Hay sabores que tienen el poder de transportar a un lugar con el primer bocado.
En Colombia, pocos lo logran como la achira: un bizcocho dorado, de textura ligera y crujiente, que durante generaciones ha acompañado reuniones familiares, viajes por carretera y las tradicionales onces.
Para muchos, abrir un paquete de achiras es reencontrarse con los paisajes del Huila y con una de las recetas más representativas del país.
Y aunque hoy puede encontrarse en supermercados, aeropuertos y tiendas de todo el país, quienes desean descubrir su auténtico origen deben emprender el viaje hasta uno de los municipios donde esta tradición sigue viva: Altamira, en el Huila, una tierra donde la elaboración artesanal de las achiras continúa siendo motivo de orgullo y un legado que se conserva entre familias y hornos que mantienen vivo el sabor de la historia.
Le podría interesar: La receta de las achiras: de dónde son, de qué están hechas, cómo prepararlas e historia Hablar de las achiras es hablar de Altamira.









