El escenario de Estudio Paulsen recibe una de las obras más influyentes del teatro universal. Esperando a Godot, escrita por Samuel Beckett hace más de siete décadas, inició temporada con una propuesta dirigida por Luisa Cuesta que busca llevar al público más allá del texto y convertir el movimiento, el humor físico y la imagen en parte esencial de la historia. Detrás del montaje hubo meses de planificación, un intenso proceso de entrenamiento para los actores y una concepción escénica en la que cada elemento, desde el vestuario hasta la iluminación, forma parte de un mismo lenguaje artístico.La directora cuenta que el proyecto comenzó por iniciativa de Carlos Icaza, productor ejecutivo de Estudio Paulsen, quien desde hacía tiempo quería producir Esperando a Godot. Mientras esa idea tomaba forma, asistió a una función de Così fan tutte, la ópera de Mozart que Cuesta dirigió en octubre de 2024, y encontró allí la propuesta estética que buscaba para el clásico de Beckett.“Me dijo que le había encantado aquella puesta en escena y que quería rescatar todo ese universo bufo porque Samuel Beckett tenía esa visión sobre la obra”, explica la directora. Según comenta, el dramaturgo admiraba el trabajo de Buster Keaton y la comedia física, una línea artística que coincide con la especialidad que ella ha desarrollado durante años a través del teatro físico y el mimo corporal dramático.PublicidadEse encuentro terminó convirtiéndose en el inicio del proyecto. Tras regresar a Ecuador en enero de este año, luego de vivir dos años en España, recibió nuevamente la llamada de Icaza para comenzar a desarrollar la producción.La historia gira alrededor de dos hombres que esperan la llegada de Godot, un personaje del que nunca se conoce su identidad ni si realmente aparecerá. Mientras transcurre la espera, ambos intentan encontrar distintas maneras de hacer pasar el tiempo: conversan, discuten, cuentan historias, hacen bromas y reciben la visita de otros dos personajes que interrumpen momentáneamente la rutina.Para Cuesta, precisamente ahí reside la fuerza de la obra.PublicidadPublicidad“No sabemos quién es Godot, cuándo va a llegar ni por qué decidieron esperarlo. Lo único que vemos es cómo llenan ese tiempo.”La propuesta planteaba un reto desde el inicio. Todos los personajes de la obra son masculinos, pero, más allá de buscar intérpretes con experiencia, Cuesta quería encontrar actores dispuestos a sumergirse en un proceso de entrenamiento físico poco habitual dentro del teatro local.Por ello organizó una audición diferente. Además del talento interpretativo, buscó medir la disposición de cada aspirante para aprender un lenguaje escénico completamente nuevo.“El teatro físico es sumamente demandante. Te saca completamente de la zona de confort. Si uno no lo ama con locura y con pasión, lo deja, porque necesita muchísima autodisciplina”, explica.Las pruebas se realizaron durante dos días y posteriormente hubo una segunda convocatoria. Lejos de confirmar las expectativas que tenía antes de iniciar el proceso, la directora asegura que terminó cambiando completamente sus ideas iniciales.“Yo también tenía ideas preconcebidas sobre con quiénes podría trabajar, pero cuando hicieron la audición me sorprendieron tanto que todas esas ideas se anularon. Me dejé sorprender”, recuerda.PublicidadFinalmente fueron elegidos Ricardo Velástegui como Gogo, Ángel Bayona como Didi, Fernando Gálvez como Pozzo y Michy Zelaya como Lucky.Para Cuesta, uno de los aspectos que más destaca del proceso fue la confianza que se generó entre el elenco y la dirección. Explica que los actores aceptaron asumir cada propuesta escénica sin cuestionar constantemente la lógica de los movimientos, permitiendo que el montaje avanzara con una dinámica colaborativa.El tiempo de preparación fue reducido para la complejidad de la obra. El montaje se desarrolló en apenas seis semanas, con ensayos de cuatro días por semana y jornadas de tres horas diarias.Para aprovechar ese tiempo, los actores recibieron el texto con anticipación y debían llegar al primer ensayo con gran parte del primer acto memorizado.La directora describe ese proceso como físicamente exigente y comparte también una lectura personal del texto. Aunque aclara que cada espectador construye su propia interpretación, para ella esa espera guarda una estrecha relación con la existencia humana.“La comparo con la muerte, que es lo único seguro que tenemos. Mientras esperamos ese momento llenamos nuestra vida de estudios, hobbies, planes, trabajo y actividades. Algo parecido ocurre con ellos mientras esperan a Godot”.Sin embargo, insiste en que la intención del montaje no es entregar respuestas.“La obra de arte no termina en el lienzo, en el texto o en la película; termina en el cerebro del espectador. Cada persona le da sentido según su propia vida.”Reconoce además que se trata de una obra extensa, existencialista y perteneciente al teatro del absurdo, un género que suele desafiar la necesidad de encontrar explicaciones racionales para todo lo que sucede.“No hay que tener miedo de no entender, sino de dejarse sentir”, afirma.El equipo técnico de la obra está conformado por Carlos Núñez, en producción y asistencia de dirección; Gianni Candell, en iluminación y sonido; Gavica Real, en la realización de escenografía y mobiliario; y Velástegui, en la fotografía.Como parte de la experiencia, la directora adelanta que el público encontrará una puesta en escena visualmente dinámica, con efectos especiales y varias sorpresas que complementan el desarrollo de la historia.“Es una obra de mucho texto y de mucha razón, pero está contada de una manera muy entretenida visualmente. Hay efectos especiales y sorpresas que refrescan la experiencia del espectador”, concluye.Esperando a Godot se presenta en Estudio Paulsen con funciones los jueves, viernes y sábados (hasta el 19 de julio) a las 20:00. Las entradas tienen un valor de 20 dólares. (E)