Con unas 80 libras de equipo sobre los hombros, entre ellas la llamada "quijada de la vida", el bombero voluntario Rogel Mazariegos avanzó por una zona boscosa de San Miguel Pochuta, Chimaltenango, después de que las condiciones climáticas impidieran que el helicóptero regresara por él. “Las personas que estuvieron ahí en el lugar y me ayudaron a salir fueron unos ángeles que Dios puso en mi camino”, relató.

El caso ocurrió durante las labores de rescate por el accidente aéreo de la aeronave Beechcraft 35 Bonanza, matrícula TG-PIP, que dejó fallecidos a sus ocupantes en un área de difícil acceso en San Miguel Pochuta. Autoridades reportaron que las tareas de recuperación se complicaron por la vegetación, la lluvia y la ubicación del siniestro.

Durante el programa Impacto Directo, de Guatevisión, Mazariegos explicó que fue activado como parte de un segundo grupo de apoyo de los Bomberos Voluntarios. Su misión era llegar al área del impacto y apoyar a compañeros que habían permanecido en la montaña por las condiciones adversas.

El peso, la niebla y una decisión: esperar o salir

Mazariegos contó que el clima cambió mientras se encontraba en la zona del accidente. La visibilidad se redujo y las aeronaves ya no podían ingresar con seguridad. En ese momento, dijo, tuvo que decidir entre permanecer en el lugar o iniciar su propio rescate.