Dos semanas después del sismo es difícil entender dónde han quedado los 10 pisos del edificio Miramar en Caraballeda, en el estado de La Guaira. Pero el trabajo de las grúas para levantar las placas de cada nivel ha permitido concretar un doloroso hallazgo al grupo de rescatistas internacionales y bomberos venezolanos que siguen lidiando con el concreto y el amasijo de cabillas. Este miércoles los equipos lograron llegar a donde estaba el niño Lucas Gámez, de 8 años, junto con su abuela y su tío, tras cavar un túnel por la parte trasera del edificio para alcanzar su apartamento.La madre de Lucas, Blanca Martínez, relató día tras día en sus redes sociales la historia del pequeño, nacido en Argentina, a donde sus padres venezolanos habían migrado hace años y de donde habían vuelto a principios de este 2026. Contó los desafíos del rescate, exigió maquinarias y convocó apoyos. Declaró a los medios de comunicación. Hace un día le cantó su cumpleaños número 9 con una torta frente al edificio en ruinas. Recibió críticas por su gesto y anunció que pararía las publicaciones para protegerse de mensajes poco empáticos con su manera de sobrellevar el dolor y su anhelo de encontrarlo vivo. Un par de horas antes de que los encontraron publicó un último mensaje pidiendo oraciones a su comunidad digital. A las cuatro de la tarde de este miércoles lloraba en silencio mirando a la nada sentada en una silla de playa a las afueras del edificio. Las esperanzas quedaron quebradas con el hallazgo de los rescatistas. Solo le quedaba esperar los cuerpos junto al resto de los vecinos del edificio Miramar.La búsqueda de cuerpos de los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que destruyeron gran parte de La Guaira inevitablemente se está cruzando con las demoliciones de los edificios. Gran parte de la torre donde vivía Lucas ya ha salido en varios camiones de escombros que se llenan en minutos a medida que las retroexcavadoras palean entre los restos. En pocos lugares se ven maquinarias trabajando. Están donde todavía buscan cuerpos, como en las OPPP 22 y 26, a pocos metros del Miramar. José Sánchez esperaba en una de los inmuebles construidos por el Gobierno los cuerpos de su esposa y de sus dos hijas gemelas de 8 años de edad. “Ayer sacaron tres cuerpos, hoy nada”, dice al otro lado de una montaña de escombros. “Las maquinarias que tenemos alguien las alquiló y ahí están y con ellas es que se avanza. Mi familia está en el piso 7, ya casi estamos llegando, he encontrado algo de la ropa de mi esposa”, dice el hombre de 63 años.En otra de las torres de la Misión Vivienda esperaban las hermanas Raúl González encontrar su cuerpo. Son de un pueblo de los llanos venezolanos, Valle de la Pascua. Se mudaron a Caracas hace 10 días para poder ir todos los días a ver si en algún momento les dan el cuerpos. “El túnel que hicieron cedió”, dijo Rauquelys González. “No sabemos cómo lo vamos a reconocer si ha pasado tanto tiempo. Ni cuánto tiempo vamos a poder estar aquí”. Aunque en estos edificios la gente ha frenado los intentos de demolición a gran escala antes de sacar los cuerpos, las maquinarias están desplegadas en todo el perímetro. Entre dos losas aplastadas, alguien ha escrito el nombre de Nickol Herrera y su cédula. Una mancha blanca de cal indica que es su cuerpo el que está ahí. También hay un número de teléfono y la esperanza de que si alguien logra sacarla de ahí llamará.Sobre las montañas de escombros se ven distintos boquetes de los túneles para sacar cuerpos. En esos accesos han instalado especies de campamentos los propios rescatistas y familiares. El luto nacional decretado en Venezuela hace una semana terminó este miércoles. La Guaira ha entrado ahora en una especie de silencio suspendido, que solo perturba el ruido de los camiones. La ira y el dolor que los guaireños convirtieron en fuerza para mover cascotes los primeros días han sido sofocados con las cada vez más remotas probabilidades de encontrar gente con vida. El balance oficial de este miércoles cuenta 3.811 muertos y 16.740 heridos. La cifra de rescatados entre los escombros se mantiene en 6.462 desde el 3 de julio, al día siguiente del rescate del vigilante Hernán Gil. Dos semanas después del doble terremoto, ahora sí, parecen ser más los obreros y funcionarios que están trabajando en los edificios, recogiendo escombros y limpiando el desastre, mientras los familiares, agotados por los frenéticos primeros días, esperan en carpas en los alrededores por los cuerpos de sus fallecidos. Casi no hay tránsito en La Guaira, las calles están despejadas de escombros, hay desvíos por sectores intransitables o donde hay maquinarias, algunos negocios en pie han comenzado a abrir y decenas de miles intentan recomenzar su vida en los refugios.
Encuentran sin vida al niño argentino Lucas Gámez en el desplome de su edificio en La Guaira
La búsqueda de cadáveres en La Guaira se cruza con las demoliciones de los edificios a dos semanas del doble terremoto












