Una cueva de Nueva Zelanda se ha convertido en una “ventana” a un “mundo perdido” de un millón de años de antigüedad. Los hallazgos permiten a los paleontólogos descifrar cómo era la vida en la región en un período que era prácticamente desconocido.Un artículo del Museo de Canterbury explica que “el descubrimiento de fósiles de 12 especies de aves antiguas y 4 especies de ranas revela cómo era la vida hace un millón de años”.Añade que “la fauna primitiva de Nueva Zelanda se vio significativamente afectada por cambios climáticos catastróficos y erupciones volcánicas y esto provocó extinciones frecuentes y la sustitución de especies mucho antes de la llegada del hombre”.El coautor del estudio y jefe de historia natural del museo, Paul Scofield, afirma que “gracias a nuestras excavaciones, a lo largo de muchos años, tenemos una imagen de la vida en Aotearoa entre 20 y 16 millones de años atrás”.¿A qué período pertenecen los hallazgos?Los nuevos hallazgos en la cueva Moa Eggshell arrojan luz sobre el período de 15 millones de años comprendido entre entonces y hace 1 millón de años. “Esto no es un capítulo perdido en la historia antigua de Nueva Zelanda, es un volumen perdido”, añade Scofield.Uno de los hallazgos más significativos es una nueva especie de loro (Strigops insulaborealis), un antiguo pariente del kākāpō. “El análisis del fósil sugiere que tenía patas más débiles que su descendiente moderno, lo que implica que era un escalador menos hábil”, describe el artículo del Museo de Canterbury.El hallazgo de la cueva también revela la existencia de un ancestro extinto del takahē moderno, lo que permitirá a los investigadores rastrear la evolución de esta ave emblemática de Nueva Zelanda, y una especie extinta de paloma muy relacionada con las palomas bronceadas australianas.El autor principal del estudio y profesor asociado de la Universidad de Flinders, Trevor Worthy, dice que “se trata de una avifauna recientemente identificada en Nueva Zelanda, que fue reemplazada por la que los humanos encontraron un millón de años después”.Los fósiles fueron analizados por un equipo de paleontólogos de la Universidad de Flinders y del Museo de Canterbury, junto con los vulcanólogos Joel Baker de la Universidad de Auckland y Simon Barker de la Universidad Victoria de Wellington.Los hallazgos sugieren que entre el 33 % y el 50 % de las especies se extinguieron durante el millón de años previo a la llegada de los humanos a Aotearoa. El resto se debió a cambios climáticos relativamente rápidos y a erupciones volcánicas.Scofield explica que “los cambios en los hábitats de bosques y matorrales obligaron a una reestructuración de las poblaciones de aves. Creemos que este fue un factor determinante en la diversificación evolutiva de las aves y otros animales en la Isla Norte.”Los científicos pudieron datar los fósiles con precisión porque estaban entre dos capas de ceniza volcánica. Una capa correspondía a una erupción ocurrida hace 1,55 millones de años, mientras que la otra a una erupción masiva, hace 1 millón de años.La erupción más reciente habría cubierto gran parte de la Isla Norte con varios metros de ceniza. La mayor parte se habría dispersado, pero una parte se habría conservado en las cuevas de la zona. La capa más antigua hallada en este yacimiento fósil demuestra que se trata de la cueva más antigua de la Isla Norte.