Por fin, Reino Unido tiene un plan publicado de inversión en defensa (Defence Investment Plan, DIP por sus siglas en inglés). ¿Está a la altura del desafío al que se enfrentan Reino Unido y Europa? Tres preguntas permiten responderlo. Las respuestas invitan al pesimismo, aunque hay una buena noticia: la opinión pública británica va por delante del establishment de defensa en cuanto a lo que hay que hacer. ¿Está el DIP a la altura de la amenaza rusa? En parte. El año pasado, el secretario general de la OTAN advirtió de que Rusia estaría preparada para atacar antes de 2030, si no antes. El programa SAFE de la Comisión Europea, que prevé préstamos masivos para defensa, está diseñado con ese horizonte temporal. Esas previsiones presumían que Rusia derrotaría rápidamente a Ucrania y podría preparar una nueva agresión. Sin embargo, Ucrania ha humillado a la marina y a la fuerza aérea rusas y ha infligido graves pérdidas a su ejército. Es posible que el curso de la guerra esté cambiando. Aun así, si Rusia da la impresión de que va a perder en Ucrania, Vladimir Putin podría volverse todavía más peligroso. Probablemente recurriría a otras formas de coaccionar a los aliados de Ucrania: sabotaje, subversión, ciberataques, ataques contra infraestructuras (como cables y gasoductos submarinos), amenazas nucleares e incluso bombardeos aéreos y con misiles similares a los que lanza cada noche sobre Kiev. En este sentido, el DIP acierta al centrarse en la defensa cibernética y electromagnética y al priorizar la robótica submarina en una nueva inversión de 5.000 millones de libras en drones. TE PUEDE INTERESAR Sin embargo, el plan llega a la conclusión extraordinaria de que "una defensa aérea y antimisiles integrada, capaz y eficaz solo puede lograrse como parte de un esfuerzo de la OTAN". Bastó un solo dron desviado para provocar la caída del Gobierno de Letonia en mayo. ¿Dónde están las propuestas para aumentar de urgencia la producción de misiles antiaéreos por parte de MBDA (la principal empresa europea de misiles, de la que un tercio es británica) y coordinarse con la multitud de proyectos de "escudo aéreo" que están surgiendo en Europa? El próximo primer ministro británico, Andy Burnham, quizá deba preguntarse si, aparte de unos pocos aviones de combate de la RAF, está dispuesto a confiar la defensa del espacio aéreo británico a la buena voluntad de otros. ¿Refleja el DIP las lecciones aprendidas en Ucrania? No lo suficiente. Esas lecciones consisten, en esencia, en el desarrollo de un nuevo paradigma de guerra basado en la adopción de nuevas tecnologías. La necesidad de una "transformación" tecnológica fue uno de los principales ejes de la Revisión Estratégica de la Defensa británica (SDR), y el DIP dedica mucha atención a los drones y otros sistemas robóticos. Pero el éxito de Ucrania en el campo de batalla ha dependido de mucho más: de un cambio radical respecto al modelo militar de la Guerra Fría, basado en aviones, barcos y tanques —que ahora se han revelado peligrosamente vulnerables—, hacia una red de sensores y sistemas de vigilancia que identifican amenazas y objetivos para una amplia gama de opciones de ataque, incluidos misiles, drones, ciberataques y contramedidas electrónicas. Todo ello está conectado mediante sistemas de gestión del combate asistidos por inteligencia artificial y nubes de datos. Los ciclos de desarrollo y adquisición se reducen a semanas o incluso días; las actualizaciones de hardware y software se realizan en cuestión de horas. TE PUEDE INTERESAR El DIP no transmite ninguna sensación de transformación radical ni de urgencia. Es cierto que contempla una nueva Red Digital de Designación de Objetivos (Digital Targeting Web), y que los drones se incorporarán junto a las plataformas de nueva generación: como "compañeros de vuelo" no tripulados del futuro avión de combate Tempest de sexta generación; como robots submarinos controlados desde buques nodriza; o como parte de nubes tácticas de combate operadas por vehículos blindados. Pero el grueso de la inversión sigue destinado a esas plataformas tradicionales de nueva generación: el Tempest, la disuasión nuclear, el programa AUKUS con Estados Unidos y Australia para futuros submarinos nucleares de ataque, helicópteros… En definitiva, el tipo de proyectos que entusiasman a la industria tradicional de defensa y que los gobiernos suelen presentar como un "dividendo de la defensa" por el empleo que generan en determinadas regiones. El DIP reconoce que la defensa debe "establecer prioridades sin contemplaciones y tomar decisiones difíciles a corto plazo, abandonando capacidades antiguas". Sin embargo, cuesta ver dónde ocurre realmente eso, salvo en la renuncia a algunos destructores y fragatas convencionales previstos. Como era de esperar, retirar los cada vez más irrelevantes portaaviones ni siquiera se contempla. En conjunto, la impresión es la de una "hibridación": injertar algunas capacidades nuevas sobre la mayor parte de la vieja estructura. ¿Refleja el DIP cómo Trump ha cambiado el mundo? En absoluto. El presidente Donald Trump se ha alineado con Putin respecto a Ucrania, ha amenazado al aliado de la OTAN, Dinamarca, con Groenlandia y ha prometido reducir la presencia de tropas estadounidenses en Europa. Sin embargo, el DIP reafirma tranquilamente que "Estados Unidos sigue siendo el aliado más cercano de Reino Unido en materia de defensa y seguridad". La fe en la "relación especial" parece seguir intacta en el establishment británico de defensa. Un ejemplo es el respaldo del DIP a la extraña decisión adoptada el año pasado de comprar más aviones estadounidenses F-35 para lanzar bombas nucleares estadounidenses de caída libre. Dado que media docena de aliados europeos de la OTAN ya prestan ese servicio, el valor añadido en términos de disuasión será mínimo. Pero la decisión revela una sorprendente despreocupación por el control soberano de unos aviones cuyo software depende de un código fuente que Estados Unidos siempre se ha negado a compartir y que, según algunos rumores, incluye un "interruptor de apagado" (kill switch) controlado por Washington. Basta recordar el destino de los tractores estadounidenses robados por Rusia en Ucrania y desactivados de forma remota por la empresa John Deere, o una función similar existente en los coches Tesla. TE PUEDE INTERESAR Los europeos continentales se toman cada vez más en serio el problema de la excesiva dependencia tecnológica de Estados Unidos. Los llamamientos a la "autonomía estratégica" y al "comprar europeo", antes considerados una excentricidad gaullista, se han convertido en posiciones mayoritarias. Se multiplican los esfuerzos por desarrollar alternativas nacionales a las grandes empresas tecnológicas estadounidenses para sistemas de mando basados en inteligencia artificial y gestión masiva de datos. No sorprende, por tanto, que mientras Keir Starmer ha tratado de estrechar los vínculos con Europa, la "carta de la defensa" británica haya generado menos interés del esperado. Un año después de la cumbre entre la UE y el Reino Unido, la esperada incorporación rápida de Londres al principal programa europeo de cooperación industrial en defensa aún no se ha producido. Con Palantir ya firmemente implantada en la transformación de la defensa británica, el próximo primer ministro deberá afrontar la desconfianza europea respecto al compromiso británico con la cooperación transcanal. Burnham podría hacerlo garantizando que el contrato para la Digital Targeting Web no acabe en manos de una gran tecnológica estadounidense. El establishment va por detrás de la opinión pública En conjunto, emerge la imagen de un establishment británico de defensa —una alianza entre la industria, las fuerzas armadas y los intereses políticos— que espera que el Gobierno pague sin rechistar sus facturas; que está dispuesto a incorporar algunas capacidades nuevas demostradas en Ucrania, pero conservando buena parte de las antiguas; y que tiene dificultades para imaginar un futuro que no dependa fundamentalmente de Estados Unidos. Por eso resultan tan llamativos los resultados de las recientes encuestas del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR). El ciudadano británico medio parece ir claramente por delante del consenso de las élites a la hora de asumir las consecuencias del terremoto geopolítico provocado por Trump. Los encuestados valoran mucho mejor tanto a los Estados miembros de la UE como a la propia Unión Europea que a Estados Unidos. Muchos más británicos creen que sus vecinos continentales acudirían en su ayuda ante un ataque de los estadounidenses. Y cuando se trata de cooperación en defensa, un 63% prioriza las relaciones con Europa, frente a solo un 19% que da prioridad a Estados Unidos. Cuando Andy Burnham asuma el cargo a finales de este mes, puede descubrir que dispone de mucho más margen político del que esperaba cuando vuelva a debatirse la inversión en defensa. * Este análisis fue publicado originalmente en inglés en The European Council Foreign Affairs firmado por Nick Witney con el título original "Behind the curve: Britain's defence investment plan in Trump's world"
El plan de inversión en defensa de Reino Unido no es suficiente en el mundo de Trump
El nuevo plan de inversión en defensa se ve lastrado por las costumbres del establishment de defensa británico. Por el contrario, la sociedad británica parece más dispuesta a aceptar el cambio







