Mark Carney lleg� al poder impulsado por la reacci�n en contra de las declaraciones del presidente Trump sobre convertir a Canad� en el estado n�mero 51, algo que muchos estadounidenses consideraron una simple ocurrencia. Pero para el nuevo primer ministro, tras leer informes de Inteligencia que detallaban la gravedad de la crisis, aquello fue el l�mite.En conversaciones telef�nicas privadas con el predecesor de Carney, Justin Trudeau, Trump hab�a amenazado con romper el acuerdo de 1908 que delimita su frontera compartida. "Rompo eso y todo tu pa�s se desmorona", le dijo Trump a Trudeau en una llamada, seg�n dos personas familiarizadas con el asunto.Para saber m�sDurante una cena en Mar-a-Lago, los enviados de Trudeau intentaron disuadir a Trump de absorber a su pa�s. Cuando un asesor de Trump se�al� que los 41 millones de habitantes de Canad� se inclinar�an hacia el Partido Dem�crata, el presidente ide� una soluci�n ingeniosa: simplemente dividir al vecino del norte en dos estados, uno republicano (rojo) y otro dem�crata (azul).Cuando Carney asumi� el cargo a principios de 2025, encarg� un an�lisis confidencial que discutir�a cara a cara con sus colaboradores m�s cercanos, ya fuera en su despacho o a bordo del jet oficial con el indicativo de llamada CanForce 1: �cu�n dependiente era Canad� de un pa�s en particular para el almacenamiento de datos, material militar, procesamiento de pagos e incluso alimentos?Fue el primer intento de Carney por resolver un enigma que terminar�a por obsesionar a los gobiernos de ambos lados del Atl�ntico: �qu� hacer cuando tu aliado m�s cercano se convierte en una amenaza?Su receta radicar�a en gran parte en Europa, donde Carney, ex gobernador del Banco de Inglaterra, hab�a forjado su pasado y ahora ve�a el futuro de Canad�. El banquero canadiense que nunca antes hab�a ocupado un cargo electo emerger�a como una inesperada figura central en un proyecto de alto riesgo para reconfigurar la comunidad econ�mica y militar conocida como Occidente.Desde la Segunda Guerra Mundial, la alianza hab�a funcionado como una rueda: EEUU como el eje indispensable y el resto como los radios. Carney argumentaba que Canad� y Europa tendr�an que construir un modelo alternativo, una "red densa de conexiones" que no dependiera excesivamente de ning�n pa�s en solitario. Su enfoque contrastaba con el de otro l�der influyente, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, quien instaba a Europa a redoblar su apuesta en la relaci�n con Trump, costara lo que costara, para evitar que Estados Unidos abandonara la alianza.Ambos representaban los polos opuestos de un debate de a�os que estaba llegando a su punto de ebullici�n en Europa, donde el Reino Unido, al igual que Rutte, apostaba fuertemente por su relaci�n especial con Washington. Francia, por el contrario, estaba ansiosa por construir una base tecnol�gica y de Defensa soberana propia en Europa, desde la computaci�n cu�ntica hasta sistemas de inteligencia artificial ajenos a Estados Unidos. Carney intentar�a influir en el resultado, sin provocar a la superpotencia que importa las tres cuartas partes de los bienes canadienses.En efecto, el intento de convertir a Canad� en el estado n�mero 51 de EEUU hab�a encendido la mecha de consecuencias imprevistas que se extender�an mucho m�s all� de Am�rica del Norte, mientras los aliados de ultramar se preguntaban si la alianza liderada por EE. UU. realmente podr�a perdurar.The Wall Street Journal habl� con jefes de Gobierno, sus ministros y altos asesores para reconstruir las reuniones a puerta cerrada donde la alianza comenz� a fracturarse. El Journal pudo revisar notas detalladas tomadas por algunos participantes. Esta es la segunda entrega de una serie de dos partes que revela el contenido de las deliberaciones entre los aliados de Estados Unidos sobre c�mo podr�an salvar su alianza -o prepararse para su desintegraci�n-.La portavoz de la Casa Blanca, Olivia Wales, declar�: "El presidente Trump cree que Canad� y todos los dem�s pa�ses de la OTAN deben asumir una mayor responsabilidad en su propia defensa. Deber�an haber estado ah� para Estados Unidos cuando est�bamos en medio de la exitosa Operaci�n Furia �pica" contra Ir�n. "El presidente Trump no permitir� que se aprovechen de nuestro pa�s", a�adi�.El jueves, el presidente public� un art�culo sobre las dificultades econ�micas de Canad� en Truth Social, anotado con dos palabras: "�Estado 51!".Un radical improbableCarney, el primer ministro nacido en los Territorios del Noroeste de Canad�, era un radical improbable, la viva imagen de la �lite global contra la que Trump hizo campa�a. Ex alumno de Harvard, Oxford y Goldman Sachs, y el primer extranjero en dirigir el Banco de Inglaterra, conservaba dos tel�fonos m�viles, incluso como primer ministro: uno canadiense y otro con n�mero brit�nico, junto con una lista de contactos de su �poca en Londres.Dirigir la libra esterlina tras la crisis de deuda europea le dej� una lecci�n duradera sobre c�mo una econom�a global dise�ada para la eficiencia se hab�a vuelto peligrosamente dependiente de un �nico punto fr�gil: Estados Unidos y su billete verde. Como gobernador del banco, propuso una "moneda hegem�nica sint�tica" que las econom�as medianas pudieran utilizar como alternativa al d�lar. El economista jefe del FMI en Washington calific� la idea de "intrigante" pero "improbable", afirmando que la fuerza del d�lar estadounidense emanaba de las "instituciones y el estado de derecho" de ese pa�s.La idea de Carney apenas tuvo eco, en parte porque la plante� la misma semana de agosto de 2019 en que se conoci� otra propuesta extravagante que al principio pareci� un chiste: Trump quer�a comprar Groenlandia.Y sin embargo, ahora, como l�der de Canad�, Carney plantear�a una versi�n ampliada del mismo argumento a los aliados m�s cercanos de Estados Unidos: que todo el sistema de seguridad global depend�a demasiado del T�o Sam. Su propio personal apenas pod�a seguirle el ritmo mientras enviaba mensajes de texto a l�deres europeos que conoc�a del mundo de las finanzas, como el banquero de Rothschild Emmanuel Macron, actual presidente de Francia; el ex presidente de la filial alemana de BlackRock, Friedrich Merz, actual canciller alem�n; y Alexander Stubb, del Banco Europeo de Inversiones, actual presidente de Finlandia.A solo dos d�as de asumir el cargo, Carney no viaj� a Washington -la primera parada convencional para un nuevo primer ministro canadiense- sino a Francia. De pie junto a Macron en el Palacio del El�seo de Par�s, calific� a Canad� como "el m�s europeo de los pa�ses no europeos".Durante un almuerzo privado, ambos l�deres intercambiaron ideas con entusiasmo sobre c�mo Francia y Canad� podr�an ayudarse mutuamente a reducir su dependencia de Estados Unidos. Canad� dispon�a de los minerales cr�ticos que necesitaba Francia, cuyas empresas tecnol�gicas respaldadas por el Estado estaban dando sus primeros pasos en los �mbitos de la IA y la computaci�n cu�ntica, dominados por EEUU.Los diplom�ticos franceses bromeaban diciendo que, dado que Canad� y Dinamarca comparten una frontera terrestre en una isla �rtica deshabitada frente a Groenlandia, eso podr�a convertir al pa�s norteamericano en un candidato leg�timo para obtener una adhesi�n por la v�a r�pida a la UE. Carney se rio.Relaciones especialesEl recibimiento fue m�s moderado en Londres, la siguiente parada de Carney. El Gobierno del primer ministro Keir Starmer se hab�a sobresaltado cuando el ejecutivo de Trudeau pregunt� discretamente a los jefes de la Inteligencia brit�nica si pod�an empezar a debatir c�mo unirse si EEUU abandonaba los Five Eyes (Cinco Ojos), la alianza de intercambio de inteligencia liderada por Washington. El MI6 los rechaz�, ya que la gran mayor�a de la inteligencia que flu�a por ese club proced�a de Washington. La idea nunca prosper�, seg�n funcionarios canadienses, y Carney no intent� sacarla a flote de nuevo.Starmer estaba m�s alineado con la convicci�n de Rutte de que pod�an salvar la alianza occidental adulando a Trump, y hab�a evitado mencionar p�blicamente la campa�a del presidente para anexionarse una naci�n de la Commonwealth brit�nica.Un gesto de apoyo provino del rey Carlos III, jefe de Estado de Canad�, quien plant� simb�licamente un arce rojo en el jard�n del Palacio de Buckingham. Cuando el rey plane� visitar Canad�, Starmer se mostr� nervioso por la posibilidad de provocar al presidente estadounidense, seg�n funcionarios implicados en aquellas conversaciones.Al igual que Carney, Starmer estaba llevando a cabo una revisi�n estrat�gica, reevaluando c�mo Reino Unido podr�a defender sus intereses en un mundo cambiante. Pero para cuando Carney realiz� su visita, el informe, ya redactado, planteaba una pregunta que la oficina de Starmer consider� provocadora: �Qu� pasar�a si Estados Unidos abandonara su "relaci�n especial"?Fiona Hill, principal asesora de Trump sobre Rusia en su primer mandato y ahora coautora del informe brit�nico, se mostraba esc�ptica sobre la capacidad de resistencia de Washington. Comparti� sus reflexiones con Carney, con quien hab�a coincidido en la Junta de Supervisores de Harvard. Trump, argumentaba Hill, era la respuesta estadounidense al l�der sovi�tico Mija�l Gorbachov: debilitaba a una superpotencia que pretend�a fortalecer. No logr� convencer al equipo de Starmer, que someti� el informe a meses de modificaciones para reafirmar la importancia de los lazos con EEUU.Carney tendr�a que intentar de nuevo ganarse a Starmer en noviembre, cuando coincidieron en el G-20 en Sud�frica. Estados Unidos boicoteaba la cumbre en protesta por lo que Trump hab�a calificado de "genocidio blanco", lo que dio a Carney m�s tiempo con Macron, el finland�s Stubb y el presidente del Gobierno espa�ol, Pedro S�nchez, quienes compart�an su perspectiva. Starmer, sin embargo, segu�a mostr�ndose cauteloso: Occidente ten�a que salvar su relaci�n con Estados Unidos, le dijo a Carney. "�No nos queda ninguna relaci�n que mantener!", replic� Carney.Durante el primer mandato de Trump, los funcionarios canadienses mantuvieron una l�nea de comunicaci�n con la Casa Blanca a trav�s de una red, a veces informal, de empresarios y pol�ticos que contaban con el o�do del presidente. Pero el elenco de personajes cambi� en el segundo mandato, lo que gener� frustraci�n.Cuando uno de los hom�logos europeos de Carney mencion� las dificultades que ten�an con las personalidades de la segunda administraci�n, dos funcionarios canadienses afirmaron que �l respondi�: "Tengo que lidiar con estos tipos todos los d�as".Una de las pocas constantes era el yerno de Trump, Jared Kushner. Poco antes de que Carney asumiera el poder, el gobierno de Otawa estaba desesperado por rebatir las afirmaciones sin fundamento de Trump de que Canad� se hab�a convertido en una fuente importante de fentanilo. Al pedirle consejo, Kushner sugiri� que produjeran un v�deo que pudiera convencer al presidente de que se tomaban en serio la seguridad fronteriza, seg�n los funcionarios canadienses.El gobierno de Trudeau contrat� a un equipo de filmaci�n para capturar a dos helic�pteros Black Hawk y a un perro rastreador en patrulla. En lugar de apaciguar a Trump, aquello pareci� avivar su inter�s por replantear la ubicaci�n de la frontera.Bajo el mandato de Carney, altos funcionarios canadienses empezaron a leer estudios cl�nicos sobre la impulsividad para comprender la psicolog�a de Trump, o biograf�as de su carrera empresarial y medi�tica. Especulaban con que su ofensiva por Canad� era una t�ctica de negociaci�n destinada a la "b�squeda de precios". En otras palabras: proponer una idea escandalosa y probar la reacci�n del mercado.Algunos asesores ten�an una teor�a diferente: que toda la idea del estado 51 era la forma que ten�a Trump de arremeter contra Trudeau mientras los �ndices de las encuestas del l�der canadiense ca�an. Pero Carney acab� descubriendo que �l tambi�n ten�a una diana en la espalda. A finales de 2025, EEUU hab�a impuesto aranceles severos a Canad� y las conversaciones comerciales estaban congeladas, con Trump ofreciendo p�blicamente una v�a para que Canad� evitara los aranceles: "Te conviertes en el 51".Los funcionarios canadienses buscaron apoyo en Europa. Pero pocos l�deres se pronunciaron. Para entonces, la UE ya ten�a su propio acuerdo comercial con Trump, asumiendo la crisis entre los dos aliados de la OTAN como simple ruido de fondo.Una sola piedra lanzada desde Mar-a-Lago romper�a esa falsa calma.La jugada de GroenlandiaKatie Miller, esposa del jefe de gabinete adjunto de Trump, cenaba con el presidente en enero, horas antes de que las fuerzas especiales capturaran al dictador venezolano Nicol�s Maduro, y not� que Trump estaba de humor reflexivo."Ojal� tuviera m�s tiempo", dijo Trump. "Si tuviera m�s tiempo, ir�a a por Groenlandia"."S� tienes tiempo", le asegur� ella. El 3 de enero, con Maduro ya bajo custodia estadounidense, public� en X una �nica y provocadora palabra: "PRONTO" (SOON), acompa�ada de una bandera estadounidense que cubr�a Groenlandia.La intervenci�n, de la que se hicieron eco funcionarios de la Casa Blanca, equivali� a una alarma de incendio en toda Europa. Pondr�a a prueba la paciencia del continente con la estrategia de Rutte de hacer concesiones a Trump y empujar�a a una masa cr�tica de l�deres a ver a EEUU tal como Carney hab�a advertido: un pa�s dispuesto a utilizar su dominio militar y econ�mico contra sus propios aliados.En Dinamarca, la primera ministra Mette Frederiksen convoc� una serie de reuniones informativas de emergencia con los jefes de Inteligencia, quienes consideraron que la propuesta iba en serio -no era un farol- y se�alaron a EEUU como una posible amenaza militar: "Ya no se descarta la posibilidad de emplear la fuerza militar, incluso contra aliados", conclu�a un informe del Servicio de Inteligencia de Defensa dan�s.El 6 de enero, ella y Carney se unieron a otros l�deres en un sal�n dorado del Palacio del El�seo en Par�s para una reuni�n programada de los partidarios de Ucrania. Antes de que comenzara, los l�deres congregados bajo el techo rococ� y las l�mparas de ara�a empezaron a debatir urgentemente sobre Groenlandia. Los hombres de confianza de Trump para Ucrania, Steve Witkoff y Kushner, estaban en otra sala, lo que dio tiempo a Frederiksen para presionar a sus hom�logos europeos en busca de apoyo a la soberan�a danesa y groenlandesa."Esto no se trata de ti o de m�", repet�a una y otra vez, "se trata de la solidaridad europea en un momento de crisis". Carney, al margen, promocionaba sus ideas de vincular m�s estrechamente a Canad� con Europa.El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, que se encontraba en la ciudad para recabar apoyo militar contra Rusia, parec�a exhausto cuando Witkoff entr� y se lanz� a un discurso centrado menos en la situaci�n del campo de batalla o en la ruptura de la alianza que en las oportunidades econ�micas que le esperaban a Ucrania si firmaba la paz con Putin. Mientras propon�a que Zelenski podr�a conseguir un acuerdo comercial con Estados Unidos y un esfuerzo de reconstrucci�n supervisado por BlackRock, el mayor gestor de activos del mundo, una asesora europea escribi� una nota para entreg�rsela a su primer ministro."Ya no podemos confiar en Estados Unidos, dec�a. Lo �nico que nos queda es el derecho internacional".Ese d�a, la Casa Blanca plante� la posibilidad de recurrir a la fuerza militar para adquirir Groenlandia. El Ministerio de Defensa franc�s se puso en contacto con el Pent�gono para pedir aclaraciones sobre las intenciones de la administraci�n, pero no obtuvo una respuesta clara. Los diplom�ticos destinados en la sede de cristal arqueado de la OTAN en Bruselas empezaron a abordarse en los pasillos y a agruparse por regiones, seg�n personas cercanas a las conversaciones, para debatir si su alianza se estaba rompiendo. Dinamarca ya estaba equipando a sus tropas �rticas para lo impensable: una guerra armada contra Estados Unidos.Rutte enviaba mensajes furiosamente a Trump en un intento por salvar la Alianza. Carney, por su parte, volaba en el CanForce 1 -su equipo prefer�a llamarlo simplemente por el nombre de su fabricante europeo, el Airbus- rumbo a China, donde firmar�a una "nueva asociaci�n estrat�gica" con Xi Jinping.En la suite de su hotel de Pek�n, Carney observaba c�mo se desarrollaban las noticias sobre Groenlandia en la televisi�n y debat�a con sus asesores si las exigencias de Trump le sobrevivir�an y se convertir�an en pol�tica de Estado de EEUU. Ten�a previsto pronunciar un discurso de apertura en el Foro Econ�mico Mundial de Davos —un d�a antes del discurso del propio Trump all�— y quer�a plantearlo como una llamada de atenci�n. Con su equipo, ensay� frases que esperaba que cayeran como un balde de agua fr�a, incluido un eslogan que Carney ya hab�a utilizado antes: "La nostalgia no es una estrategia".La visita de Carney a China -la primera de un l�der canadiense tras casi una d�cada de relaciones tensas- transcurri� sin contratiempos, para sorpresa de sus asesores. Los chinos hab�an investigado la urgencia con la que Canad� necesitaba compradores no estadounidenses para sus semillas de colza, y accedieron f�cilmente a rebajar los aranceles agr�colas a cambio de que Canad� recibiera 49 000 veh�culos el�ctricos chinos. "Tomamos el mundo tal como es", declar� Carney a los periodistas. "No como desear�amos que fuera".De camino a Suiza, durante una escala en Doha, se despert� a las 4 de la ma�ana para escribir su discurso de Davos en una �nica sesi�n de dos horas.Trump observ� desde el Air Force One c�mo Carney pronunciaba el discurso, mientras el p�blico de Davos se pon�a en pie para aplaudir con entusiasmo su clamor para que las naciones occidentales plantaran cara a las grandes potencias o "estar�an en el men�". Canad� era un pa�s "desagradecido", se quej� Trump ante sus asesores. Carney, sin mencionar expl�citamente a EEUU, fue m�s all� que cualquier l�der occidental a la hora de definir un manifiesto contra el estilo de gobierno de Trump: "No se puede vivir bajo la mentira del beneficio mutuo a trav�s de la integraci�n cuando la integraci�n se convierte en la fuente de tu subordinaci�n", afirm�.El ex jefe del Banco de Inglaterra se mov�a como pez en el agua esa noche por la estaci�n de monta�a suiza, donde estaba tan bien conectado que tuteaba al pianista canadiense que tocaba Piano Man de Billy Joel en la fiesta VIP del Hotel Europa, donde los invitados elogiaban su discurso.Rutte, de la OTAN, por su parte, estaba a punto de cerrar un borrador de acuerdo con Trump, cuyo pr�ximo discurso en Davos se anunciaba como el momento en que la alianza podr�a morir. El secretario general ofrec�a un plan vago para evitar una guerra comercial inminente. Los l�deres europeos, encabezados por Macron, amenazaban con golpear a Estados Unidos con una combinaci�n de aranceles y otras medidas de represalia que hab�an apodado el bazuca. El rendimiento de los bonos estadounidenses alcanzaba m�ximos de cinco a�os, lo que encarec�a los costes de endeudamiento de EEUU.Cuando Rutte pas� junto a una bandera azul marino de la OTAN para reunirse con el presidente, se encontr� con una comitiva de cinco miembros del gabinete de Trump, todos ellos calzando zapatos de vestir Florsheim id�nticos. El neerland�s asumi� el ya familiar papel de consejero emp�tico. "Podemos ayudar", dijo Rutte, proponiendo que la OTAN podr�a reforzar la seguridad en el �rtico. El presidente retir� su amenaza de usar la fuerza militar.Pero Trump no se guard� los reproches hacia Carney cuando pronunci� su discurso ese d�a. "Canad� vive gracias a Estados Unidos", declar�. "Recuerda eso, Mark, la pr�xima vez que hagas tus declaraciones".'Ganar tiempo'La noche siguiente, el alto l�der de la UE Ant�nio Costa reuni� a casi 30 jefes de gobierno en la sede del Consejo Europeo, conocida como El Huevo del Espacio, en lo que se convirti� en una emotiva conversaci�n de cinco horas sobre EEUU que algunos calificaron como "la noche de terapia". Un exhausto funcionario del servicio diplom�tico de la UE llam� despu�s al Consejo de Seguridad Nacional de Carney para decirle que la reuni�n hab�a marcado un antes y un despu�s en la relaci�n de Europa con Estados Unidos.Los europeos planearon reunirse de nuevo, esta vez el 12 de febrero, en un castillo belga construido por los Caballeros Templarios, para mantener un debate que Costa clasific� bajo el ep�grafe de "un nuevo contexto geoecon�mico". Los l�deres que iban llegando sab�an lo delicada que ser�a la conversaci�n. A cada uno se le exigi� que depositara sus tel�fonos m�viles en una funda que bloqueaba las se�ales. Discutir�an c�mo, junto a Canad�, estaban intensificando una ingente campa�a para dotarse de capacidades tecnol�gicas y de defensa que no estuvieran bajo control estadounidense.Su plan estaba evolucionando hacia una delicada maniobra en dos tiempos. Rutte aprovechaba su relaci�n personal con Trump para mantener a EEUU comprometido con la OTAN el mayor tiempo posible. Al mismo tiempo, los aliados intentaban desvincularse de una dependencia de d�cadas de la tecnolog�a, el poder militar y el comercio estadounidenses, sin provocar a Washington."Los l�deres reconocieron por fin una verdad inc�moda: la econom�a europea hab�a perdido su ventaja competitiva", declar� uno de los primeros ministros presentes en la sala, el b�lgaro Rosen Zhelyazkov. "Reconocimos que la confrontaci�n directa con EEUU era tanto innecesaria como contraproducente; la soluci�n requer�a ganar tiempo".Los aliados comenzaron a acelerar la inversi�n en el espacio, la defensa, la computaci�n cu�ntica y los sistemas de pago, con el fin de construir redes en la nube, centros de datos y sistemas de defensa que pudieran funcionar sin la tecnolog�a estadounidense. En casi todos los aspectos, Europa se encontraba muy rezagada.Los 10.000 sat�lites Starlink de Elon Musk gestionaban algunas de las conversaciones gubernamentales m�s confidenciales de Europa y los datos que sus armas utilizaban en Ucrania. La UE aceler� su calendario para lanzar varios centenares de sat�lites europeos para que los gobiernos pudieran comunicarse de forma segura a trav�s de redes no estadounidenses.Europa iba a tener que gastar cientos de miles de millones de d�lares para replicar sistemas que tradicionalmente suministraba Estados Unidos. Carney, en otro almuerzo con Macron en el Palacio del El�seo y durante una sesi�n de carrera a pie por el Hyde Park de Londres con el finland�s Stubb, analiz� c�mo Canad� podr�a integrarse mejor en esos sistemas y potenciarlos. En febrero, Canad� se incorpor� a un nuevo fondo de defensa de la UE de 150 000 millones de euros y puso en marcha la Alianza por la Tecnolog�a Soberana con Alemania, para profundizar la colaboraci�n en materia de seguridad de la IA y capacidad de c�mputo.Funcionarios canadienses y europeos empezaron a reunirse con mayor frecuencia para mantener debates que en otro tiempo habr�an incluido a sus hom�logos estadounidenses. Durante los preparativos del G-7, los funcionarios se reunieron en la ciudad francesa de Toulouse en marzo, para debatir sobre computaci�n cu�ntica, seguridad alimentaria e IA, entre conversaciones sobre c�mo Canad� se incorporar�a al programa de intercambio de estudiantes de Europa, Erasmus, o a su festival de la canci�n, Eurovisi�n.Antes de la cita, algunos de los principales responsables de la seguridad nacional de Carney dejaron de utilizar Starlink.Francia, por su parte, orden� a sus 2,5 millones de funcionarios que sustituyeran Microsoft Teams y Zoom por Visio, una plataforma de videoconferencia de fabricaci�n nacional. Alemania, Francia, Luxemburgo, los Pa�ses Bajos y B�lgica empezaron a implantar sus propios servicios de mensajer�a aut�ctonos, disuadiendo a los funcionarios de gestionar asuntos oficiales a trav�s de WhatsApp, de Meta Platforms. Los funcionarios alemanes se quejaban de la rigidez del software no estadounidense que ahora se esperaba que utilizaran. El parlamento alem�n aprob� una ley que favorec�a a los proveedores europeos para sus necesidades de defensa."Incluso si Biden volviera, ya no ser�a lo mismo", afirm� Alice Rufo, viceministra de Defensa de Francia. "El tiempo de las advertencias ha terminado. Ahora es el momento de actuar".El Pent�gono declar� que tomar�a represalias si la UE aprobaba pol�ticas que favorecieran a los fabricantes de armas nacionales. Para calmar los �nimos, Rutte visit� el Despacho Oval en abril, aportando documentos que detallaban cu�ntos miles de millones de d�lares en armamento estadounidense segu�a comprando Europa. "Quiz� no se haya dado cuenta", dijo, con cuidado de no dar a entender que el presidente desconoc�a esos datos.El presidente amenaz� con abandonar la OTAN. "No, no lo har�", replic� Rutte.Esta semana, Rutte lleva a la cumbre de la OTAN en Ankara un nuevo y pegadizo eslogan: "El bill�n de Trump" (The Trump Trillion), su estimaci�n aproximada de cu�nto m�s han gastado Europa y Canad� en defensa desde el primer mandato del presidente.El equipo de Carney ha estado presentando discretamente sus ideas al probable pr�ximo primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, cuyo principal asesor econ�mico fue en su d�a el segundo de Carney en el Banco de Inglaterra. Asimismo, trabaja con el presidente finland�s, Stubb, en un art�culo, a�n no publicado, sobre c�mo pueden sus pa�ses navegar en un orden mundial cambiante.A trav�s de mensajes de texto, los responsables de la seguridad europea compartieron recientemente un chiste ir�nico sobre las fisuras de la Alianza que se ha vuelto sombr�amente serio: si Trump cumple sus amenazas de abandonar la OTAN, dada la geograf�a de Canad�, la alianza podr�a al menos conservar el nombre: Organizaci�n del Tratado del Atl�ntico Norte.Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido del ingl�s por V. Hdez
El canadiense que alej� a Europa de EEUU
Mark Carney lleg� al poder impulsado por la reacci�n en contra de las declaraciones del presidente Trump sobre convertir a Canad� en el estado n�mero 51, algo que muchos...







