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Entre los muchos honores que distinguen su creación artística, Francisco (Pancho) Guerra García Campos ostenta el Premio Nacional de Pintura del Perú, además de haber obtenido un galardón de la Bienal de Arte Contemporáneo y el Primer Premio del II Concurso PopulArt “Pintemos Bellavista”.
Junto con sus murales coloridos, Pancho pinta retratos. No los elige al azar. Los estudia. Se adentra en la vida detrás de un rostro, se documenta, busca ingresar en las profundidades de lo que sus personajes vieron y sintieron.
Pancho es, indudablemente, uno de los pintores más conocidos en nuestra América contemporánea. Se me ocurre preguntarle de qué forma llegan los colores y la vida a su paleta. Se lo pregunté.
Me respondió que trabaja y me ofreció un ejemplo: Ramón Castilla, a quien ambos admiramos. Pancho estaba cansado de los retratos que nos ofrecen un Castilla apagado y viejo. Se le ocurrió entonces buscar otra etapa de su vida y recurrió a una novela loca que relata el tiempo en que Castilla caminó desde Río de Janeiro hasta Lima cuando tenía 20 años. En el mismo rostro dibujó unos ojos más aguerridos y se le ocurrió que su cielo sería como el de Van Gogh.








