Actualizado Jueves,
julio
17:20La costumbre no resta �pica. Es tan abrasadora la superioridad de Tadej Pogacar, tan inmensa su aura de ciclista que desaf�a los tiempos, que nada se le resiste. Su quinto Tour de Francia, su entrada al Olimpo donde le aguardan, bienvenido, Anquetil, Merckxs, Hinault e Indurain, puso su primera piedra en una ascensi�n que s�lo pronunciarla conduce a la leyenda. En el Tourmalet se desat� su furia, no un zarpazo esta vez si no un ataque progresivo, hasta la cima en solitario desde esos muros al cruzar La Mongie, una bajada todav�a m�s plena y los brazos en alto en el in�dito desenlace de Gavarnie-G�dre. Toda la belleza de los Pirineos a sus pies. Majestuoso. [Narraci�n y clasificaciones] Con todo por llegar a�n, especialmente esa �ltima semana de v�rtigo en los Alpes, la confirmaci�n de la tendencia lleg� en el cap�tulo uno. S�lo una desgracia en forma de ca�da o enfermedad puede frenar a Pogacar. Nadie est� ni siquiera cerca, sus piernas como dos motores de un F�rmula 1. Las distancias no fueron sentencia, pero casi. M�s de dos minutos y medio a Jonas Vingegaard -uno de los golpes m�s duros de su rivalidad-, el �nico enemigo que le derrot� en el pasado, tan lejos ya todo aquello. Tres al resto de mortales, los que luchar�n por el podio, por el honor de compartirlo. Entre ellos Juan Ayuso, sin alardes pero sin flaquezas, de t� a t� con Remco Evenepoel, Florian Lipowitz, Isaac del Toro o el heredero Paul Seixas. Ciclistas may�sculos, apenas hormigas ante el gigante esloveno sin embargo. La primera gran prueba del Tour lleg� nada menos que en el Tourmalet. Y no hay escenario m�s proclive a la leyenda, el puerto m�s subido, aquel que holl� Octave Lapize en 1910 como una aventura prehist�rica, la subida de los espa�oles y nadie como Bahamontes para honrarle. Por la vertiente de Sainte Marie de Campan, la trituradora en las rampas de La Mongie, el calor que aumenta el drama. El Aspin hab�a sido el aperitivo, aunque ya los nervios hicieron que hasta en las primeras rampas del gran d�a pirenaico, nada m�s dejar atr�s Lourdes, los l�deres se movieran, implacable Pogacar a los movimientos de Jorgenson y el Visma. El plan del UAE se despleg� de forma mec�nica, como los procesos industriales de una gran factor�a. Politt y su ritmo machac�n casi de salida, despu�s Wellens, que arremeti� en las primeras rampas ya del Tourmalet -los franceses Lenny Mart�nez y Paret-Peintre hab�an coronado el Aspin con una peque�a ventaja-, m�s madera con Grossschartner, un kil�metro y medio de McNulty que dej� el grupo ya con los elegidos, tiritando; 500 metros de Adam Yates y, a falta de cinco, Del Toro como si lanzara a un sprinter y al cabo ya Tadej en solitario, pues Vingegaard opt� por no cebarse, a�os de aprendizaje. En ese instante, esas rampas constantes del 10%, la m�stica, el sopor y el p�blico vibrante, todo patas arriba y cada uno encontrando, ahora s�, su lugar. Vingegaard rehaci�ndose y arrim�ndose por un momento al arco�ris. Se vio a siete y ocho segundos, un espejismo. Se iba a dejar 25 segundos en la m�tica cima y mucho m�s tras el descenso, una exhibici�n del esloveno a m�s de 100 kil�metros por hora. Ah� donde el ef�mero l�der Torstein Traeen se dej� el amarillo en una mala ca�da.Seixas, otro que fue de menos a m�s, el cap�tulo uno de su libro sobre el Tour, el franc�s llamado a reconquistarlo, junto a Lipowitz y Del Toro a menos de minuto y medio. Y otro grupito de elegidos con el bravo Ayuso, junto a Remco Evenepoel en el puerto que el a�o pasado le mando a casa, Skeljmose y Kuss, a menos de dos. Todos se juntar�an en la bajada y no se entender�an demasiado en las rampas, tendidas, hacia Gavarnie-G�dre. Un decorado majestuoso, sublime, patrimonio mundial por la UNESCO, del que Victor Hugo escribi� que era "el coliseo de la naturaleza": "Es una monta�a y un muro al mismo tiempo; es el edificio m�s misterioso del m�s misterioso de los arquitectos�. Quien lo iba a desentra�ar sino Pogacar, otro cap�tulo m�s de su grandeza, otro golpe a la historia del ciclismo.














