías, bomberos y trabajadores esenciales”, comenta. “Pasarían años antes de que tuviera la oportunidad de entrar en el cuerpo de bomberos”.