Más de una semana después del doble terremoto que derrumbó 185 edificios en el estado de La Guaira, la atencion mediatica se centraba este viernes en un niño de nueve años que permanece atrapado bajo los escombros de un edificio de doce pisos que se desplomó en la zona de clase media del municipio playero de Caraballeda. La operación, iniciada la noche del miércoles en el residencial Tahiti, avanzaba el viernes en condiciones de extrema dificultad por el peligro de que el edificio pudiera derrumbarse del todo.El niño se encontraba a pocos metros de distancia del equipo de rescate integrados, en este caso, por expertos argentinos y salvadoreños. Es un ejemplo de supervivencia humana extraordinaria. Pero no es el único. Al lado del residencial Tahití, en otra montaña de amasijos de acero y hormigón, los guardias pidieron silencio para la búsqueda de más supervivientes, aunque también pudo ser por respeto a los muertos. Más al este, otro edificio colapsado aún albergaba vida. “Hay 16 personas en el sótano”, dijo un vecino en Caraballeda enseñando un edificio de apartamentos de alto standing que se había caído como un castillo de naipes. . Entrando en Caraballeda en la tarde del viernes, un paisaje de devastación total hacía difícil creer que hubiera supervivientes en esta zona de La Guaira y mucho menos nueve días después de la catástrofe. Bloques de apartamentos de vacaciones de veinte pisos con vistas al Caribe y cerca del campo de golf parecían escenas de Gaza. Los edificios de vivienda pública se mantenían en pie, pero en condiciones de siniestro total. “Por lo menos los habitantes pudieron bajar y salir”, dijo el amigo del dueño del restaurante Pollos Camper.Helicópteros Chinook y Osprey el ejercito estadounidense - instalados en el aeropuerto de Maiquetía- sobrevolaban. Excavadoras avanzaban en el desescombro de edificios convertidos en tumbas. Las carpas de miles de damnificados se habían montado en medio de nubes de polvo. Todos los expertos nacionales e internacionales ya están centrados en puntos específicos donde los últimos supervivientes se encuentran en una operación ya quirúrgica y contrarreloj..Algunos hablaban de milagros. Pero los expertos achacan la supervivencia de muchos a los llamados “triángulos de la vida”, cuando un arco triangular en los escombros permite respirar a los supervivientes. Aun así, sobrevivir una semana sin acceso de agua sería imposible. “En algunos casos hemos podido meter una manguera entre lo cascotes para que puedan beber”, dijo una médico que había atendido a los supervivientes sacados el jueves