En los últimos meses se han multiplicado los gestos por parte del grupo parlamentario de Junts en el Congreso para poner en evidencia su distancia del Gobierno central y su apuesta por el fin anticipado de la legislatura. Míriam Nogueras no para de decirlo a todo aquel que quiera escucharla y sus más recientes intervenciones en la tribuna giran alrededor de una única idea: Sánchez ya no cuenta con su apoyo y debe irse.Sin embargo, en Junts saben que tienen un límite para materializar su propuesta. En ningún caso pueden dar sus votos a una moción de censura contra Sánchez, que necesariamente debería hacer presidente a Núñez Feijóo, ni que fuera para convocar unas nuevas elecciones, como así propugna la idea que defiende el popular de una moción “instrumental”. En Junts saben que participar en esa operación (junto al PP y Vox) es una línea que no pueden traspasar si no quieren acabar pagándolo muy caro en las urnas.Esta situación de Junts es la que explica el contorsionismo dialéctico al que se dedica desde que decidió (nadie sabe muy bien por qué) que la legislatura se le hacía bola. Sus votos fueron clave para investir a Sánchez, pero no pueden hacerlo caer. Esta es su condena. De aquí que se saquen de la manga la “vía Starmer”, una filigrana sin posibilidad de realización que ha tenido un breve (aunque llamativo) recorrido periodístico y que ha puesto en evidencia la incapacidad de Junts de poner fin a la actual legislatura sin comprometerse a fondo con el único mecanismo que efectivamente haría caer al actual gobierno: la moción de censura.Todo apunta a que Junts está ya en modo campaña, y que se dispone a desplegar la misma estrategia de las últimas tres convocatorias generales: culpar a ERC de sumisión al PSOE. Al contrario de los republicanos, Junts habría sacado buen provecho de su apoyo puntual al gobierno y eso, su capacidad de sacar tajada de su posición clave en el Congreso, sería su carta de presentación en unas nuevas elecciones. Peix al cove 2.0.El problema de esta estrategia es que presupone que en una nueva legislatura sus votos seguirán siendo claves en el Congreso, lo cual está por ver, más si se tienen en cuenta las proyecciones de su voto, que apuntan a una disminución del número de escaños a obtener. Atentos al barómetro del CEO que está por llegar.Pero hay un problema previo, puesto que el intento de Junts de aparecer como equidistante entre PSOE y PP puede provocar una desbandada en su voto en un contexto electoral que se vislumbra fuertemente polarizado, con dos frentes antagónicos que se batirán a muerte. En este contexto, la opción tradicional de “ni dretes ni esquerres, Catalunya” puede acabar naufragando ante la llamada de Sánchez a frenar el peligro que supone un gobierno de las dos derechas. La ambivalencia actual de Junts, enfrentándose al gobierno sin atreverse a hacerlo caer, podría acabar saliéndole muy cara.