Después de haberlo metido preso cinco años por nada, la Seguridad del Estado cubano vuelve a tener el problema Luis Manuel Otero entre las manos. Y todavía no averiguó dónde ponerlo. El artista cumple este 9 de julio el fin de su condena, pero informaciones recibidas desde la prisión de Guanajay, donde lo encerraron bajo los cargos fabricados de ultraje a los símbolos patrios, desacato y desórdenes públicos, cuentan que Otero fue sacado de su celda el 7 de julio en la tarde, junto con las pinturas y las obras en las que trabajó durante su estancia en la cárcel (lo que costó una larga disputa con la policía política), y trasladado a otro paradero.Desaparecido ahora, Otero no solo ha pasado antes por la prisión formal, sino que a lo largo de su carrera en el arte político ha sido recluido por fuerzas del orden en su casa de San Isidro, secuestrado en patrullas de policía, encerrado en calabozos municipales por horas y días y hasta internado forzosamente durante casi un mes en uno de los principales hospitales de La Habana. Desde que cargaron con él en julio de 2021, mientras distintas protestas antigubernamentales inundaban las calles de cientos de localidades en el país, las cosas solo han empeorado. Hay más hambre en Cuba, más apagones, la sombra de Marco Rubio aparece como Boogeyman en las pesadillas señoriales de la élite castrista, y la cárcel de Otero no lo borró de la memoria de la gente.El artista no puede estar suelto, dice la orden de la policía política, y resulta complicado inventarle en veinticuatro horas cargos nuevos. Ya en marzo pasado, el Tribunal Provincial de Artemisa se había negado a recibir el recurso de habeas corpus presentado por la organización Cubalex en favor de Otero, quien había cumplido la totalidad de su condena, de acuerdo al “tiempo de prisión preventiva” y a “las rebajas de sanción previstas por la legislación cubana”.Según trascendió hoy en las redes sociales del artista, desde hace semanas hay una solicitud de parole humanitario presentada en el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos, a través de la cual Otero podría exiliarse en territorio norteamericano. Desde febrero de 2023, tras casi dos años encerrado, Otero había aceptado canjear la prisión por el destierro, pero ya entonces adelantaba un escenario como el actual. “Ellos me han aclarado que nunca voy a salir de la cárcel. Ni en cinco años ni después. Entonces me dieron la opción del exilio”, me dijo en ese momento.En los últimos tiempos, este patrón represivo, de larga data en Cuba, fue aplicado a disidentes de alto perfil como José Daniel Ferrer o Esteban Rodríguez, quienes pasaron de sus celdas, en las prisiones de Mar Verde y Combinado del Este, respectivamente, a un avión que salía desde La Habana y en un rato los depositaba en Miami o en Managua. Las especulaciones propias de un momento así sugieren que algo similar podría suceder con Otero, pero quien lo encarceló, quien ahora lo esconde y quien tiene la responsabilidad de liberarlo no es el Gobierno de Estados Unidos, sino el de Cuba, por lo que los derechos del artista no pueden quedar subordinados a un permiso de entrada a un país extranjero.Cuánto tiempo la Seguridad del Estado piensa mantener en la categoría de desaparecido a Luis Manuel Otero es algo que nadie puede saber, pero, en mi opinión, ese es un reloj que también les corre en contra. Entre los muchos gestos artísticos que el artista propuso desde la prisión de Guanajay a lo largo de estos cinco años, hubo uno instalación, en febrero último, que colocaba en una calle periférica de La Habana una legión de estatuillas de distintos santos del panteón sincrético cubano. Destacaban San Lázaro, la Virgen de Regla, Santa Bárbara y la Virgen de la Caridad del Cobre.En medio del derrumbe nacional, la obra buscaba enviar un mensaje de fe. “El santo que está en casa en el altar, sea en lo alto o escondido en una urna, hoy sale a la calle para enseñarnos a estar conectados. En tiempos de carencia e incertidumbre, donde no parece haber presente o futuro para los cubanos de a pie, para aquellos que no pueden escapar o regresar, pareciera que estamos en manos de poderes divinos que juegan con nuestras vidas a su antojo”, decía el texto de anuncio de la obra.Lo curioso es que esos santos aparecieron de repente, sin permiso, en mitad de la vía pública, como si el artista le hubiese pedido a sus muertos que hicieran lo que a él no le iban a conceder.
El artista no puede estar suelto
El régimen cubano vuelve a chocar con el ‘problema Luis Manuel Otero’: cinco años de cárcel no lograron borrarlo de la memoria colectiva y ahora el destierro forzado parece su única salida












