Imagina que un neurocientífico que estudia a las personas que tienen una obsesión convierte la búsqueda de los retratos de esas personas en su propia obsesión. Este es el caso de Javier Burgos, un investigador español que en 2017 inició una larga investigación sobre cinco obras maestras perdidas del pintor romántico Theodore Géricault: el retrato de cinco pacientes psiquiátricos consumidos por “monomanías”.
La mitad de esta insólita colección se esfumó sin dejar rastro tras una subasta hace 200 años. Para encontrar estos cuadros, Burgos decidió romper las reglas del mundo del arte: sabiendo que los lienzos no estaban firmados ni existían referencias previas, aplicó la implacable lógica científica. En lugar de buscar en catálogos pictóricos, se sumergió en los viejos historiales médicos de los pioneros de la psiquiatría (los alienistas) para rastrear las descripciones clínicas exactas de las enfermedades que el artista tuvo que haber retratado.
Lo que sigue es una trepidante aventura detectivesca que arranca a partir de las pistas más insospechadas. Tirar de ese hilo lo llevó a viajar a oscuras por Europa justo cuando estallaba la pandemia global. Su instinto y perseverancia le abrieron las puertas de recónditas galerías y herméticas colecciones privadas, donde por fin pudo toparse cara a cara con algunos de estos rostros olvidados, confirmando sus increíbles hallazgos a través de detalles ocultos que habían pasado desapercibidos durante doscientos años.






