Mientras el gobierno celebra el equilibrio fiscal, la desaceleración de la inflación, la baja del riesgo país y la mejora de algunos indicadores financieros, la realidad cotidiana de millones de argentinos cuenta otra historia. Una historia de salarios que no alcanzan, comercios que bajan sus persianas, trabajadores que sobreviven en la informalidad y una desigualdad que vuelve a crecer. La pregunta ya no es si el programa económico ordenó algunas variables macroeconómicas. La verdadera pregunta es quiénes se benefician con ese orden y quiénes pagan sus costos. En los últimos días, los mercados recibieron varias noticias positivas. La baja del precio internacional del petróleo alivió las expectativas inflacionarias, el riesgo país volvió a ubicarse en torno a los 430 puntos básicos, la deuda argentina mantuvo una buena performance y el Gobierno consiguió renovar buena parte de sus vencimientos de deuda en pesos. Para los analistas financieros, el escenario sigue siendo "constructivo": hay desinflación, mayor estabilidad y mejores condiciones para el financiamiento.

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