El uniforme, el casco y el equipo de rescate suelen ocultar el cansancio, el miedo y la incertidumbre. Sin embargo, detrás de ellos hay personas que también sienten agotamiento, sed y temor. Esa fue la experiencia que vivió el galonista Rogel Mazariegos, integrante de la Sección Aérea de Rescate del Benemérito Cuerpo Voluntario de Bomberos, quien permaneció aislado en la montaña después de que el mal tiempo obligara a suspender las operaciones aéreas durante las labores de recuperación de las víctimas del accidente de la aeronave TG-PIP, ocurrido en San Miguel Pochuta, Chimaltenango.
La tragedia dejó cuatro fallecidos: los tres ocupantes de la avioneta Beechcraft V35 Bonanza y el soldado de Primera Especialista Nicolás Felipe Ordóñez Canto, integrante de la Brigada Humanitaria y de Rescate del Ejército de Guatemala, quien desapareció mientras participaba en las operaciones y posteriormente fue localizado sin vida.
Mazariegos recuerda que el llamado de emergencia lo sorprendió mientras se encontraba destacado en la 24 Compañía de Bomberos Voluntarios, con sede en Cuilapa, Santa Rosa.
"Cuando nos activaron tuve que proceder al Aeropuerto La Aurora para abordar una de las aeronaves destinadas al rescate", relata.















