Las comarcas del sur son el generador eléctrico de Cataluña. Las centrales nucleares de Ascó y Vandellós producen cerca del 60% del consumo del país, que mayoritariamente gasta el área metropolitana de Barcelona. En Tarragona también albergan dos de las cinco grandes centrales eléctricas de ciclo combinado. Además, la mayoría de los parques de energías renovables eólicas se han situado en la Terra Alta, el Baix Ebre y la Conca de Barberà, entre otras comarcas meridionales.La energía hidroeléctrica se concentra en el Pirineo, aprovechando los cursos de los ríos Segre, Noguera Ribagorçana y Pallaresa, además de los saltos del Ter y el Llobregat, pero nuevamente los embalses del Ebro son también grandes aportadores energéticos, con Riba-Roja a la cabeza. La producción solar se distribuye más homogéneamente por todo el territorio, aunque alguno de los grandes proyectos de parques de producción solar se situará en comarcas como el Alt Camp.Cataluña tiene el ambicioso y necesario reto de llegar a la neutralidad climática en el año 2050 con toda la energía generada de forma sostenible, según recoge el documento del plan estratégico Prospectiva Energètica de Catalunya 2050 (PROENCAT). Para alcanzarlo, en 2030 se ha fijado el objetivo legal de gastar la mitad de la demanda eléctrica obtenida de forma limpia. Actualmente, el porcentaje no alcanza el 20% del consumo catalán total.Ha llegado el momento de que el país se solidarice con este objetivo, evitando que sean solo algunas comarcas del sur las que paguen el turbamiento visual de los molinos de viento y las placas solares, o el impacto ambiental de las grandes barreras de hormigón que cortan el río Ebro. Durante muchos años sus habitantes ya han vivido con la incertidumbre del riesgo nuclear y petroquímico.El retraso con las renovables en Catalunya es colosal. La negativa de muchas partes del territorio de albergar parques eólicos como en el Alt Empordà o la Terra Alta, o proyectos de campos solares en las comarcas de la Anoia, el Urgell, el Bages, la Cerdanya o la Conca de Barberà, es comprensible. Sin embargo, dada la emergencia climática, es difícilmente justificable. Como también lo es que los máximos devoradores de electricidad, Barcelona y los municipios de su área metropolitana, no sean participes de la solución, dejando que solo hablen algunas “ilustres” voces de propietarios que poseen segundas residencias y que se quejan del ruido que harán los molinos de viento o de lo antiestéticas que serán las placas solares desde su jardín veraniego.Se ha esperado mucho y ahora es tarde, el cambio climático apremia y Cataluña debería ser valiente, empezando por los políticos. Se necesita respetar la soberanía alimentaria porqué los parques solares ocupan grandes partes de zonas agrícolas, la solución seguramente es que los tejados se llenen de placas. Y en Barcelona de azoteas sobran. Sería preciso no masificar las zonas que ya han hecho una gran contribución y están al límite, incluso de su paciencia. Los espacios rurales acaban siendo dirigidos a distancia por las políticas y las inversiones urbanas, escribe Vanesa Freixa en su libro Ruralisme. Hagamos, por una vez, que sea diferente.