El paisaje idílico de la Albufera que captaron Gustavo Doré en sus grabados o Joaquín Sorolla en sus pinturas a la problemática ecosocial de un lago amenazado por la presencia del hombre y por la explotación y la contaminación. La nueva exposición del Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) se adentra en el parque natural para mostrar algunos apuntes históricos, pero sobre todo ofrecer la visión de siete artistas actuales y 12 fotógrafos a los que en 1985 también se les encargó desde el museo, antes de su apertura en 1989, que retrataran el humedal y su entorno que hace, precisamente, 40 años, el 8 de julio de 1986, fue declarado parque natural. De modo que la muestra, que se inaugura este miércoles y se prologará hasta el 18 de octubre, permite reflexionar sobre las transformaciones del paisaje, la relación entre naturaleza y cultura y los retos medioambientales que afronta este espacio icónico en la memoria de los valencianos. Y permite, además, vislumbrar las diferencias en la concepción artística de la creación actual y la de hace 40 años. Entonces, los fotógrafos Umberto Rivas, Joan Fontcuberta o Gabriel Cualladó formaron parte de uno de los primeros encargos realizados por un museo español a un grupo de fotógrafos. Josep Vicent Monzó, el conservador de fotografía del IVAM hasta su jubilación en 2016, fue el responsable de aquel proyecto que se denominó L’Albufera. Visió tangencial y que ahora se ha recuperado en la primera sala de la exposición. En la segunda y tercera se extienden las fotografías, videoinstalaciones, esculturas e instalacionnes creaciones de los artistas actuales Bleda y Rosa, Paula García-Masedo, Lucía Loren, Teresa Marín, Jorge Ribalta y Jorge Yeregu, a los que cuatro el IVAM ha invitado a seis artistas contemporáneos a volver a recorrer “ese mismo territorio ampliando los lenguajes artísticos con el objetivo de reflexionar sobre un mismo lugar desde el presente”, según ha explicado este martes Blanca de la Torre, directora del IVAM. La comisaria de la muestra, Sandra Moros, ha detallado que Bleda y Rosa han trabajado sobre las fronteras físicas, históricas y simbólicas del humedal; Paula García-Masedo ha investigado los procesos materiales y productivos que han configurado el paisaje de la Albufera, poniendo el foco en las relaciones entre los recursos naturales, las infraestructuras y la actividad humana; mientras que Teresa Marín ha llevado a cabo una videoinstalación sobre los flujos del agua. El trabajo de Jorge Ribalta pone el foco en la pesca de la anguila, una especie clave para comprender la historia, la cultura y la ecología de la Albufera; el de Jorge Yeregui, propone una lectura del territorio a través de las infraestructuras y las intervenciones turísticas en enn la dehesa de, y, por último, Lucía Loren explora los procesos de regeneración, cuidado y equilibrio que sostienen este territorio.Ribalta ha documentado todo el proceso de la vida y muerte de la anguila, incluidos el sorteo para su captura en la Albufera, el engorde en piscifactorías o el comercio internacional de una especie sobrexplotada y amenazada de muerte. “Mi intención es mostrarlo todo, incluida la presión humana sobre ella”, señala el artista.Bleda y Rosa, fieles a su trayectoria, han ideado un proyecto que parte de la demarcación histórica que se llevó a cabo en 1761 cuando el lago era un bien real, sujeto a monopolio y privilegios de explotación, y han jugado en sus fotografías con las piedras históricas marcadas con una D (de dehesa) o una A (Albufera) que ponían los límites y con el bosque de la restinga.Gracía-Masedo alude con sus carrocerías de automóvil de Ford, fabricados en Almussafes, al contorno industrial de la Albufera que determina el perímetro poroso de la marjal y del parque natural, sometido a la contaminación del hombre.Además de estos proyectos, la exposición “se completa creando una malla de interconexiones con obras de artistas como Sorolla, Gustave Doré, Mª Dolores Casanova o Antoni Esplugas, entre otros, y con documentación y otros materiales, recorriendo desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la actualidad la representación de la Albufera, sus prácticas, usos y presencias”, ha señalado la comisaria. Llaman la atención las pinturas de Casanova que rinden una particular homenaje a Blasco Ibáñez y su Cañas yu barro. entre naif y surrealista Recortes periodísticos enmarcan la problemática de un espacio dividido en tres: el lago, la marjal arrocera y la dehesa. Se exhiben portadas históricas de Las Provincias, cuando el diario fue un aliado del movimiento vecinal que logró paralizar el proyecto masivo de urbanización de la dehesa diseñado por el franquismo. “La primera imagen que aparece en la exposición es de un libro ilustrado de 1845”, ha expresado la comisaria que ha señalado que la Albufera “es un ejemplo más de la historia de España del siglo XX, pero también de la historia de una parte del mundo”, con temas como el desarrollo económico, la necesidad de construir un relato, cómo respondió el pueblo valenciano al plan urbanístico o el surgimiento de la conciencia ecológica a nivel internacional.Desde los imaginarios románticos del siglo XIX y los usos agrícolas tradicionales hasta la expansión turística, la industrialización, las reivindicaciones ecologistas y los desafíos contemporáneos derivados de la crisis ecosocial, el recorrido reúne huellas, relatos y vestigios que revelan las múltiples capas que conforman la Albufera, y que invitan a reflexionar sobre los futuros posibles de este territorio común. “Son capas que nos hablan de esas ruinas contemporáneas que se van quedando y que ponen de manifiesto esa inhabitable porosidad”, según Sandra Moros. La directora del IVAM ha recordado que la exposición refleja también la evolución del propio museo. “Si hace cuarenta años el interés se centraba fundamentalmente en representar el paisaje, hoy queremos avanzar hacia otra forma de relacionarnos con él. Ya no pensamos únicamente en los territorios como escenarios que contemplar, sino como comunidades vivas de las que formamos parte”, destacó. “No es existir, sino coexistir”, añadió la comisaria.