En mayo del 2000 en el auditorio de la Universidad de Lima se presentó La fiesta del Chivo, la afamada historia novelada del escritor Mario Vargas Llosa sobre la dictadura de Rafael Trujillo, el caudillo dominicano que estuvo a la cabeza de un gobierno autoritario, déspota y sanguinario durante 30 años, hasta 1961. Además del autor, estuvieron de presentadores los escritores Alfredo Bryce Echenique y Alonso Cueto, y el analista político Fernando Rospigliosi.Reflejando el contenido de la novela, la presentación sirvió de plataforma para una durísima e incesante crítica a las dictaduras latinoamericanas y al desastre que irremediable dejan a su paso. La dictadura de Trujillo fue particularmente feroz. Vargas Llosa mencionó que algunos personajes que estudió para elaborar la novela tuvieron que ser dejados de lado, pues el lector no iba a creer que seres tan inhumanos podrían existir sobre la faz de la tierra. Vargas tenía que persuadir al lector sobre el realismo de su ficción y estos personajes no le iban a servir por su inverosímil crueldad.Al no ser literato, Rospigliosi ofreció un esquema de la historia de las dictaduras latinoamericanas y las dividió en tres generaciones. La primera, a la cual pertenece Trujillo, se distinguió por ser personalizada y que a lo largo de sus mandatos trataron de legitimarse con elecciones tan frecuentes como fraudulentas. Nunca dejaron el poder por las buenas y sus líderes fueron derrocados, exiliados o asesinados como en el caso de Trujillo. Las de segunda generación tuvieron como actores a las fuerzas armadas. Fue el modelo burocrático autoritario que no buscó las elecciones para ratificar su legitimidad, y terminaron llegando a transiciones pactadas, con retiros ordenados, pues las fuerzas armadas no pueden irse del país. La tercera generación vuelve a ser personalista y accede al poder mediante elecciones, y una vez que se instalan en el poder copan todas las instituciones, incluyendo la electoral, y crean los mecanismos para ser elegidos indefinidamente. Este tipo de dictaduras se sabe cómo comienzan, pero no se sabe cómo terminan. La presentación de La fiesta del Chivo ocurrió justo cuando la desprestigiada dictadura de Alberto Fujimori se caía a pedazos. Ya era obvio que quería reelegirse ilegalmente una tercera vez y que se fraguaba una elección amañada. En septiembre del mismo año fugó del país en medio de escándalos de corrupción y violación de derechos humanos. Se refugió en Japón desde donde renunció a la Presidencia por fax.Estamos ahora en julio del 2026, Vargas Llosa y Fujimori ya fallecieron, y Keiko Fujimori, la hija del dictador, es presidenta electa y tomará posesión este 28 julio. Es la primera mujer elegida por voto popular en Perú, pero ganó por una ventaja mínima. Gracias a los peruanos que viven en el exterior venció a Sánchez por 49,641 votos, el 0,3 % de los votos válidos. Rospigliosi viene colaborando con Keiko desde el 2021 y en este momento es presidente interino del Congreso. Es muy probable que en tal función le coloque la banda presidencial a la flamante mandataria. Sería ideal que al juramentarla le pida que no convierta a su gobierno en una dictadura de tercera generación. En todo caso, la foto será histórica. (O)
Manuel del Valle: La dinastía Fujimori | Columnistas | Opinión
Estamos ahora en julio del 2026, Vargas Llosa y Fujimori ya fallecieron, y Keiko Fujimori, hija del dictador, es presidenta electa.










