Pedro y Lucía Sánchez son padre e hija. Los dos son pilotos y, además de profesión, comparten la compañía en que trabajan: Vueling. Pedro lleva más de 20 años en la aerolínea y es comandante. Por su parte, Lucía hace dos años que ha comenzado su trayectoria. Durante años, Lucía escuchó las anécdotas que su padre traía de cada vuelo. Ahora es ella quien regresa a casa con nuevas historias que contar. Forman parte de dos generaciones, con una misma vocación. Para Pedro Sánchez la aviación nunca ha sido únicamente un trabajo. Habla de ella con el mismo entusiasmo que alguien que acaba de descubrir aquello a lo que quiere dedicar su vida. “Mi ilusión es la misma que cuando tenía 19 años”, asegura. Quizá por eso, cuando le preguntamos con qué palabra definiría su profesión, responde sin dudar: “Vocación”. Una vocación que sigue intacta y que hoy vive de una manera aún más especial al ver cómo su hija recorre su mismo camino.“Ahora vivo las mismas realidades y entiendo mucho mejor lo que nos contaba mi padre sobre la profesión de piloto”, explica LucíaMientras, para Lucía, aunque se haya incorporado este año a Vueling como copiloto, la cabina de un avión siempre ha sido un lugar familiar. Creció escuchando hablar de vuelos, de operaciones y de decisiones tomadas a miles de pies de altura. “Desde pequeña me ha llamado mucho la atención lo que nos transmitía mi padre de su trabajo”, explica. No obstante, su decisión de dedicarse a la aviación fue puramente personal. “Lo importante, siempre, es lo que llevas dentro”, nos dice. Aquella curiosidad infantil acabó convirtiéndose en una decisión propia.El inicio de una vocaciónLa historia de Pedro con la aviación comenzó cuando tenía 17 años. Vivía en un pueblo de Ávila y cursaba COU cuando tuvo la oportunidad de acercarse por primera vez al mundo aeronáutico. “Me apunté a un curso, tuve mi primer contacto y aquello me marcó”, recuerda. Y esa simple curiosidad adolescente se convirtió en una carrera profesional. Sin embargo, confiesa que el momento que le hizo sentir por primera vez que era piloto profesional fue cuando hizo su primer vuelo en solitario: “esa sensación de libertad es lo que realmente te marca”, explica.Padre e hija coinciden en desmontar algunos estereotipos que existen en torno a la profesión. Detrás de cada vuelo hay muchos años de preparación y estudio. “Ser piloto no es hacerse un curso y empezar a volar”, comenta Pedro. “Exige un entrenamiento tanto físico como intelectual. Hay que estudiar y luego saber aplicarlo”.Padre e hija, en la cabina de un avión en tierra de Vueling, donde hoy comparten profesiónVuelingA Lucía, esa realidad no le pilló por sorpresa. Durante años, su padre compartió con ella las experiencias y las situaciones reales que experimentaba, lo que le hizo conocer la exigencia de su actividad laboral desde dentro. “Mi padre fue una referencia cercana que me dio la oportunidad de conocer una profesión que me fascinaba”, nos explica.¿Y qué siente un padre cuando su hija le dice que quiere dedicarse a su misma profesión, que quiere ser piloto? Pedro confiesa haber sentido emociones encontradas. “Fue una mezcla entre orgullo, porque quería ser piloto como yo, y responsabilidad, porque sé lo que eso conlleva”, explica.Cuando su hija le dijo que quería ser piloto como él, Pedro sintió, nos confiesa, “una mezcla entre orgullo y responsabilidad”Entre los recuerdos que ambos conservan con más cariño está la primera vez que Lucía acompañó a su padre en la cabina. “Todo lo que escuchas desde casa lo ves delante de ti”, rememora ella. Pedro sonríe al recordar aquel día y cuenta que quiso que entendiera la realidad de la profesión en ese mismo momento. “La llevé a un vuelo a las cinco de la mañana para que viera que la aviación es exigente”, nos dice. “No quería que pensara que esto consiste simplemente en hacer un vuelo a las 12 del mediodía y volver a casa”.Con el paso de los años, su vínculo se ha fortalecido. “Trabajar juntos refuerza la relación”, nos dice Lucía. “Cuando era pequeña había cosas que veía de mi padre y no entendía”, explica. Ahora, sin embargo, “vivo esas mismas realidades y entiendo mucho mejor lo que nos contaba”. Y eso, en cierto modo, refuerza la relación, ya que, continúa Lucía, “compartimos muchas más cosas”. Pedro coincide plenamente. Para él, ver a su hija convertirse en piloto es un orgullo. “He cumplido medio sueño”, nos dice. “Ahora me queda el otro medio, que será hacer un vuelo juntos”.Dos generaciones de pilotosLas carreras de Pedro y Lucía están separadas por varias décadas de evolución tecnológica, pero unidas por los mismos valores. El padre ha sido testigo de cómo la profesión ha cambiado profundamente. Recuerda la época en la que gran parte de los procesos eran manuales y el trabajo en cabina dependía de procedimientos menos automatizados. “Antes era papel y bolígrafo”, explica, “ahora la gestión de sistemas está completamente automatizada”. También resalta la transformación en todo lo relacionado con la cultura operativa y los sistemas de seguridad.Pedro y Lucía comparten profesión, compañía y una historia familiar ligada a la aviaciónVuelingNo obstante, hay aspectos que permanecen intactos. “Lo que no ha cambiado es la responsabilidad y la toma de decisiones”, afirma. Son precisamente esos valores los que Lucía identifica como el principal legado de la generación de pilotos de su padre. “Han sido un referente para nosotros”, asegura, “siguen transmitiendo los valores fundamentales que necesita esta profesión y el respeto que requiere”.Pero el aprendizaje no fluye solo en una dirección. También Pedro aprende cada día de su hija y reconoce que una de las cosas que más le han sorprendido es su serenidad. “Cuando empiezas, lo vives todo muy rápido y con muchos nervios”, comenta. Sin embargo, su hija “tiene la cabeza fría”. Una cualidad que considera especialmente importante en una profesión donde la precisión resulta esencial.Vueling como punto de encuentroY si la familia y la aviación es el hilo conductor de esta historia, Vueling es el lugar donde las trayectorias convergen. Pedro lleva casi veinte años en la compañía y tiene muy claro que Vueling es parte de su identidad. “Es donde he evolucionado como piloto, donde he tenido que tomar decisiones importantes y donde he vivido gran parte de mi carrera”, explica. Existe, pues, un vínculo emocional va más allá de lo laboral y está asociado a un sentimiento de profundo orgullo profesional.Al mismo tiempo, Lucía ha crecido oyendo hablar de Vueling y su relación con la aerolínea es muy anterior a que se incorporara ella. “Para mí es como casa”, nos dice. “Cuando imaginaba un avión, siempre era un avión de Vueling, que es lo que he visto desde pequeña”.Ser compañeros en la misma empresa tiene un significado especial. “Supone tener una identidad profesional compartida”, explica Pedro. Trabajan con los mismos procedimientos, utilizan el mismo lenguaje, afrontan situaciones similares… “Entre nosotros, cualquier conversación sobre aviación termina en Vueling y empieza en Vueling”, observa.Una imagen captada por Lucía durante uno de los vuelos en los que se cruzó con su padreLucía SánchezY esa historia, esa saga familiar en Vueling, también despierta la simpatía entre sus compañeros. Lucía nos explica que cuando comenta quién es su padre, la reacción siempre es positiva. Una percepción que coincide con la vivencia de Pedro, que asegura que “todo el mundo se alegra cuando se entera” del vínculo familiar que comparten.Mucho más que una profesiónMás allá de los uniformes y las horas de vuelo, Pedro y Lucía comparten una manera muy similar de entender la aviación. Lucía siempre ha admirado la pasión con la que lo vive su padre. “Ver que después de tantos años lo sigue disfrutando igual me transmite mucha ilusión, es un ejemplo para mí”, señala. También destaca los valores que le ha enseñado: el compañerismo, la disciplina y la forma de afrontar cada reto profesional. Pedro, por su parte, asegura que la aviación le ha enseñado a tener paciencia y centrar mucho la atención hacia los demás. Aprendizajes estos tan importantes como cualquier conocimiento técnico.“Para mí Vueling es como casa”, nos dice Lucía Sánchez. “Cuando de pequeña imaginaba un avión, siempre era un avión de Vueling”Quizá por eso ambos coinciden en que existen experiencias imposibles de explicar desde fuera. La responsabilidad que se siente al cerrar la puerta de una cabina, la presión de determinadas decisiones o la satisfacción de completar un vuelo son emociones que comparten entre ellos sin necesidad de demasiadas palabras. Una y otro se convierten en un apoyo familiar y profesional.Y mientras esperan el día en que puedan realizar juntos ese vuelo que ambos anhelan, Pedro y Lucía siguen escribiendo una historia que demuestra que la pasión de ser piloto puede atravesar generaciones. La de una de esas sagas familiares que nacen en casa, entre historias de vuelos y sueños compartidos y que terminan encontrándose en el mismo destino, que terminan encontrándose en Vueling.
De padre a hija: dos generaciones de pilotos unidas por una misma vocación
Pedro y Lucía Sánchez representan dos generaciones de pilotos unidas por una misma vocación que nació en casa y se consolidó en Vueling, la aerolínea en la que trabajan






