El 8 de julio se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Jean Moulin, recordado como el máximo héroe de la resistencia francesa en la Segunda Guerra Mundial. Algunas personas demuestran que los ideales y el honor no son, siempre, palabras vacías ni luces contaminadas de hipocresía y falsedad. Algunas personas encarnan la resistencia épica al mal. Ese es Jean Moulin. Capturado por la Gestapo, soportó 21 días de feroz tortura. El sufrimiento inexpresable cesaría con solo decir lo que sus torturadores querían: los nombres de otros miembros y líderes de la resistencia. Pero Moulin no se quebró. Nunca. La narración de su vida nos dice, primero, que antes de la invasión de las fuerzas de Hitler (que tomaron París el 14 de junio de 1940), Moulin era un funcionario modelo. Nació en el sur de Francia en 1899, estudió abogacía y se convirtió en el Prefecto más joven (una suerte de gobernador) en Aveyron (1937-1939) y Eure-et-Loir (1939-1940). Moulin gustaba del arte y del dibujo, y publicó caricaturas bajo un nombre falso.

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