38 grados a la sombra en los Pirineos, su verde perenne un trampantojo que no engaña a los corredores. El día que Pogacar levanta el control y cede el maillot amarillo, gana en Foix Mads Pedersen, un danés que fue campeón del mundo antes del covid, en 2019, una etapa de media montaña corrida a más de 43 por hora, y un noruego, Torstein Traeen, que había perdido cinco minutos en los tres primeros días, se viste de líder con ocho minutos de ventaja sobre el esloveno. El calor no frena a los guerrilleros como, también, Raúl García Pierna, tercero y dinamitero, junto a su compañero Pablo Castrillo, en la fuga de 34 que hizo del día el más vivo de un Tour acelerado que entra en los raíles del clasicismo. Se batieron récords de consumo de bidones de agua y bloques de hielo. El pelotón llegó a 13 minutos. “No nos queda otra que seguir intentándolo y esperar que un día no quieran ganar”, dice resignado y batallador Pierna terminada en la nada la etapa del lunes, su fuga en los Pirineos aniquilada por el apetito y la estrategia de Tadej Pogacar y sus mariachis, una mordaza de hierro. “No nos queda otra que seguir peleando hasta doblegarlo”, dice el día siguiente, menos derrotado, reseteadas sus esperanzas y sus sueños una noche cálida en el hotel, recarga de energías, limpieza de telarañas en el coco, y el aire espeso cargado de memorias invisibles. Duerme en Carcasona el pelotón esclavizado por Pogacar –Vingegaard nunca actuaría así por mero sentido táctico-económico: el danés es de la escuela de la paciencia y la eficiencia, no de los que se dejan llevar por emociones que necesitan recompensa inmediata, celos, venganza, gloria--, el 95% de los 182 que siguen, aquellos cuya aspiración es sin más ganar una etapa.Tierra de rebeldes, de cátaros, minoría iluminada contra un poder superior, como el grupo de 34 que ha roto la resistencia del gran pelotón, burlado sus deseos de asfixia, y pedalea solidarios –comparten comida y agua, se duchan unos a otros incansables, piernas y cascos -- bordeando los Pirineos, pequeñas montañitas hacia Foix y el Ariège en el oeste, carreteras ásperas, siempre cuesta arriba, en las que parece que no se avanza bajo el “calor astronómico”, que exclama por la tele el ex Thomas Voeckler desde la moto y el micrófono de comentarista. Tierra de maquis, de guerrilleros españoles como Pierna, de Tres Cantos; Castrillo, de Jaca; Izagirre, de Ormaiztegi, y Nicolau, de Llofriu. En la cima del Coudons, a 78 kilómetros aún de la meta, donde pasan destacados dos de los 34, dos cabezas duras, insensibles, del Este, el coloso checo Vacek y Tratnik, que llega de la Eslovenia donde las olas de calor derriten glaciares del pleistoceno, les saludan los padres de Pogacar, que hacen camping siguiendo las conquistas de su hijo, al que no hacen más que reprocharle el corte de pelo y el tinte, y la mirada dura, a lo Eminem. “Con lo mono que estabas con sus mechoncitos de niño bueno y tus mejillitas”, le dicen.Podría responder, mamá, que esto ya no es un juego de niños, y mantener al mismo tiempo su espíritu aparentemente despreocupado, pero comprometido, como si le llegara el olor del miedo desde la avenida de los Guerrilleros Españoles de Prayols, a dos pasos de la meta de Foix, donde Manolo Valiente, escultor geométrico de hormigón y superviviente de la Retirada del 39, la arena, el hambre y el viento del campo de concentración de la playa infernal de Argelès sur Mer, representa al comandante Pedro Abascal, El Madriles, soldado republicano español derrotado, brazos cruzados, fusil entre ellos, no pasarán, arte brut, una mole, el guerrillero victorioso que al frente de su partida derrotó en agosto del 44 junto al río Ariège a una columna del ejército alemán invasor que intentaba retomar Foix recién liberada.“Por la libertad así como por la honra se puede y debe arriesgar la vida”, dijo Don Quijote y se lee en una placa al pie del monumento, y podría ser también el lema de los fugados, guerrilleros de un deporte al que la vida le cuesta imitar, tan duro. Asegurada la supervivencia de la fuga, los 34 se convirtieron a su vez en un nuevo ejército al que derrotar, una jerarquía mantenida con mano de hierro, como en la Matera del Giro del 25, por los Lidl del tremendo Vacek y el campeón Pedersen, inabordables, insuperables. Pierna y Castrillo multiplicaron los intentos. El jacetano bravo al menos recibió el premio al más combativo. Miércoles de sprint en Pau; jueves de Tourmalet, otra historia para niños mayores en la que Traeen, de 30 años, digno escalador, seguramente mostrará el mismo espíritu guerrillero, luchador, que le ayudó a superar hace cuatro años un cáncer de testículos (el que más afecta a los deportistas junto al de piel) diagnosticado después de un control antidopaje; al año siguiente fue capaz de terminar el Tour con un codo fracturado y en 2025 en la Vuelta, siempre único, estrenó la jugada que ha repetido en el Tour: fue líder unos días después de una fuga hacia Pal, en Andorra. Acabó la ronda el noveno, a nueve minutos de Vingegaard.
Mads Pedersen derrota al calor astronómico y gana en Foix la cuarta etapa del Tour de Francia
Pogacar cede el maillot amarillo al noruego Torstein Traeen después de que su UAE decidiera dejar crecer a la fuga










