Los guardias de un centro de detención migratoria en El Paso, Texas, podían ver a un detenido en su celda con la orilla de una sábana enrollada en el cuello y la otra atada a la perilla de la puerta. Si la abrían, la tela se tensaría y terminaría estrangulandolo.

El detenido, Geraldo Lunas Campos, llevaba un mes recluido en Camp East Montana. El centro era relativamente nuevo y había sido inaugurado como parte de los planes del gobierno de Donald Trump para detener y deportar rápidamente a miles de inmigrantes.

Casi de inmediato tras su ingreso, el inmigrante cubano de 55 años comenzó a expresar frustración por la atención que recibía, según un informe de investigación del médico forense de casi 300 páginas que no ha sido publicado.

El informe, revisado por ProPublica y The Texas Tribune, incluye docenas de anotaciones que detallan las interacciones del personal médico con Lunas Campos, quien tenía antecedentes de enfermedad mental y previamente había sido internado en Nueva York.

El documento y los registros que contiene ofrecen una mirada poco común y perturbadora sobre cómo los centros de detención migratoria, establecidos con rapidez y con escasa supervisión, manejan a los detenidos con necesidades graves de salud mental. Los registros retratan a un hombre en crisis y a un centro cuyo personal, en varias ocasiones, discutió su traslado a una instalación donde pudiera recibir un mayor nivel de atención.