En julio de 1966, el aire de Lima se cargó de expectativas: el poeta chileno Pablo Neruda, la voz de un continente, pisaba suelo peruano para ser honrado con la Orden del Sol. No era un reconocimiento cualquiera, pues el vate recibía la máxima distinción del Perú por un canto que trascendía fronteras: “Alturas de Machu Picchu”. Un poema que, con palabras, unió las piedras sagradas del Perú con la voz universal de la poesía. Conforme a los criterios deTipo de trabajo: NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.