Una investigadora de la Universidad de Toronto se animó y probó agua que había encontrado en una mina del norte de Ontario, a tres kilómetros de profundidad. Los análisis comprobaron que el agua tenía 2.000 millones de años de antigüedad, más que las plantas y que cualquier otro elemento complejo que podríamos imaginar.El increíble descubrimiento comenzó cuando la geoquímica Barbara Sherwood Lollar probó el agua y decidió enviar una muestra para su análisis a un colega de la Universidad de Oxford. Con gran experiencia en la exploración de algunas de las minas más profundas del mundo, no era la primera vez que entraba en contacto con agua muy antigua.Sus exploraciones en la mina Kidd Creek, ubicada en la provincia de Ontario, comenzaron en 1992. Pero las muestras que batirían récords serían tomadas en 2013, cuando describió agua de fractura a una profundidad de unos 2,4 kilómetros, con una antigüedad de 1.600 millones de años y en 2016 cuando, a 3 kilómetros de profundidad, halló agua una antigüedad aproximada de 2.000 millones de años.Sherwood Lollar explica al sitio Mc Lead`s que el olor a humedad de este líquido milenario es inconfundible, porque, dice, “te sigue hasta la roca, hasta encontrar la grieta o las fracturas por donde se filtra". El fluido es 10 veces más salino que el agua de mar.¿Cómo calcularon la antigüedad del agua?En el laboratorio, se midieron gases nobles radiogénicos como el helio y el xenón. “Mientras el agua permanece allí, los acumula, como pasajeros que suben a un tren”, explica Sherwood Lollar. Como 2.000 millones de años superan el alcance de la datación radiocarbono, la edad del agua no se refiere a sus moléculas, sino al tiempo que ha pasado aislada de la superficie, y este se calcula de manera diferente.La mayoría conoce el agua como H₂O y olvida todo lo que contiene disuelto. En el agua hallada en 2016 había diminutos microbios quimiolitótrofos que se alimentaban de hidrógeno y sulfato. La química que producía este alimento subterráneo se asemejaba a la de las chimeneas hidrotermales ricas en minerales del fondo oceánico, que sustentan una vida microbiana similar.“Si existen biomarcadores, indicadores de vida pasada, deben estar en el subsuelo”, dice Sherwood Lollar, y añade: “Ya no concebimos la vida en la Tierra como una simple mancha biológica en la superficie. La vida podría ser algo que impregna profundamente nuestro planeta”.La mina Kidd Creek, habilitada en 1963, aún produce cobre y zinc y se encuentra en constante expansión. Su director de operaciones, Ryan Roberts, afirma que el trayecto desde la superficie hasta la fuente de agua dura hasta una hora.Allí, Sherwood Lollar explica que la empresa minera Glencore reservó espacio para “uno de los observatorios científicos más profundos y extensos del mundo para el estudio de fluidos y microbiología profunda”.La mina se encuentra en el escudo canadiense precámbrico que tiene 2700 millones de años y en su día formó un lecho oceánico. Lo que antes era horizontal ahora es vertical, y las paredes rocosas del recorrido por la rampa ofrecen un viaje a través de un antiguo lecho marino.La superficie terrestre está en constante cambio, y su lecho oceánico más antiguo data de hace tan solo unos cientos de millones de años. El escudo, inalterado, es ahora el análogo terrestre más cercano al subsuelo de Marte, que nunca sucumbió a las fuerzas de la tectónica de placas.Si el agua puede generar vida muy por debajo de la mina Kidd Creek, existe la posibilidad de que ocurra lo mismo en Marte, aunque nadie lo sabe con certeza por el momento.