Hay gestos que definen una época. Un futbolista estadounidense, Folarin Balogun, había sido expulsado con tarjeta roja y, de acuerdo con el reglamento de la FIFA, debía cumplir un partido de sanción. No iba a jugar contra Bélgica. Sin embargo, apareció Donald Trump. Hizo una llamada al presidente de la FIFA y, pocas horas después, la suspensión no existía. Él mismo fue proclamándolo a los cuatro vientos. La escena recuerda a los emperadores romanos. Calígula nombró senador a su caballo Incitatus porque quería demostrar que su voluntad estaba por encima de cualquier institución. Nerón utilizaba los Juegos para exhibirse, mientras jueces y participantes entendían perfectamente cuál era el resultado esperado. El mensaje era idéntico: la ley existe para los demás; el emperador está por encima de ella.La sanción y posterior perdón de Balogun ha desatado un escándolo CARL RECINE / AFPEste episodio sucede cuando EE.UU. conmemora el 250.º aniversario de su Declaración de Independencia. Aquel texto fundacional proclamó que todos los hombres son creados iguales, poseen derechos inalienables y los gobiernos obtienen su legitimidad del consentimiento de los gobernados. La nación defensora de la libertad y la democracia contempla ahora cómo su presidente exhibe lo contrario: la convicción de que una llamada personal puede alterar las reglas comunes.EE.UU., defensor de la libertad y la democracia, ve cómo su presidente exhibe lo contrarioEl fútbol ha sobrevivido durante décadas porque los aficionados aceptan una premisa básica: el resultado se decide en el campo y las reglas son iguales para todos. Cuando esa convicción desaparece, surge la sospecha permanente. ¿Qué otras decisiones podrán cambiarse si llama la persona adecuada? ¿Qué federación tendrá el mismo trato? ¿Qué selección competirá realmente en igualdad de condiciones? Roma no cayó el día en que un emperador abusó de su autoridad, sino cuando aquellos abusos dejaron de sorprender, porque senadores, magistrados y ciudadanos asumieron que la voluntad imperial era todopoderosa.Doscientos cincuenta años después de que Estados Unidos proclamara que ningún gobernante debía situarse por encima de la libertad de los ciudadanos, el mayor riesgo no es una llamada a la FIFA. El verdadero peligro es que esa llamada deje de escandalizar. El emperador norteamericano levantó el teléfono y bombardeó al mundo.
La llamada del emperador, por Maria de la Pau Janer
Hay gestos que definen una época. Un futbolista estadounidense, Folarin Balogun, había sido expulsado con tarjeta roja y, de acuerdo con el reglamento de la FIFA, debía cumplir un partido de sanción. No iba a jugar contra Bélgica. Sin embargo, apareció Donald Trump. Hizo una...











