"Esta vez no es como las anteriores, este año vamos en serio", insisten fuentes del Gobierno. El mensaje que trasladan los ministerios económicos es que este año la presentación de los presupuestos generales del Estado va en serio. Esta vez no es un farol. Y es comprensible que así sea, ya que la legislatura encara su último año, por lo que el Gobierno tendrá que gestionar cuándo quiere perder la votación para activar el ciclo electoral (el escenario más posible si Junts cumple con su amenaza). Sin embargo, aunque los presupuestos acaparan toda la atención, hay una norma que tiene incluso mayor relevancia y cuya potestad le corresponde íntegramente al Gobierno: el techo de gasto. Esta cifra enmarca los presupuestos y pone un límite a la capacidad de gasto del Ejecutivo. Los presupuestos se pueden sortear posteriormente con modificaciones presupuestarias, pero el techo de gasto fija un límite que hay que cumplir. El Ejecutivo ha decidido pisar el acelerador con el techo de gasto para disfrutar de un final de legislatura por todo lo alto. En 2026 ha aumentado en 16.600 millones de euros y en 2027 sumará otros 14.000 millones adicionales. En total, un aumento del 16% en sólo dos años que permite al Gobierno dar un gran impulso a diferentes partidas presupuestarias, como las de prestaciones públicas, defensa o vivienda. Con este incremento, el Gobierno habrá aumentado el techo de gasto un 31% a lo largo de toda la legislatura, pese a no haber sido capaz de aprobar unos presupuestos. En términos prácticos, no tener presupuestos ha sido una cuestión irrelevante, porque el Ejecutivo ha aprobado modificaciones presupuestarias y aumentos del gasto por valor de decenas de miles de millones cada año, sin necesidad de pasar por el Congreso. El crecimiento del gasto ha sido tan intenso que en 2025 el Estado incumplió la regla de gasto fijada por el propio Ministerio de Economía. La Administración Central tenía un límite de aumento del gasto no financiero del 3,2%, pero finalmente lo elevó un 8%. Esto es más del doble del límite permitido por la ley. Sin embargo, como en otras ocasiones, el Ministerio de Hacienda no va a aplicarse a sí mismo las medidas correctoras que contempla la ley para las administraciones incumplidoras. La regla de gasto para el año 2024 asciende al 4% del PIB, pero el Ejecutivo ha aprobado una subida del techo de gasto del 6,6%. Esto permitirá al Gobierno aprobar grandes partidas de gasto, pero complicará seriamente el cumplimiento de la regla de gasto. Año electoral Este techo de gasto es una declaración de intenciones del Gobierno para el próximo año. Por un lado, permitirá al Ministerio de Hacienda presentar unos presupuestos ambiciosos para el próximo año. Ante las escasas posibilidades de que resulten aprobados, será su carta de presentación de cara a las próximas elecciones. Por otro lado, el techo de gasto permitirá al Ejecutivo realizar una política de gasto expansiva durante los primeros meses del próximo año hasta que lleguen las elecciones. En total, contará con 14.000 millones adicionales para poder gastar a través de acuerdos en el Consejo de Ministros. Es importante tener en cuenta que el techo de gasto no incluye el gasto en pensiones ni las transferencias de los sistemas de financiación de comunidades autónomas y corporaciones locales. Se trata, por lo tanto, del margen presupuestario del que disfrutará el propio Gobierno para hacer sus políticas de gasto. TE PUEDE INTERESAR También es una declaración de intenciones sobre cómo prevé gestionar la política fiscal hasta el final de la legislatura. Este elevado techo de gasto requiere que los ingresos públicos también sean elevados. Para ello, el Gobierno utilizará todo el poder recaudador que genera la inflación y las subidas salariales. El IRPF español es uno de los más progresivos de Europa, lo que significa que tiene un gran poder recaudador cuando suben las rentas de los hogares. El Gobierno necesitará todos estos ingresos para compaginar el aumento del gasto con la reducción del déficit, por lo que es improbable que haya bajadas de impuestos antes de las próximas elecciones. El Gobierno concentrará toda la potencia presupuestaria que le da el ciclo económico sobre el gasto. Una política fiscal expansiva repite los patrones de la burbuja inmobiliaria. Con la diferencia de que ahora España tiene una deuda pública cercana al 100% del PIB, cuando en la burbuja estaba por debajo del 40%. Sólo el tiempo dirá si este festival de gasto es responsable y permite generar crecimiento económico o si, por el contrario, España está preparando el terreno para una futura crisis fiscal. "Esta vez no es como las anteriores, este año vamos en serio", insisten fuentes del Gobierno. El mensaje que trasladan los ministerios económicos es que este año la presentación de los presupuestos generales del Estado va en serio. Esta vez no es un farol. Y es comprensible que así sea, ya que la legislatura encara su último año, por lo que el Gobierno tendrá que gestionar cuándo quiere perder la votación para activar el ciclo electoral (el escenario más posible si Junts cumple con su amenaza).