Ahora que el curso escolar finaliza, es hora de hacer balance de las mayores huelgas que ha visto el sector educativo desde el año 88. Decenas de miles de docentes de distintos lugares han secundado las huelgas y movilizaciones con unos niveles de organización que no se habían visto en décadas.PublicidadSi bien este curso estos dos territorios que aquí analizamos han sido el epicentro de la lucha del personal educativo, ha habido huelgas y grandes movilizaciones en casi todas las Comunidades Autónomas. Sin olvidar que para el próximo curso se plantea una huelga indefinida en Madrid y en Catalunya y Pais Valencià se retomarán las movilizaciones y los paros.Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí?Esta revuelta educativa tiene su origen en dos pilares fundamentales. Por un lado la degradación de las condiciones laborales (pérdida de poder adquisitivo desde la época de los recortes posteriores a la crisis de 2008, unido a un aumento de la burocracia, la complejidad en las aulas o la pérdida de democracia en los centros), y, por otro, la falta de financiación acorde a todos los retos que plantea la escuela pública hoy día.La educación, al igual que el resto de servicios públicos, sufre un proceso de mercantilización y degradación estructural, que se ha mantenido en distintos lugares del Estado y bajo distintos gobiernos. En cambio, la concertada, que en términos generales acoge al alumnado con mejores condiciones socio-económicas, recibe cada vez más fondos públicos.El caso catalánEn Catalunya, hace 3 años las protestas hicieron caer al conseller Cambray (ERC). Ahora, con un gobierno del PSC, se ha conseguido construir un movimiento del personal educativo tras meses de preparación, detectando las principales reivindicaciones de las trabajadoras. Ante un seguimiento de las huelgas, manifestaciones y diferentes acciones sin precedentes en los últimos años, el gobierno “socialista” intentó contener la situación en marzo de este año llegando a un acuerdo con CCOO y UGT, que únicamente representan el 22% en educación pública. La respuesta del personal docente fue unánime, un 95% votó en contra del acuerdo y apostó por continuar con la lucha. Fruto de estas nuevas jornadas de huelga se ha conseguido mejorar dicho acuerdo, pero las bases han vuelto a rechazarlo, pues pese a que en materia salarial suponía un avance, dejaba sin resolver los grandes problemas del sistema educativo, como las elevadas ratios (alumnos por aula). Además, se sigue insistiendo en la reivindicación de que se invierta un 6% del PIB en educación. Ahora mismo a duras penas llega a la mitad, pese a que la LEC (Ley Educativa de Catalunya), de 2009, recogía dicho objetivo en un plazo de 8 años. La VI Asamblea Educativa de Catalunya se ha reunido el pasado 20 de junio y ha instado a continuar con las huelgas a inicio de curso, fechas que se concretarán en las próximas semanas.PublicidadLa situación en el País ValenciàLa situación política en el País Valencià parece opuesta a la catalana, pues quien gobierna es el Partido Popular con el apoyo de Vox. Sin embargo, los problemas de la educación pública son similares y, por ello, la respuesta del profesorado también lo ha sido. Tras dos jornadas de huelga en diciembre de 2025 y marzo de 2026, fue constituyéndose un amplio movimiento de asambleas docentes en cientos de centros educativos. Agrupadas en la Coordinadora d’Assemblees Docents del País Valencià, empujaron a la mayoría sindical (STEPV, CCOO y UGT) a iniciar una huelga indefinida el 11 de mayo. El seguimiento fue masivo durante las primeras semanas, destacando el gran impacto de las movilizaciones y el fuerte apoyo social a las demandas del profesorado. Pese a ello, el gobierno valenciano asumió una irresponsable estrategia de desgaste, alargando las negociaciones con el objetivo de prolongar el conflicto y agotarnos económicamente. Como parte de estrategia, la derecha sindical (ANPE y CSIF), que inicialmente había apoyado la convocatoria, firmó unilateralmente una ridícula subida salarial, pese al rechazo de la gran mayoría de docentes. Tras más de un mes de huelga indefinida, el gobierno valenciano ofreció una propuesta de acuerdo con varias mejoras en distintos aspectos. Sin embargo, el profesorado volvió a rechazar el acuerdo, consciente de que la lucha da resultados, de que merecemos más y de que podemos conseguir más. La lucha seguirá el próximo curso.¿Qué enseñanzas nos está aportando este ciclo de luchas?En primer lugar, que la lucha y, en concreto, la realización de huelgas, sirve. Frente al discurso desmovilizador que nos dice que las huelgas no producen cambios, hemos visto cómo se han conseguido arrancar mejoras gracias a romper la normalidad del sistema educativo. Porque si bien los trabajadores de la educación no producimos para un capitalista y por lo tanto cuando paramos no afectamos a la generación de plusvalía, sí que tenemos la capacidad de alterar el funcionamiento del sistema. Por eso las huelgas han ido acompañadas de otras acciones como paros de carreteras.La lucha educa. La mayoría de las personas que se han involucrado en las protestas no tenía un bagaje organizativo anterior. Participar en una asamblea de trabajadoras de centro, organizarse para cortar una autopista a primera hora, discutir cuáles deben ser las prioridades del movimiento, son una escuela de lucha y concienciación para decenas de miles de personas.Estas movilizaciones suponen un dique de contención contra la extrema derecha. Relacionado con lo anterior, y en un momento de auge reaccionario, la ultraderecha se ha visto completamente marginada y desubicada del conflicto, donde no ha habido espacio para que pudiera infectar con su propaganda.No hemos asistido a un conflicto meramente laboral, si no que luchamos por una educación pública, de calidad, con los recursos necesarios. Eso nos ha permitido generar alianzas con otros colectivos en lucha, (especialmente otros servicios públicos en proceso de degradación), con el movimiento por la vivienda y especialmente con las familias a través de las AFAS. Este, de hecho, será uno de los puntos a reforzar el próximo curso. La lucha no solo debe ser docente sino de toda la clase, por unos servicios públicos de calidad y, en concreto, para una educación lo mejor posible para los hijos e hijas de la clase trabajadora.La unidad del colectivo es nuestra mayor fuerza. Eso implica unidad de las plantillas en cada centro, unidad sindical,y unidad entre sindicatos y movimiento asambleario. Por eso la Administración ha querido romper esta unidad, firmando precipitadamente con sindicatos minoritarios en el sector. Ha sido la organización desde la base quien ha hecho fracasar esta política en ambos lugares. Pese a ello, también se ha desvelado el peligro de que las organizaciones sindicales se vean dominadas por los intereses de gobiernos afines, por lo que es fundamental garantizar un sindicalismo que sólo responda ante la clase trabajadora, y no ante ninguna institución.En momentos de flujo de la movilización surgen formas organizativas que, a menudo, son espontáneas. Esto es algo completamente normal y lo importante es poder vehicular estos espacios, para que sean los más útiles para la lucha y que no supongan un foco de división respecto a estructuras más consolidadas, como son los sindicatos. De hecho, aunque ha habido una presencia minoritaria de discursos antisindicales (desde cierta ingenuidad, que recordaba a algunos momentos del 15M), en general se ha producido un acompasamiento entre el movimiento asambleario y el sindical. El primero, organizando directamente al profesorado y siendo el elemento más dinámico. El segundo, aportando la experiencia, la estructura, y a fin de cuentas, siendo quien negocia con la Administración.Por último, pero no menos importante, comprobamos en estos dos casos que los partidos gestores del capital, PP y PSOE, actúan de manera similar. Aunque no negamos las diferencias entre ambas organizaciones, ha sido un gobierno del PSC quien ha infiltrado policías en las asambleas educativas, quien ha hecho un plan piloto para poner mossos d’esquadra en los centros educativos, y quien se niega a invertir el mínimo que el propio Parlament acordó.En definitiva, el movimiento educativo que hemos visto en este curso ni mucho menos ha finalizado. Somos conscientes de que la batalla no será ni breve ni fácil, pero con la unidad, organización y combatividad del colectivo, así como con las alianzas que vayamos consolidando, las reivindicaciones se tendrán que imponer. Y esta victoria educativa, debe servir de ejemplo e impulso para luchar por la sanidad pública, garantizar el acceso a una vivienda, recuperar el poder adquisitivo perdido en estos años de inflación y, en definitiva, para que nuestra clase pase de una vez por todas a la ofensiva.